“Confianza perdida” se llama el informe sobre los eventos que condujeron a la crisis financiera en Holanda, y que fue presentado este lunes.
El título no es una exageración, ya que la confianza del ciudadano en el mundo financiero, las instancias supervisoras y la política en su sentido más amplio, ha sido seriamente minada. Y no se vislumbran perspectivas de mejora.
Todo el mundo es responsable de la crisis, concluyen los parlamentarios holandeses que investigaron el inicio de la crisis en Holanda. Entre ellos, el sector bancario, que asumió “riesgos inaceptables”, afirma Jan de Wit, quien lideró la investigación.
“Fueron riesgos que no tuvieron en cuenta el interés público. Por ello, también es irresponsable continuar sin cambios, como si no hubiera pasado nada”, opina De Wit. “Es demasiado lo que ha salido mal. Se necesita una firme intervención. Los gobiernos deben actuar de forma urgente y enérgica. Tiene que haber un control más activo, y una mayor capacidad de autocrítica del mismo sector financiero. Si hay algo que llamó la atención de la comisión, es esta falta de autocrítica.”
Legado
Así que también el Banco Central, otras instancias de control y la política cometieron errores. El erario público tuvo que destinar muchos miles de millones de euros para salvar a la economía holandesa de las garras de la crisis.
Mientras tanto, la ciudadanía se encuentra recargada con un desagradable legado: aumento de la inseguridad, despidos, y la perspectiva de significativos recortes presupuestarios a la seguridad social, la defensa, educación, la salud y cultura, en un intento de llenar la brecha financiera.
Falta de claridad
La inseguridad de la gente común y corriente se ve alimentada por la falta de claridad del mundo financiero. Sólo el “círculo íntimo” del mundo bancario estaba al tanto de los pros y los contras. “Los supervisores financieros carecieron del conocimiento y el valor para dar la alarma a tiempo”, afirmó el economista Sweder van Wijnbergen durante las indagatorias de la comisión investigadora.
También a la misma comisión le faltó la pericia necesaria para verdaderamente tomar el pulso a los implicados. Esto no es extraño, afirma el economista Arjo Klamer de la Universidad Erasmo de Rótterdam. En las pasadas tres décadas, el catedrático ha visto como los estudiantes más talentosos terminaban trabajando en el sector financiero. “Los estudiantes menos capacitados, que trabajan para instancias estatales, no pueden medirse con ellos.”
Desproporcionado
El dilema del mundo de los grandes capitales y las ventajas de que gozan, no se puede solucionar a nivel nacional, ya que si los banqueros se sienten presionados por la ley, simplemente parten rumbo a otros países.
“Esto deja ver cómo el mundo financiero está fuera de toda proporción”, señala Klamer. “Tienen demasiado poder, y como se ha visto en la crisis del euro, son los gobiernos los que terminan obedeciendo los dictados del mundo financiero, y no al revés.”
Varios países europeos del Mediterráneo casi colapsaron debido a una gestión irresponsable, una política de avestruz, y las consecuencias de la crisis crediticia. Nuevamente, los ciudadanos observan con desconfianza la aparición de construcciones financieras para cerrar nuevas fisuras económicas.




























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