A través de Néstor Kirchner, la diplomacia UNASUR se activa a pleno para desbloquear el rompimiento de relaciones entre Caracas y Bogotá.
Si bien los pronósticos son reservados, la mediación de Néstor Kirchner, Secretario General de UNASUR, para desintoxicar el cuadro de las relaciones Bogotá-Caracas, podría significar un balón de oxígeno de importancia.
Con sus buenos oficios, el ex presidente argentino tendrá que hacer frente a un complejo rompecabezas que con el pasar de las horas cambia de forma, mas no de fondo.
Es una crisis con pieles de camaleón, por que se extrañan ciertos elementos en el análisis que proyecten certeza sobre lo que verdaderamente está pasando y pasó en los días previos a la presentación de las pruebas de Colombia sobre los campamentos rebeldes de las FARC y ELN en Venezuela; y la decisión de Caracas de proceder al rompimiento de relaciones con el Gobierno de Álvaro Uribe.
A la falta de certezas se suma el aumento considerable de tensión producto de la decisión del presidente venezolano, Hugo Chávez, de ordenar la movilización de tropas a lo largo de la frontera con Colombia. La artillería y la pólvora están listas para resguardar "la dignidad de la revolución bolivariana," en palabras del mandatario venezolano.
El intelectual argentino Juan Gabriel Tokatlián lo resume diciendo que "resulta esencial discernir con realismo y claridad qué postura ha sido la asumida en Bogotá. Las llamadas a buenos oficios de UNASUR, Brasil, la OEA, España y Francia son y serán simples declamaciones, si no se tiene más precisión acerca de lo que está sucediendo".
Desde Bogotá, el presidente colombiano, Álvaro Uribe, aclara que los tambores de guerra desafinan, y que su Gobierno no tiene intención ninguna de atacar militarmente a su vecino país.
Se intenta menguar la tensión bilateral con planes de distinta naturaleza y propuestas de diversa índole. Bogotá quiere, con respaldo de Washington, para que se investigue de forma "independiente, veraz y objetiva" la presencia de rebeldes guerrilleros colombianos en territorio de Venezuela, y determinar si Venezuela está contribuyendo a que desde su territorio se perpetúen ataques de la guerrilla colombiana. Bogotá también quiere un acuerdo regional para que los países del vecindario se comprometan a no dar cobijo, de ninguna naturaleza, a células de la guerrilla colombiana.
Por su parte, Caracas propone un plan de paz sudamericano, siguiendo el modelo de Contadora en América Central, para solucionar el conflicto interno colombiano. La iniciativa contempla que un grupo de países y de notables desarrolle un proceso de mediación y llegue a una respuesta para un conflicto interno que se ha cobrado la vida de cientos de miles de personas durante decenas de años.
Mientras tanto, reflexiona Tokatlián, "Estados Unidos poco aporta a la distensión; hace ya bastante tiempo que Washington ha dejado de brindar orden y denota escasa capacidad de desplegar una diplomacia constructiva para América Latina".
Pregunta: Asumiendo que estamos en una de las semanas de mayor intensidad diplomática en el Cono Sur, ¿confía en el rol que puede desempeñar Néstor Kirchner como secretario de la UNASUR para buscar soluciones a la ruptura de relaciones entre Caracas y Bogotá?
