El último debate del periodo parlamentario se prolongó hasta altas horas de la noche en la Cámara Baja holandesa el jueves, poniendo fin a un año caótico en La Haya. Cuando los parlamentarios regresen del receso veraniego ya será época de elecciones. Pero en las próximas semanas podrán relajarse y olvidar algunas de las situaciones políticas más infortunadas que se han vivido en Holanda en muchos años.
La mayor parte del drama comenzó (y terminó) con el papel de Geert Wilders y su Partido por la Libertad, PVV.
“Nunca antes me habían dado tantas puñaladas por la espalda, y tan seguido”, dijo Wilders después que dos de los parlamentarios de su partido lo abandonaran con escándalo público esta semana. Marcial Hernandez y Wim Kortenoeven denunciaron el estilo autocrático de liderazgo de Wilders. La decisión de los diputados ensombreció la presentación del nuevo programa del PVV para las elecciones del próximo mes de septiembre.
Propenso a accidentes
Se trató de la última de una serie de crisis en la política holandesa este año, todas las cuales tuvieron como protagonista al PVV, el partido que en septiembre de 2010 accediera a otorgar su apoyo parlamentario a la coalición minoritaria del primer ministro conservador Mark Rutte, del VVD, y los cristianodemócratas.
Primero, el PVV causó revuelo al abrir una página de internet para recoger las quejas de la población sobre los inmigrantes de Europa Oriental en Holanda. Esto trajo las críticas de la Unión Europea y del mundo empresarial, los que acusaron al partido de promover la discriminación y de perjudicar los lazos comerciales.
Motín
El PVV parecía haber salido indemne de la controversia hasta que el importante parlamentario Hero Brinkman dejó el partido en protesta por la página anti inmigrantes, por la retórica negativa sobre el Islam y por el liderazgo dictatorial de Wilders. La partida de Brinkman detonó una serie de motines de políticos del PVV a nivel provincial.
Mientras tanto, Wilders se mantenía negociando a puerta cerrada con sus aliados de coalición, intentando ponerse de acuerdo en recortes adicionales de presupuesto por 14.000 millones de euros. Pero justamente cuando parecía que un consenso se acercaba, después de siete difíciles semanas de discusiones, el líder del PVV se retiró de la mesa haciendo que el diálogo colapsara. Wilders intentó presentar la historia como si él fuera el héroe del hombre de la calle amenazado por las medidas de austeridad.
A la defensiva
Pero el ministro de Finanzas, Kees Jan de Jager, un demócratacristiano, salió con una sorpresa. Consiguió una variopinta combinación de partidos de izquierda, de derecha y moderados dentro de un histórico acuerdo de presupuesto que restauró la disciplina fiscal. Con nuevas elecciones en septiembre, el PVV se encontraba a la defensiva.
Con un nuevo manifiesto electoral, Wilders pretendía recuperar la iniciativa. No el Islam sino Europa era lo que debía transformarse en el objeto de las iras de sus electores. Eso seguramente los motivaría a movilizarse a votar, debe haber pensado. Pero en lugar de un Wilders triunfante, fue una pareja de parlamentarios descontentos lo que dominó las noticias de esta semana.
Desde entonces se ha producido una rápida sucesión de informaciones negativas en los medios acerca del PVV. Un parlamentario propuso, supuestamente, bajar la temperatura de las celdas de las prisiones para hacer menos agradable la vida de los internos. Un representante provincial del PVV fue encontrado muerto en un bosque. Se supone que se trató de un suicidio, después que su mujer fuera arrestada por fraude a gran escala. Y para completar la escena, otro ex representante del PVV fue descubierto por participar activamente durante varios años en una página web de extrema derecha.
Fiel al partido
La temporada política ha concluido y se podría decir que el PVV salió derrotado. Seguramente no será un factor político tan grande como hace dos años, cuando puso a Mark Rutte en el poder, pero es demasiado temprano para decir que está acabado. Las últimas encuestas predicen que los votantes del partido permanecerán en su gran mayoría fieles a Geert Wilders.


























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