En Europa continúa el rechazo a la tauromaquia por considerársele simplemente como un maltrato a los animales. No obstante, para sus defensores es nada menos que un arte, con la belleza de un ballet.
Tijn Sadée
Se podría hablar de la dulce venganza del toro: en el cuarto encierro de San Fermín de este año, en Pamplona, un joven murió de una cornada en el cuello.
En una corrida los roles se invierten: el toro siempre muere. Los opositores a la tauromaquia consideran que esto es injusto y piden a la Unión Europea que la prohíba para siempre. Sus amantes, lejos de eso, comparan el enfrentamiento del toreador y el animal con un ballet.
En los encierros de San Fermín, cada mañana a las ocho en punto se sueltan seis toros que recorren libremente un circuito de calles de Pamplona rumbo a plaza de toros. Los acompaña una aglomeración variopinta de centenares de personas, casi todos hombres, que corren a su lado, poniendo en riesgo sus vidas. Cada tarde, los mismos toros son lidiados en la arena. En ciudades como Madrid, anualmente tiene lugar una temporada de corridas que atrae a miles de aficionados y a los toreros más renombrados a la Plaza de Toros de Las Ventas.
Respeto
Son las nueve de la noche cuando Rafael Rubio hace su entrada a la arena de Las Ventas. Conocido como Rafaelillo, enfrenta a un toro llamado Comadrón. La sangre brota del cogote del animal, después de haber pasado por el tercio de varas, pero el toro no muestra ninguna señal de debilidad.
Rafaelillo cita al toro con la muleta, permanece quieto, lo hace pasar a centímetros de su cuerpo en distintas suertes que los 20 mil aficionados reconocen y celebran cuando están bien ejecutadas. Los aplausos son para el toreador y para el toro, pues ambos merecen igual respeto.
Belleza
“Si no reconoces la belleza que se produce en la arena, no has entendido nada,” dice la estadounidense Muriel Feiner, quien asiste a la corrida desde su sitio fijo, en la primera fila. A su alrededor se encuentran sus amigos de la Peña Taurina Internacional, club que reúne a aficionados no españoles.
Desde hace algunos años, Feiner es presidenta de esta peña. Algo poco usual, reconoce, ser presidenta de un club de machos. “Durante mucho tiempo se dijo que las mujeres llegaban a la plaza solamente para admirar a los toreros y su apretado traje de luces,” dice. “Hoy en día nuestras opiniones sobre el toreo son respetadas como las de cualquiera”.
Un trozo de carne
Feiner se enoja cuando hablamos de los activistas defensores de los derechos de los animales, quienes piden la prohibición de las corridas. “Quieren terminar con una rica tradición cultural, armados de argumentos hipócritas sobre el sufrimiento de los animales,” alega. “En una segunda vida,” fulmina, “preferiría ser un toro de lidia que un trozo de carne en el plato de un europeo cualquier, espero que entienda lo que le digo”.
En Europa la discusión sobre las corridas de toros dura ya varios decenios. ¿Se trata de un arte o sencillamente de maltrato de animales? Las críticas a esta tradición española son cada vez más fuertes en el seno del Parlamento Europeo.
La europarlamentaria Caroline Lucas sostiene que cada año “son asesinados de manera cruel” más de 40 mil toros en Europa. Y lo más grave es que los criadores españoles de toros de lidia reciben subsidios agrícolas de Bruselas.
“La defensa de los aficionados está desfasada,” sostiene Isabel González en un café de Bruselas. González representa en Bélgica la agrupación internacional Comité Anti Corridas de Toros (CAS). “Investigaciones recientes muestran que una amplia mayoría de españoles no quiere saber nada de las corridas de toros”.
Gracias a las campañas de CAS, en los últimos años han cerrado sus puertas algunas escuelas taurinas en Francia, y en países con tradición taurina, un total de 79 ciudades se han declarado oficialmente “municipalidades anti corridas de toros”. En agosto, CAS organizará varias manifestaciones de protesta en Andalucía, donde ese mes tienen lugar muchos festejos taurinos.
Plazas llenas de público
Muriel Feiner no cree que su peña corra peligro. “Mire a su alrededor. ¡No cabe un alfiler en la plaza!”. Poco más tarde, el cadáver de Comadrón, de 517 kilos, es arrastrado por una pareja de caballos fuera de la plaza, dejando un rastro de sangre en la arena.
Después de la muerte del sexto y último toro de la jornada, y cerca ya de medianoche, miles de aficionados pasean por las calles aledañas a la plaza y disfrutan de la oferta de tapas en los bares.
“No se le puede decir a un pueblo: no nos gusta su ballet, o su ópera, y la vamos a suprimir,” afirma Muriel Feiner. “Una buena corrida de toros es tan bella como un ballet. Y en eso no tiene por qué que meterse la Unión Europea”.





























HOLA A TODOS LA TAUROMAQUIA ES UNA MARTANZA SANGRIENTA Y SADICA DE ESTOS ANIMALES..
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