La República Democrática del Congo celebra hoy sus 50 años de independencia. Si bien la deuda nacional le ha sido condonada, la mayoría de los congoleños tiene poco que celebrar.
Kinshasa, la deteriorada capital de la República Democrática del Congo, ha sido adornada con una gran fuente en la Avenida del 30 de junio. La vía que atraviesa el centro de la ciudad ha sido transformada, por una empresa China, en toda una autopista de ocho carriles, se han pintado los muros y se ha retirado los montones de basura. Todo ello con ocasión de la celebración de los primeros 50 años de existencia de Congo, el país más grande al sur del Sahara, y probablemente el más atormentado de todo el continente.
“Los ricos celebran en el centro de la ciudad, pero para nosotros, en los barrios pobres, no hay nada que celebrar,” dice con tristeza un cooperante congoleño.
El ex ministro Gbeny
Gbenye es uno de los 4 ex ministros vivos del primer Gabinete de Patricio Lumumba, que dirigió el primer Gobierno del Congo independiente. “A mí no me han invitado a ninguna celebración oficial,” se queja con amargura. Quizás lo han hecho para no ofender al rey de Bélgica, que estará entre los invitados de honor. Después del asesinato de Lumumba, en 1961, Christophe Gbeny encabezó un levantamiento que incluyó el asesinato de 70 rehenes civiles belgas, en 1964. “Ya no tengo malos sentimientos hacia Bélgica,” asegura, “hoy le daría la mano al Rey. Los belgas nos formaron e hicieron mucho por todos los congoleños”.
Fracasos
“Éramos nacionalistas, luchábamos contra los belgas y contra el dictador Mobutu, que quería colonizar nuevamente el país. Pero, no logramos hacer realidad nuestros ideales. La vieja generación fue arrasada por los fracasos posteriores a la independencia” comenta. Christophe Gbeny enumera algunas de las falencias que ve en su país: “millones de muertos en guerras o a causa de la extrema pobreza, gobiernos corruptos uno tras otro, somos el país con más violaciones en el mundo, tanto por parte de rebeldes como de soldados, y el más complicado del mundo para hacer negocios”.
Cuando se les pregunta, muchos políticos congoleños culpan rápidamente a los extranjeros de los problemas nacionales. En parte tienen razón. Probablemente es verdad que los belgas facilitaron el asesinato de Lumumba y que los estadounidenses llevaron al jefe militar Mobutu al poder. En sus 31 años en la presidencia, Mobutu se convirtió en el mayor ladrón del continente africano. La mayor parte de la ayuda occidental era inmediatamente desviada a sus cuentas en el extranjero, y su régimen es en gran parte responsable del agobio de la deuda externa, unos 9 mil millones de dólares.
La explotación de las riquezas naturales congoleñas no sólo ha beneficiado las empresas occidentales. Las ganancias de las minas de cobre y oro han hecho además multimillonario a un pequeño grupo de congoleños. Esta elite de rentistas ha recibido una educación internacional, pero es de orientación nacionalista y ha logrado sobrevivir, sin grandes problemas, a todos los Gobiernos.
“Los políticos más ricos sólo tienen que gastar algo del dinero ganado en la minería en máquinas de coser para su electorado, y eso basta para ganar las elecciones,” dice un diplomático occidental. “Con un sistema económico que pusiera el acento en el desarrollo agrícola – prestando menos atención a la exportación de riquezas naturales - todos los congoleños saldrían ganando. La elite exportadora dejaría de tener la enorme influencia que tiene y la política y la economía saldrían de la parálisis en la que actualmente se encuentran”.
La intervención extranjera ha favorecido a la elite. “Los diplomáticos occidentales siempre hemos creído que con nuestra ayuda mantenemos en pie a este país,” agrega el diplomático, “pero la opinión del congoleño medio es que hemos mantenido en el poder a una elite corrupta”.
Retórica
Después de la independencia, Estados Unidos envió tropas para poner orden en el caos. Terminada la guerra que ardió entre 1998 y 2003, Naciones Unidas intervino para mantener separadas a las partes. En este 50 aniversario de la independencia, los sentimientos nacionalistas han resurgido nuevamente. “En esta oportunidad, el presidente Joseph Kabila bien podría decir que ha dado orden a Naciones Unidas para que se retire del país, o que los miles de millones de deuda acumulados por Mobutu han sido condonados por el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial. En términos de retórica, Kabila podría declarar que Congo ha iniciado su segunda independencia. Por lo menos habría algo que celebrar”.





























Al Congo le ocurre, lo que al resto de naciones africanas, que se les concedieron la independencia prematuramente y sin haber formado a sus elites dirigentes ni a sus cuadros administrativos ni haberse formado y preparado a la población para auto dirigirse así misma, sin la previa tutela de las administraciones de sus respectivas metrópolis europeas.
Que unas, con más o menos acierto y cierto paternalismo, mantuvieron un acierta estabilidad y progreso socio económico, ya que en los cincuenta años aproximados de colonialismo, fue cuando África se comenzó a desarrollarse en infraestructuras y explotar sus recursos.
Recursos que un a vez independientes siguieron en manos de las empresas que acordaban con su corrupta clase dirigente y dictadores su explotación quedando al margen la población.
Mi encuentro con África, me ha llevado constatar la nostalgia de quienes han vivido su etapa colonial y reprochan a Europa que les hubiésemos abandonado en manos de oligarcas déspotas y despiadados.
Viendo a dicha etapa colonial como fructífera y en libertad y hasta de progreso. Sol hay que ir a África y hablar con las personas mayores para constatarlo. El enfrentamiento de los dos bloques y sobre todo de la guerra fría, entre la URSS y sus correas trasmisoras de sus respectivas izquierdas y sus PC. - Y por otro lado, el de los EEUU por acceder a un África en manos europeas. hicieron que las ONU precipitasen unas independencias a pueblos no preparados para ello, y las pruebas a la vista ha quedando el empeoramiento Africano tras cincuenta años de independencias, salvo alguna excepción como La Unión Sudafricana, “por la presencia de africanos oriundos de Europa”, de Botswana, Namibia, Mauricio, Shechell, Cabo Verde... y para de contar.
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