La travesía por el Océano Atlántico transcurrió con fluidez, excepto algunas tormentas al inicio del viaje. “Lo superé bastante bien”, dice Yke Tromp, uno de los treinta alumnos de VWO (enseñanza secundaria preuniversitaria) que arriban a Panamá después de cuatro meses navegando en el “barco escuela” School at Sea. Los estudiantes holandeses navegan en el clíper Regina Maris donde reciben clases obligatorias.
Al partir de Holanda, todos sufrieron mareos por las fuertes tormentas otoñales pero después de eso, la travesía marchó sobre ruedas. Yke aprende más en el barco que en el colegio, a pesar del balanceo de la nave y el ancho horizonte sobre el océano. “Noto que trabajo más rápido, simplemente porque me concentro mejor aquí”.
En el Regina Maris, un barco de tres palos, los jóvenes alternan entre el trabajo escolar y la participación como miembro pleno de la tripulación. El largo viaje por el océano debe enseñarles a colaborar y solucionar de forma independiente sus problemas y conflictos. En Alemania y Suecia se organizan viajes similares desde hace muchos años. Los estudiantes deben buscarse sus propios auspiciadores para cubrir la cantidad requerida de 17.000 euros.
Supervisión individual
A bordo del Regina Maris viajan cinco profesores, pero las clases apenas se dictan en el estilo clásico ya que los alumnos provienen de diferentes escuelas. Por esa razón se les brinda principalmente supervisión individual. También las escuelas en Holanda brindan apoyo. Sin embargo, los propios alumnos deben asumir básicamente la responsabilidad. “Tienes que planificar tu propia investigación escolar. No es obligación, pero nadie la hará por ti”.
Yke encuentra las clases sobre el propio barco, como la sala de máquinas o el funcionamiento de las poleas, mucho más interesantes que las clases de matemática u holandés. Y señala la importancia del aparato para hacer agua potable con el agua salada del mar. “Es muy guay, es algo que uno realmente lo vive y lo necesita, esos aparatos se utilizan todo el día.”
Con los indígenas
Sin embargo, Yke Tromp vivió sus mejores momentos en tierra. Hace dos días, apenas, habitaba junto con el grupo en un poblado indígena en la selva. Está muy satisfecho por la estadía y la comida en ese lugar. “No tenían ni electricidad ni gas, simplemente cocinaban a leña y allí también dormíamos. Fue fantástico estar allí. Ellos pescan sus propios peces, y hemos capturado y comido un cocodrilo. Sí, sabrosísimo.”
Tromp también quedó impresionado por las enormes diferencias en el nivel de vida en Panamá, especialmente por la pobreza que encontró en la periferia de la gran ciudad. School at Sea tiene el objetivo de fortalecer el carácter de los alumnos a través de sus experiencias.
“Aprendes a desarrollar habilidades que necesitas para enfrentar los desafíos en un mundo distinto. El mundo de adultos que te espera apenas bajas del barco”, escriben en su página web.
No dejar todo tirado
Tromp se siente sobre todo más independiente después de este viaje. “En casa no ayudaba tanto en las tareas domésticas, y aquí tienes que hacerlo todo. Cocinar, limpiar, y cuidar mejor tus cosas, no dejar todo tirado.”
Tromp está seguro que continuará con sus nuevos hábitos cuando regrese a su casa. School at Sea regresa del Caribe con escala en Cuba. En total, el viaje dura seis meses. Algunos políticos holandeses tienen una postura crítica ante este barco-escuela, pero los funcionarios y los inspectores de educación no presentan ninguna objeción.


































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