Daniel Ortega llama a los sandinistas a cerrar filas contra los medios de oposición. El ultimátum ha sido lanzado.
El presidente Daniel Ortega está convencido que en Nicaragua opera una dictadura mediática, en la que la prioridad es la tergiversación del mensaje y, por lo tanto, de la realidad.
Un abarrotado auditorio en la clausura de la Asamblea Sandinista escucha las palabras del otrora líder de la Revolución Sandinista. Increpa Ortega: "Los medios de comunicación son la caja de resonancia de los enemigos del proyecto popular, pero no nos van a echar a temblar, tenemos que verlos como un instrumento, un arma que tienen los enemigos contra el Gobierno".
De inmediato, una salva de aplausos. Más de 500 sandinistas festejan las palabras del Comandante, quien acusa de forma directa a la Iglesia Católica y la derecha de ejercer un control absoluto sobre los medios de comunicación de Nicaragua.
"Dicen que no hemos alcanzado nada; dicen que no estamos gobernando. Necesitamos una batalla informativa que destaque nuestros logros," agrega Ortega.
El Presidente ha ordenado "un cierre de filas" contra los medios nicaragüenses que se "apresten a representar y defender los intereses de la oligarquía".
La médula de su "nueva batalla de contra-información" radica en una reforma a la Ley de Colegio de Periodistas, la cual establecería regulaciones "éticas" al periodismo e introduciría condiciones para el ejercicio de la profesión.
En respuesta a su llamado, Ortega también ha recibido el apoyo de por lo menos 300 periodistas identificados con la línea oficialista, que conforman el Foro de Periodistas Sandinistas y se comprometen a "apoyar al Gobierno y reforzar y contrarrestar la guerra mediática de la derecha opositora".
Nicaragua es parte del gran debate que tiene lugar en estos momentos en toda América Latina, con especial movimiento en Venezuela, Ecuador, Bolivia y Argentina, sobre la manera en que los medios de comunicación están informando y sobre lo que éstos entienden por valor informativo.
En todos los países mencionados, los gobernantes respectivos acusan a los medios de estar al servicio de poderosos sectores opositores, generando a través de las informaciones que publican, transmiten o televisan, serias distorsiones de la verdad.
"Los medios críticos al sandinismo obedecen a líneas informativas que son diseñadas por las agencias de inteligencia y de seguridad extranjera," sostiene Ortega.
La frontera es de cristal: disentir es un derecho a la hora de informar; cuestionar es un deber ético del periodista; tolerar es un principio básico de cualquier democracia.
Pero informar desde las trincheras de una ideología y hacer operar una máquina propagandística generando un mensaje uniformador, es uno de los cantos finales de una sociedad libre y que luchó por los ideales de verdad y justicia, como sucedió con una revolución que perdió su Sur.





























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