Juan Gabriel Tokatlián: La tarea que le corresponde al ex presidente Kirchner como Secretario General de la UNASUR va a ser fenomenal, porque dadas las condiciones es muy difícil suponer una resolución inmediata de los niveles de tensión renovado que han alcanzado las relaciones bilaterales entre Venezuela y Colombia. Y creo que se debe procurar tener mayor precisión, establecer la exacta dimensión de lo que ha venido sucediendo en las últimas dos semanas en Colombia. ¿Qué quiero decir con esto? Lo que llevó a una intensificación de las denuncias de Colombia y la presentación de evidencias respecto de la presencia de guerrilleros colombianos en Venezuela, ¿fue un acto individual, personal del presidente Uribe, o fue parte de una política de Estado? ¿Lo que Colombia ha querido con esto es sentar las bases de una política persistente, de Estado, que va a ser continuada con otros tonos por el presidente Santos, o fue un arrebato final de Uribe ante una Caracas con la cual ha tenido relaciones muy tormentosas en los últimos cinco años? Se debe tener precisión sobre lo que está ocurriendo en estos dos países, y particularmente en Colombia. Porque si fuese una alternativa derivada del carácter o temperamento del presidente Uribe, uno superaría ese problema con la presencia de un nuevo mandatario, quien ha mantenido, por lo menos después de la campaña electoral, un tono un poco más moderado. Pero si uno supone que lo que aquí de fondo es el comienzo de una política más honda, mucho más profunda, con matices por los individuos, pero una política de Estado muy profunda por parte de Colombia, difícilmente se hallarán soluciones a corto plazo.
P: Para reforzar lo que dice, ¿sin estas precisiones que Ud. menciona la diplomacia sencillamente queda en declamación?
JGT: Totalmente, porque me parece que hasta ahora ha habido muchas acciones individuales, de Lula, Sarkozy, Zapatero, la OEA, UNASUR, MERCOSUR. Todas estas sugerencias simplemente serán retórica si no se tiene claridad respecto a lo que está pasando y cuál es el punto central en esta situación entre los dos países.
P: Mientras que se aclara este paréntesis por Ud. descrito, ¿hay algún elemento real que nos indique que los tambores de guerra desafinen y que se produzca una confrontación militar entre Venezuela y Colombia?
JGT: Yo diría que no hay elementos sustantivos de naturaleza objetiva que hagan pensar en una eventual confrontación que exceda la retórica que hasta ahora han mantenido los presidentes Chávez y Uribe. Sin embargo, sí creo que no es posible seguir manteniendo una relación bilateral tan intensa, tan importante y trascendental como la que estos dos países tienen, si no hay un mejoramiento sustantivo entre las condiciones de seguridad en la percepción de cada uno de ellos. Estamos en una situación cada vez más ascendente, de escalamiento, de fricción, que ha comenzado aproximadamente a finales de 2004 (...) Hemos estado ‘in cressendo’ en sentido negativo en esta relación. Yo descarto, porque objetivamente no hay, repito, condiciones que lleven a pensar en una confrontación, pero también advierto que esta cadena sucesiva de fricciones puede, de no ser controlada, en un incidente que lleve a posturas mayúsculas.
P: ¿No le sorprenden los absolutos desaciertos por parte de Washington a partir de este ‘in cressendo’ que Ud. ha mencionado refiriéndose a la larga saga del conflicto colombia-venezuela?
JGT: Washington es el tercer vértice de un triángulo cada día más tormentoso. Y evidentemente para los dos países, Colombia y Venezuela, el lugar de Estados Unidos es singular. El presidente Uribe, como ningún otro en la historia contemporánea de Colombia, se ha alineado, colocado en una relación estrecha con Washington, y Chávez, como ninguno otro en la historia contemporánea de Venezuela, se ha distanciado y enfrentado por lo menos retóricamente con Washington, y por lo menos allí el papel por definición de EEUU ha sido central. Ahora, a ello hay que agregar que en los últimos cuatro años no ha surgido ninguna propuesta constructiva de Washington en relación a esta porción del mundo andino. Cada vez que Washington ha dicho o ha hecho algo, ha contribuido a empeorar la situación. Y por lo tanto me parece que esto también demanda una reflexión muy profunda en general sobre la política latinoamericana de Estados Unidos; y no me refiero sólo a la administración Obama, y en segundo lugar al poco vuelo político que esta relación ha tenido. En los últimos cuatro años los norteamericanos han sido malos conductores militares en Estados Unidos: el papel del Pentágono, del Comando Sur en Miami. Sería muy aconsejable una suerte de politización, positiva, de un papel más constructivo de Estados Unidos. Y entre otras cosas, EEUU puede jugar ese papel con algunos actores de la región, facilitando procesos de mediación o de buenos oficios, creando condiciones claras y mensajes categóricos de su política hacia el continente. La ambigüedad ha sido muy poco constructiva en esta situación.
