Desde hace año y medio, Kowkab Jilo y sus dos hijas han quedado separadas del resto de su familia en la Cisjordania. Actualmente, viven momentos de temor y angustia en Gaza, sumidas en la tristeza y con pocas esperanzas de poder reunirse con sus familiares.
Como ellas, decenas, y quizás centenares de familias viven forzosamente en territorios ocupados palestinos, alejados de su familia, ya que Israel hace todo lo posible para lograr una separación de Cisjordania y Gaza, a pesar de que, en virtud de acuerdos internacionales, ambas constituyen una unidad territorial.
Puesto de control
La familia Jilo proviene de Gaza, pero cuando los padres eran aún jóvenes, se trasladaron a Cisjordania, donde contrajeron matrimonio, fundaron su familia y se establecieron, 14 años atrás, en la localidad de Qalqilya, cerca de la frontera con Israel. Puesto que se consideraban sencillamente ciudadanos palestinos, nunca se molestaron en cambiar sus documentos de identidad de Gaza, por los utilizados en Cisjordania.
Hace año y medio, Kowkab fue, acompañada de dos hijas, a visitar a otra de sus hijas en un pueblo cercano a Jerusalén. En el camino, debieron detenerse en un puesto de control israelí donde, tras al presentar sus documentos de identidad, los soldados israelíes las trasladaron en un vehículo militar hasta la frontera con la Franja de Gaza.
Pese a sus ruegos e intentos de convencer a los militares de que les permitieran regresar a Qalqilya, los soldados se negaron y les ordenaron reunirse con alguno de sus familiares en ciudad de Gaza.
Desde entonces, tanto Kowkab como su esposo han estado intentando de lograr la reunificación familiar. En Gaza, ella se ha entrevistado en incontables ocasiones con el departamento palestino de asuntos civiles, el cual se encarga de coordinar con las autoridades israelíes el desplazamiento de palestinos entre Gaza y Cisjordania. Sin embargo, tampoco ellos le brindaron ayuda. Según Kowkab, siempre le daban cualquier excusa y nunca hicieron nada por ayudarla.
Por su parte, en Cisjordania, Ghazi ha hecho hasta lo imposible por recuperar a su esposa e hijas, e incluso se ha entrevistado con el jefe de protocolo del Presidente palestino. "Todo mundo ha tratado de ayudar, todos quieren ayudarme, pero no pueden hacer nada," se lamenta Ghazi.
Gaza es una gran prisión
Los familiares separados se llaman a diario. Kowkab teme que por la prolongada ausencia, sus familiares la olviden.
Nisreen, hija de Kowkab, de 27 años de edad, ha quedado separada de su esposo y de sus dos hijitos, uno de tres años y medio y otro de doce, a quienes no puede brindar cuidados. Además, considera inconcebible pedir a sus hijos que se unan a ella en Gaza, ya que ello significaría perder su infancia. "En Gaza," comenta, "los niños dejan de serlo a edad muy temprana, no tienen una infancia propiamente dicha. Yo prefiero que mis hijos vivan en un entorno en el que encuentren al menos un grado mínimo de libertad. Y Gaza no es otra cosa que una prisión, y traer a mis hijos sería condenarlos a una vida de miseria."
Futuro
Si bien esporádicamente los Jilo tienen esperanza de que lograrán volver a reunirse, por lo general predomina la duda. Kowkab narra que suele pasar sus días llorando en soledad. Su esposo se siente impotente, y opina que si los israelíes verdaderamente creyeran en Dios, nunca lo hubieran separado de su esposa e hijas.
En una entrevista reciente, tras el comienzo de la invasión de Gaza por tropas israelíes, Ghazi comentó que su esposa e hija se encuentran bien, aunque se vieron obligadas a abandonar la casa en que vivían, como consecuencia de los ataques israelíes.





























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