Yvo de Boer, jefe de las negociaciones sobre el cambio climático en Copenague, causó desconcierto al expresar inesperadamente sus dudas sobre las posibilidades de alcanzar un nuevo tratado sobre el clima.
A lo sumo se logrará un “marco político” en la capital danesa. ¿Se trata de una pérdida de la confianza, o de una inteligente táctica del jefe de negociaciones?
Las declaraciones de Yvo de Boer en el periódico británico The Financial Times aparecieron unas seis semanas antes del inicio de la conferencia sobre el clima. Bastante tarde considerando que Copenague debía ser la coronación de las arduas y largas negociaciones sobre el sucesor del protocolo de Kyoto. Los presagios no son favorables. En lugar de acercarse a un acuerdo, las partes se atrincheran cada vez más en sus posiciones. Y sin embargo, hasta hace poco tiempo De Boer no parecía dudar de un resultado positivo.
Peligrosa estrategia
Mark Beumer, estudiante de lógica en la Universidad de Amsterdam, y antiguo miembro de United Netherlands delegación de la prestigiosa Harvard National Model United Nations, atribuye el repentino cambio de postura de De Boer a un plan estratégico. En el arte de la negociación, es conveniente a veces moderar las expectativas:
“Podría ser una táctica muy útil. Cuando los ojos del mundo están sobre ti y las expectativas son excesivas, hay riesgo de que el tratado – si es que se alcanzara un tratado – no llegue a satisfacer las expectativas. En ese sentido, reducir las expectativas podría ser una estrategia política muy conveniente.”
Sin embargo, detrás de esta táctica se esconde un peligro. No habiendo ningún tratado en juego, y sin grandes progresos, los participantes pueden desmotivarse y abandonar las negociaciones.
La reducción de CO2 ya no depende de porcentajes, sino de una promesa general de reducir el aumento promedio de la temperatura a 2 grados Celsius. Principalmente los países insulares en el Océano Pacífico consideran inaceptable la ausencia de medidas radicales. Y más importante aún, todo es cuestión de dinero. Los países en desarrollo exigen el apoyo financiero y tecnológico prometido mientras que la Unión Europea, sumida en una crisis financiera, no se muestra muy inclinada a brindarlo.
Altas expectativas
De Boer parece temer sobre todo el optimismo reinante en el debate público después de la asunción del presidente Obama a la presidencia norteamericana. En comparación con la rigidez de Bush, parecía fácil llegar a un nuevo tratado sobre el clima bajo el gobierno de Obama, quien reconoció su necesidad, estaba dispuesto a hacer concesiones y a realizar inversiones en tecnología durable.
Sin embargo, el presidente todavía tiene que enfrentarse a un reacio Congreso. Una firma norteamericana sin la aprobación del Congreso conduce irremediablemente a una pérdida de prestigio para Obama. Y Estados Unidos no se puede permitir una nueva debacle al estilo del Tratado de Kyoto. Yvo de Boer lo sabe muy bien, afirma Pascal van Loo, director del centro asesor belga Obelisk.
“Creo que es una buena idea respetar siempre al oponente o socio de negociación”, comenta Van Loo. “Y ahí es donde se suele encallar. Tan pronto se coloca al otro en una posición en la que no es posible explicar las decisiones a los que los eligieron, se genera una situación incómoda o imposible. Si el negociador no encuentra una solución o piensa que es imposible, aún así hay que seguir manteniendo el respeto y permitirle al otro una salida honrosa.”
Además, a nadie le interesa un acuerdo conseguido a través de la violencia verbal, opina el asesor en negociación Van Loo. “En esos casos es prácticamente imposible continuar conversando, aún cuando las partes involucradas deban seguir negociando.”
Consultas en los pasillos
En el caso de un impasse, los encuentros informales pueden ofrecer una salida inesperada. No es nada extraño que, durante un momento informal, continúen conversando en el bar, afirma el antiguo miembro de Harvard MUN, Mark Beumer:
“Es un secreto público que los pasillos de la ONU en Nueva York son testigos frecuentes de tales encuentros, pero también la historia muestra numerosos ejemplos de conversaciones encalladas que finalmente encuentran una salida exitosa. Por ejemplo, durante la Guerra Fría, el presidente de Estados Unidos, Ronald Reagan, y su homólogo soviético Gorbachov, hablaban de mejorar las relaciones, pero solamente después de encuentros más personales, más informales, con algún vodka de por medio, se impulsaron realmente las relaciones y las conversaciones.”
Si los grandes actores como India, China o Estados Unidos no están interesados en el vodka danés, las consecuencias pueden ser enormes. Incluso un marco político flexible tiene poco valor sin acuerdos firmes de compromiso a continuar negociando.
Las negociaciones preliminares se ajustaban a un esquema muy rígido de planificación; todo estaba orientado a alcanzar un nuevo tratado sobre el clima en diciembre. Si la cumbre fracasa, será difícil para todos mantener ese impulso. En tal caso, el acuerdo se hará esperar algunos años más, si es que alguna vez se concreta.























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