En la Universidad Técnica de la ciudad holandesa de Delft se erigirá un gigantesco nuevo laboratorio destinado a investigar la manera de crear energía sostenible y materias primas a escala industrial a partir de los desechos. La meta final es una economía duradera.
El hecho que una gran cantidad de desechos orgánicos puedan ser convertidos, en laboratorios, en energía y materiales utilizables, ya es conocido. Es una bienvenida circunstancia, útil para propósitos modestos. Pero, ¿cómo se puede ampliar un proceso así hasta un nivel de provincia o incluso de país? Solamente es posible descubrirlo si se lleva a cabo a escala industrial.
Dinero
Eso es lo que ocurrirá en la Universidad Técnica en Delft. Con dineros del Estado, pero también con fondos provenientes del sector agrícola y de la industria, se construirá un laboratorio de esas características. El precio: alrededor de 100 millones de euros.
Luuk van der Wielen es profesor en Delft. Según él, este proyecto holandés es único en el mundo, y no solamente porque el presupuesto para la tecnología de proceso biológico en la Universidad se ha triplicado de una plumada. Existe también una gran cantidad de problemas prácticos que requieren solución, según Van der Wielen:
“¿Cuán finamente se puede cortar un árbol? Para trabajar seriamente en la industria, grandes cantidades de madera talada se deben arrojar en enormes contenedores. ¿Cuán pequeña debe ser cortada para que el proceso se desarrolle fluidamente? Si los trozos son demasiado grandes no se obtienen todos las materias primas que puede aportar la madera. Si son demasiado finos, se pueden pegar entre ellos y puede ocasionar que se paralice el trabajo. Este tipo de cosas tienen que ser investigadas en la práctica.”
“Por eso llevamos a cabo toda clase de procesos y trabajos con residuos biológicos en un gran laboratorio,” continúa Van der Wielen: “Ya se trate de juntar las materias primas, prepararlas y procesarlas, de fermentación, la producción de biocombustibles y materiales de construcción, o incluso de materias primas para la industria farmacéutica, nosotros nos ocupamos de todo simultáneamente.”
Gigantesco
Otra razón por la cual el nuevo laboratorio debe ser gigantesco es que algunos procesos funcionan de diferente manera en grandes dimensiones que a escala pequeña.
En un depósito pequeño –conocido oficialmente como bioreactor- se puede muy bien mantener vivas bacterias que transforman los desechos agrícolas y el abono en biogas. Pero si un depósito tiene que ser lo suficientemente grande para proveer de gas a todo un barrio, entonces todas las bacterias se reunirán en el lugar del depósito en el que entra su alimento. De esta forma, en la mayor parte del enorme contenedor no ocurre nada. Justamente para solucionar ese tipo de problemas hacen falta experimentos realmente grandes.
La meta
La gran pregunta es si resultará. ¿Es en la práctica posible una economía sostenible sin que sea demasiado cara? Van der Wielen piensa que sí. En primer lugar porque ahora, por primera vez, tanto la agricultura como la industria y la química están actuando juntas e invertirán millonarias sumas en un gran proyecto. Todos los sectores ven provecho en la iniciativa o, simplemente, no participarían.
En segundo lugar, el consumidor está cada ves más consciente de la durabilidad o de lo nocivo de los productos. Por lo tanto, hay un mercado.
Por último, los científicos toman cada vez más conciencia de cómo pueden obtener materias primas y energía de productos agrícolas sin interrumpir la producción de alimentos. Se trata de utilizar todas las partes no comestibles de la planta, lo que puede constituir hasta un 90 por ciento del vegetal.
Mega-experimentos en un mega-laboratorio deberán, finalmente, dar una respuesta a si es posible llevar a cabo una economía sostenible que se pueda pagar.





























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