Ocurre en todas las cumbres del clima. Lo único que no se sabe es cuándo: delegaciones que amenazan con hacer las maletas molestos o decepcionados por el desarrollo de las negociaciones. Pero amenazar con marcharse solamente surte efecto cuando se dosifica con cuidado.
En la cumbre de Bali fueron los estadounidenses, en la polaca Poznan, los representantes de las islas del Pacífico. El lunes en Copenhague había un importante número de representantes africanos que ya “iban camino al aeropuerto.”
Tradicionalmente los ánimos suelen caldearse en la segunda semana de las negociaciones anuales sobre el clima. Las grandes expectativas se diluyen en fuertes discusiones que se prolongan hasta la noche. Echarse a dormir está totalmente descartado. Ni un solo funcionario se puede permitir llegar a golpear a la oficina de su ministro con un resultado negativo en el bolsillo. Las paciencias se empiezan a terminar y las ojeras empiezan a crecer.
La época del Protocolo de Kyoto
En Copenhague, 193 países deben ponerse de acuerdo sobre un nuevo acuerdo sobre el clima. Sin excepciones. La era del Protocolo de Kyoto, cuando el mundo creyó por un momento poder implementarlo sin EE.UU., ha concluido definitivamente. Ahora todas las partes son igualmente importantes: los países en desarrollo, porque sufren del cambio climático; EE.UU., como el contaminador mayor; y China e India como potenciales nuevos contaminadores.
En el hecho todos los países tienen el mismo poder. Si China intenta algo que Fiji no aprueba, deben tratar de ponerse de acuerdo. Marcharse, como hicieron los africanos ayer es un medio de presión útil, si se utiliza con prudencia. Y eso es un arte en sí mismo.
Reacciones anteriores
La actuación de los norteamericanos en Bali no tuvo mucho efecto. La delegación ya era poco querida debido a que reaccionaba con un “no” a cada propuesta. Los isleños lo hicieron mejor el año pasado en Poznan. La cumbre aportó notoriedad a los países de las islas del Pacífico, especialmente a raíz de la astuta combinación entre la atención para sus propios problemas y a la vez sugerencias aceptables para su solución. Su marcha despertó mucha comprensión.
La delegación africana todavía tiene que aprender. Esta es la segunda vez consecutiva que amenazan con hacer las maletas. Anteriormente abandonaron las conversaciones sobre el clima en Barcelona. También entonces por su descontento acerca del futuro del Protocolo de Kyoto.
Sigue la discusión
Entretanto todas las partes han vuelto a la mesa, después de que los africanos negaran expresamente cualquier intención de abandonar la conferencia. La voluntad de llegar a un acuerdo está vigente. Solamente se ausentaron por un momento. Yvo de Boer, el jefe de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, que ha hecho muchos kilómetros en los últimos días dentro del centro de conferencias intentando poner de acuerdo a las partes, predijo poco después del incidente que éste se superaría rápidamente.
Una vez más se demostró que abandonar la conferencia ya no es un sistema efectivo. Otra amenaza similar seguramente se encontrará con la respuesta: “Con mucho gusto, márchese usted.”





























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