P.: En septiembre hay un proceso electoral de importancia en Venezuela. ¿Le conviene a Caracas extender el impasse con Colombia si se trata de esta cita electoral?
JGT: Si uno piensa en lo que ha venido ocurriendo en los últimos cuatro años, hay sin duda un componente de política interna para cada uno de los presidentes, Uribe y Chávez, pues ambos han sacado rédito político doméstico de esta situación, han logrado que la población reivindique lo que cada mandatario ha hecho, ha exacerbado a los círculos más íntimos de los mandatarios, pero esto ha tenido muy poco vuelo doméstico. Al mirar la tradición bilateral no hay una historia de confrontación; ni de tensión militar; ni de conflictividad que justifique que las poblaciones de los países estén ansiosas de respaldar a sus respectivos Presidentes. Si usted va a la frontera de ambos países, comprueba que la porosidad, dinámica e intercambios son enormemente intensos y positivos para uno y otro país. Creo que los réditos domésticos o electorales que puedan lograr uno u otro son de corto plazo. Y no pienso que Hugo Chávez pueda persistir en una política vocalmente muy dura frente a este tema, en espera de los resultados potenciales que serán las elecciones de septiembre. Es algo que no va a cambiar la ecuación política de manera dramática: puede incidir en algunos factores, pero no habrá cambios contundentes. Si se dan cambios dentro del legislativo venezolano, será por la situación económica de Hugo Chávez, como resultado de la falta a la solución a graves problemas sociales que hay dentro de Venezuela, como resultado de una oposición que por lo menos ha sofisticado su lenguaje, tarea política, como resultado de dinámicas internas de Venezuela, por fuera de lo que ha pasado ahora con Colombia.
P.: Venezuela sigue apostando por su plan de paz sudamericano para solucionar el conflicto interno de Colombia. ¿Es un plan con futuro?
JGT: Lo que debiera motivar una mayor reflexión es que cuando termine el mandato de Santos en Colombia, es decir el 07 de agosto de 2014, en ese año se habrá llegado a medio siglo de conflicto armado interno en Colombia. No es posible, primero para los colombianos y segundo para los vecinos y tercero para la región, que este conflicto siga desangrando a Colombia y tenga reverberaciones en sus vecinos y la creciente tensión de toda la región. Es un momento oportuno de ver con qué condiciones se llega al 2014 terminando el último conflicto armado que hay en toda la región. Me parece que el tema en sí merece una reflexión, que sería una tarea provechosa no pensar en el corto plazo, sino tener una mirada que diga, en 2014 Colombia se merece terminar el conflicto. Agregaría, a esta altura las dinámicas complejas, intrincadas, superpuestas de los problemas del mundo andino, y particularmente la relación Colombia-Venezuela, necesitan en sí una solución. Si uno pensara en el modelo de Contadora, si uno dijera es Contadora posible hoy para el caso de Colombia, yo diría que Contadora es urgente para el caso de Colombia y para la relación colombo-venezolana.
* Juan Gabriel Tokatlián es Director de ciencias políticas y relaciones internacionales de la Universidad de San Andrés, Argentina. Vivió en Colombia entre 1981 y 1998, donde estuvo vinculado académicamente a la Universidad Nacional, entre 1995 y 1998, y a la Universidad de los Andes, entre 1982 y 1994. Fue columnista del diario El Tiempo y colaborador de diversas revistas. Tiene un PhD en relaciones internacionales de The Johns Hopkins University of Advanced International Studies. Autor de Hacia una nueva estrategia internacional: el desafío de Néstor Kirchner; y Globalización, narcotráfico y violencia: siete ensayos sobre Colombia.





























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