El corazón histórico de Ámsterdam se verá literalmente sacudido desde sus cimientos la próxima semana cuando se inicien las obras de la controvertida línea de metro que conectará el norte y el sur de la ciudad.
Los encargados del proyecto estarán sin lugar a dudas rezando para que no se presenten nuevos inconvenientes, teniendo en cuenta que el proyecto ya ha excedido tres veces su presupuesto y presenta un retraso de varios años. Por tanto, no ha sorprendido a nadie que se haya pedido a un sacerdote que bendiga los gigantescos taladros que perforarán el túnel.
Taladros bendecidos
La idea para la línea norte-sur fue lanzada por primera vez en la década de los 80 y será finalizada en 2017. El jueves pasado la empresa alemana Saturn, encargada de la mayor parte de las obras, invitó al diácono de Ámsterdam a bendecir los dos taladros que emplearán y que fueron bautizados como 'Noortje' y 'Gravin' por parte de un grupo de estudiantes de la escuela primaria.
El diácono Ambro Bakker introdujo en el túnel una estatuilla de santa Bárbara, la patrona de los mineros, antes de bendecir los taladros. "Creo que esta oportunidad no solo será la primera, sino también la última vez que hago esto. Al bendecir las máquinas, en realidad no las bendigo a ellas, sino a toda la población".
Esta ceremonia se practica tradicionalmente en Alemania, según lo manifestado por un portavoz de la empresa Saturn: "Tenemos que hacerlo, porque los encargados de taladrar el túnel no comenzarán a hacerlo hasta que se haya bendecido la estatuilla y los taladros. No se pueden esperar milagros, pero ellos se sienten de esta manera más seguros en su trabajo."
Los taladros tienen una longitud de 85 metros y pesan 870 toneladas cada uno. Serán capaces de remover 9 metros de tierra por día y una vez entren en movimiento, no dejarán de girar hasta haber completado su labor
No hay peligro para las viviendas cercanas
La línea norte-sur es el noveno túnel que se construye en Holanda. El ayuntamiento de Ámsterdam insiste en que ahora no hay peligro alguno en taladrar bajo el centro de la ciudad, incluso teniendo en cuenta que en ocasiones anteriores obras similares ocasionaron hundimientos en algunas casas del siglo XVII situadas en la calle Vijzelgracht. En aquel momento el ayuntamiento tuvo que comprar estas lujosas residencias, valoradas en varios miles de millones de euros, y buscar nuevos hogares para sus propietarios. Esta semana se supo que varios negocios situados en la misma calle han sufrido también daños.
Rechazo ciudadano
Angela Holtkamp es la dueña de una pastelería situada en esa calle y manifiesta que no se debería haber aprobado nunca este proyecto. "No creo que Ámsterdam necesite el metro. Es una ciudad pequeña, no una metrópolis como Paris o Londres. Tenemos tranvías, autobuses, y muchos van en bicicleta. Es algo totalmente innecesario. Todo esto me preocupa mucho. Las casas en la acera de enfrente ya se están hundiendo y todos estamos en alerta."
Angela sugiere que la decisión de bendecir los taladros pudiera estar motivada por el temor, y añade, que el alcalde de Ámsterdam Job Cohen "también está un poco asustado".
Los encargados de dirigir el proyecto no están de acuerdo con estos temores y niegan que la ceremonia de bendición de los taladros haya sido una campaña publicitaria destinada a convencer a los escépticos amsterdameses de que acepten de este proyecto. Para Peter Dijk, director del proyecto, “todo esto son tonterías. Lo único que importa es que el metro estará funcionando en 2017 y la espera habrá valido la pena."





























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