El presidente de Costa de Marfil, Assalane Ouattara, derrotó finalmente a su antecesor, Laurent Gbagbo, quien se negaba a entregar el poder. Uno de los primeros anuncios del nuevo mandatario fue la creación de una Comisión de la Verdad y la Reconciliación.
Cabe preguntarse si esta comisión cumplirá una función real, o se trata de un acto simbólico para calmar a un pueblo que exige justicia. Priscilla Hayner ha investigado en detalle las numerosas comisiones de la verdad y la reconciliación instaladas en varios países en el último decenio. En su opinión, el anuncio del nuevo mandatario puede ser positivo para Costa de Marfil, pero es necesario tomar precauciones, pues no considera conveniente instalar comisiones de la verdad en todas partes, sin reflexionarlo bien. “En el caso de Costa de Marfil,” comenta, “me parece una buena idea, pues la sociedad marfileña se encuentra fuertemente dividida, lo que, en parte, tiene que ver con la falta de investigación sobre lo que ha sucedido en los últimos años.”
Los riesgos de una comisión de la verdad
Una comisión de la verdad puede aclarar lo que sucedió, lo cual, a su vez, puede aportar a la transición hacia una sociedad democrática, agrega la investigadora. A su juicio, la mayoría de estas comisiones comienzan bien, pero no siempre cumplen su segundo propósito, el de la reconciliación, porque, al momento de crearlas, no se reflexiona suficientemente sobre sus objetivos generales.
“No existe un modelo de comisión de la verdad que se pueda aplicar en todos los países. Cada una de ellas debe adecuarse a la situación nacional, respondiendo a las preguntas sobre lo que debe investigar y cuáles son sus límites hacia el pasado. Además, se debe aclarar de antemano cuáles son sus competencias y el tiempo que estará en funciones. Otro factor de gran importancia es la forma en que se elijen sus miembros, para garantizar la imparcialidad y la representación de todas las partes involucradas,” explica Priscilla Hayner.
Según Human Rights Watch, en el reciente pasado, ambos bandos cometieron graves abusos contra la población civil marfileña. ¿Podrán los seguidores de Ouattara utilizar la Comisión para ocultar sus delitos? Según Hayner, esto no tiene porqué suceder, dado que una comisión de la verdad no reemplaza a instancias judiciales como la Corte Penal Internacional, que está en condiciones de juzgar todos los casos de crímenes.
El caso sudafricano
“La comisión investigadora más conocida, la sudafricana, tenía la competencia para otorgar amnistía a los testigos, mientras que la mayoría de las demás no ha tenido esta capacidad. No obstante, de una u otra manera, quienes cometieron abusos han estado dispuestos a presentar su testimonio. Además de la comisión de la verdad, se pueden abrir investigaciones criminales normales, y la Comisión de la verdad puede también recomendar una investigación,” explica Hayner.
“A menudo lo complicado es la realización,” agrega la investigadora, “pues siempre hay limitaciones y frustraciones. También existe el peligro de falta de capacidad y fondos para llevar a cabo una investigación seria de lo que pasó en el país”.
Por su parte, el experto en temas africanos Stephen Ellis cree que una Comisión de la Verdad y la Reconciliación puede beneficiar a Costa de Marfil, siempre y cuando aquélla opere en el contexto político adecuado; si el país se mantiene fuertemente dividido entre ganadores y perdedores, lo que haga una comisión no contribuirá mucho para lograr la reconciliación.
No a la venganza
Si el acento recae en la persecución de Gbagbo y sus seguidores, será una mala señal, agrega Ellis, porque una gran parte de la población se sentirá perjudicada. Es necesario considerar que, si bien Ouattara ganó las elecciones, Gbagbo consiguió nada menos que el 46 por ciento de los votos.
“El establecimiento de la verdad puede ayudar a despejar ideas equivocadas. En los últimos años, ha circulado gran cantidad de información falsa y propaganda en Costa de Marfil. Es necesario que la gente perciba que el nuevo Gobierno no quiere venganza sino sacar la verdad a flote,” concluye Stephen Ellis.
Cruenta guerra
En noviembre del año pasado, Laurent Gbagbo obtuvo el 46 por ciento de los votos, pero perdió la elección presidencial. No obstante, se negó a traspasar el poder al ganador, Assalane Ouattara. A partir de ese momento, Costa de Marfil se vio envuelta en una cruenta guerra que afectó ante todo a la población civil, atrapada entre las facciones armadas de los dos líderes, y causó la muerte a centenares de personas.




























¿En que se basan para afirmar que Gbagbo perdió las elecciones? Según la legalidad internacional el Cosejo Constitucinal corrigió las numerosas irregularidades cometidas en el norte (zona bajo el control militar rebelde, ajeno al estado y favorable a Ouattara)y proclamó vencedor a Gbagbo. Lo que digan los observadores internacinales partidarios de Ouattara (CEI, ONUCI etc). no legitima una sangrienta acción militar para burlarse de las leyes de Costa de Marfil e instaurar a un presidente afin a los intereses del gran capital internacional. Tras un brote de verdadera independencia con Gbagbo, una nueva ola colonizadora con Ouattara se encargará de perpetuar la miseria de sus poblaciones.
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