Famosa o de mala fama, la tolerante política holandesa sobre el uso y venta de drogas blandas cuenta con tantos partidarios como detractores.
Tras ignorar los problemas derivados de esta política durante años, finalmente el Gabinete holandés ha decidido encarar las deficiencias. Pero los dueños de los ‘coffeeshops’ y los defensores de las drogas blandas se muestran críticos hacia las medidas propuestas.
Una revisión de la política holandesa sobre las drogas blandas es un tema políticamente complejo. Los tres partidos que forman el gabinete – Demócrata-Cristianos, Laboristas y un partido convencional protestante menor – siempre han mantenido opiniones divergentes sobre este tema. Mientras que los partidos cristianos proponen cerrar todos los ‘coffeeshops’, los laboristas insisten en una mejor legislación sobre la producción y el uso de las drogas blandas.
Turistas extranjeros
Sin embargo, el Gobierno holandés finalmente ha logrado salvar la brecha. No se cerrarán los citados establecimientos, pero se tomarán medidas para limitar el número de clientes. Uno de los mayores problemas derivados de estos centros de venta de droga blanda es la afluencia de turistas extranjeros, provenientes principalmente de Bélgica, Francia y Alemania, que viajan a ciudades fronterizas del este y sur de los Países Bajos para comprar cannabis y otras drogas blandas. La ciudad de Terneuzen, en la provincia de Zelanda – cercana a la frontera belga – recibía 2.000 turistas al día cuando aún estaban abiertos sus ‘coffeeshops’, lo que provocaba enormes problemas de tráfico y del orden público.
Ahora, el Gabinete se propone dotar de mayores poderes a las autoridades municipales para mantener la venta de esas drogas a pequeña escala. La idea es introducir un esquema en el que, mediante un sistema de pases, solamente se permite el ingreso a los ‘coffeeshops’ a los habitantes de la localidad. Esto haría virtualmente imposible el acceso de los turistas a los centros de venta de la droga.
“Adelantos”
Las nuevas medidas han sido duramente criticadas porque serían insuficientes para resolver los verdaderos problemas. No obstante, la parlamentaria Laura Bouwmeester asegura que significa un adelanto, pues “hay una visión más realista. La gente compra y consume drogas blandas en cualquier parte. Ahora, los holandeses demuestran que pueden ofrecer una solución. Hay personas que pueden usar consumir drogas o alcohol de manera responsable, entonces ¿por qué criminalizar este consumo? Pero habrá que encarar los problemas derivados del sistema. Eso es lo que está ocurriendo ahora, ése es el adelanto.”
Los defensores de las drogas blandas están completamente en desacuerdo. Raymond Dufour, de la Fundación sobre Políticas de Droga en Holanda, afirma que se precisan otras medidas. A su juicio, “los problemas se pueden resolver regulando el eslabón que falta en la legalización del cannabis en Holanda, concretamente, la producción de la droga vendida en los ‘coffeeshops’. Esa fase es ilegal, y, por lo tanto bandas criminales explotan este eslabón. Se debería impedir que esas bandas se aprovechen de esta lucrativa actividad.” Pese a ello, en los nuevos planes del Gabinete, la producción de cannabis sigue siendo ilegal.
Problemas prácticos
Dufour considera que también existen numerosos problemas de orden práctico en el caso de que las autoridades locales se propongan restringir el número de clientes de un ‘coffeshop’ utilizando, por ejemplo, el sistema de pases:
“Es difícil,” asegura, “teniendo en cuenta lo que estipula la legislación europea. Todos los ciudadanos en Europa deberían ser tratados equitativamente, y esta cuestión ha sido elevada a la Corte Europea de Justicia en Luxemburgo. De modo que pasarán varios años antes de que esta pregunta obtenga respuesta. Y tampoco resolverá los problemas en una ciudad como Ámsterdam, donde muchos turistas compran cannabis en los ‘coffeeshops’. Si se les cierran los canales legales de venta, el comercio seguirá por los clandestinos, como sucede en muchas ciudades del mundo.”
Dufour se refirió críticamente a los nuevos planes manifestando que son el resultado de un “tibio compromiso” entre los tres partidos de la coalición, sin ofrecer soluciones reales a los problemas que surgen de la actual política de drogas.
Tolerancia
Dufour encontró, sin embargo, un matiz positivo en los nuevos planes del Gabinete: “Al menos no ponen fin al principio de tolerancia que se aplica en el uso de drogas blandas en Holanda. Una prohibición total simplemente no funcionaría, y el Gobierno es conciente de ello”, precisó.























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