Cada 5 de mayo, los holandeses conmemoran el fin de la ocupación nazi, en 1945. El día anterior, se recuerda, con dos minutos de silencio a las 8 de la noche, a los muertos en todas las guerras. Durante la ocupación nazi, más de 6 millones de judíos, además de gitanos, homosexuales, comunistas y rebeldes, fueron deportados y exterminados en los campos de concentración nazis. Pero, influyentes personalidades lograron salvar a muchos judíos. Tal es el caso de Jan Zwartendijk, en su día cónsul de los Países Bajos en Lituania, considerado el Schindler holandés.
En el mes de julio de 1940, el director de la sucursal de Philips en Lituania, Jan Zwartendijk, asumió el cargo de cónsul de los Países Bajos en Lituania. En esa función, Zwartendijk salvó la vida de unos 6.000 judíos. Sólo en los últimos años se han revelado más detalles sobre el ‘Ángel de Curaçao', uno de los apodos del cónsul.
En el marco de un acuerdo con la Alemania Nazi, las tropas soviéticas invadieron Lituania el 14 de junio de 1940. Los miles de judíos que habían huido de Polonia a Lituania, comprendieron que les quedaba poco tiempo para salvarse. Nathan Gutwirth, un estudiante judío de ascendencia holandesa, acudió al cónsul y solicitó su ayuda para conseguir un visado para Curazao, una colonia holandesa.
Rob Zwartendijk, hijo del cónsul, relata que su padre falsificó un visado para el estudiante. Pese a que para Curaçao no se necesitaba ningún visado, tras consultas con el Gobernador de la isla, De Decker, se decidió falsificar un documento con el fin de facilitar el viaje. Al día siguiente, centenares de judíos solicitaron un visado en el consulado.
Rob Zwartendijk, quien nació en 1939 en Lituania, sólo se enteró en 1967 de las hazañas de su padre. En menos de dos semanas, el cónsul emitió visados para 2.700 personas. Zwartendijk no disponía de mucho tiempo, porque los soviéticos exigían el cierre de todos los consulados extranjeros.
En conmemoración de este período, se ha organizado una exposición en la Casa Sugihara, en la ciudad de Kaunas, uno de cuyos apartados está dedicado a Jan Zwartendijk. El resto de la exposición se dedica al cónsul japonés, Chiune Sugihara, quien colaborada con Zwartendijk.
Una vez en poder del visado para Curaçao, los refugiados acudían al consulado japonés y al servicio de seguridad interior de la Unión Soviética, donde obtenían un visado de tránsito. Con su actitud, Sugihara desafiaba la prohibición de suministrar visados, impuesta por su Gobierno. Tras conseguir los documentos, los judíos viajaban en el tren transiberiano a Vladivostok. Seguidamente, la mayoría de ellos se dirigió a la ciudad china de Shanghai, ocupada por los japoneses, donde permaneció hasta el fin de la guerra.
El director de Casa Sugihara comenta que el museo ha sido instalado con ayuda financiera del Gobierno japonés. En un principio, no se tenía poseían datos sobre Jan Zwartendijk. Cuando su hijo Rob visitó la Casa Sugihara y explicó cuál había sido el papel de su padre en esos eventos, se decidió dedicar un rincón del museo al cónsul holandés.
El propio Jan Zwartendijk, un hombre muy modesto que nunca hablaba de sus hazañas, murió en 1976, sin saber cuántas personas logró salvar en 1940. Su hijo Rob cuenta que el día del fallecimiento de su padre, recibió una carta de un historiador que estimaba en, como mínimo, 2.700 los judíos que su padre salvó. No obstante, el director de la Casa Sugihura los calcula en, por lo menos, 6.000.
En muchas ocasiones, familias enteras viajaban con un solo pasaporte. Cuando una persona estaba a salvo, retiraba el visado de su pasaporte para poder utilizarlo otra vez. Rob Zwartendijk y sus hermanos han hablado con muchos supervivientes, cuyos antiguos pasaportes han visto, provistos de un visado falso escrito a mano por su padre Jan.
En 1997, se otorgó a Jan Zwartendijk a título póstumo la medalla Yad Vashem. En el museo Estatal Judío de Vilna, Lituania, se le ha dedicado un monumento, así como en la ciudad de Kaunas y en su ciudad natal, Rotterdam.



























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