Todo indica que el próximo presidente de Colombia será un economista y periodista con estudios en leyes y diplomacia, de familia de abolengos, y con definido gusto por la política, las barajas y el poder.
Tal es la credencial del candidato oficialista, Juan Manuel Santos, del Partido de Unidad Nacional, quien, según las encuestas de intención de voto, derrotaría el próximo domingo por amplio margen al matemático, filósofo y excéntrico pedagogo, hijo de inmigrantes lituanos, Antanas Mockus, postulado por el Partido Verde.
El abstencionismo
Una gran incógnita gira en torno al comportamiento de los abstencionistas que, para la primera ronda presidencial, sumaron un 50,1% sobre un potencial de 29,9 millones de votantes.
A esta franja le apunta el Partido Verde, que espera repetir el milagro que significó duplicar la votación entre las internas de marzo y la primera vuelta de mayo, llegando, incluso, a marcar por encima del candidato oficialista en intención de voto. Pero los sondeos de opinión no le son de buen augurio. Tampoco su reticencia a las alianzas, al desechar un acuerdo programático con el izquierdista Polo Democrático Alternativo, privilegiando una convocatoria a un Acuerdo Ciudadano, sin partidos.
Santos, en cambio, ha concentrado el más amplio espectro de apoyos posible en torno a su Acuerdo de Unidad Nacional, que incluye adhesiones de los partidos Conservador y Cambio Radical, la mayoría de la bancada del Partido Liberal y sectores que van desde ganaderos, transportadores, iglesias cristianas, sindicalistas y hasta vendedores ambulantes.
Por el voto en blanco, contemplado como una opción por las leyes electorales, han llamado desde la primera vuelta sectores extraparlamentarios como el Partido Socialista de los Trabajadores, y ,ahora, otros de carácter sindical, o como el movimiento de la senadora liberal, Piedad Córdoba, quien convocó a la ‘abstención activa o el voto en blanco’. El PDA, optó por la abstención con la consigna ‘no hay por quien votar’.
El último debate
A 48 horas de la segunda ronda electoral, los candidatos acudieron a los estudios de RCN Televisión para el último debate ante los medios. Mostrando más diferencias de talante y carácter que de programas, se lanzaron dardos, con ironía y sarcasmo, frente a temas de economía, empleo, seguridad y corrupción, y aprovecharon el horario de mayor audiencia para ganar los últimos votos.
Juan Manuel Santos invitó “a meterle un gol al abstencionismo”, enfatizó en que su propuesta de gobierno de unidad nacional busca dar “trabajo, trabajo y más trabajo” y afirmó que la jornada del domingo es “excepcional para la historia colombiana y para su democracia, porque vamos a definir mucho más que un Presidente”.
Antanas Mockus se dirigió a gente de todas las condiciones y edades para decirles “estoy en sus manos. No me las sé todas, pero he demostrado en mi vida que sé formar buenos equipos y tengo una vocación fortísima de innovación”. Calificó como su “labor históricamente más importante, la lucha por la vida humana” y ofreció mantener la seguridad democrática del presidente Uribe “pero también la justicia”.
A la pregunta sobre la eventual influencia de la 'Operación Camaleón’, que el lunes 14 rescató de un campamento de las FARC a tres oficiales de la policía y un sargento del Ejército, Mockus estimó que sí podría influir, al tiempo que dio los créditos del éxito al Gobierno. Por su parte, Santos dijo que todo el mérito era de las Fuerzas Armadas y desechó rumores sobre supuesto cálculo entre la proximidad de la operación y los comicios del domingo, para favorecerlo, por asociación con la ‘Operación Jaque’, que, en el 2008, cuando él era ministro de Defensa, rescató a 11 soldados y policías, a la ex candidata presidencial Ingrid Betancourt y tres contratistas estadounidenses.
Ambos candidatos coincidieron en oponerse a una ley de punto final para los militares que participaron en la retoma del Palacio de Justicia, tras el ataque del movimiento guerrillero 19 de abril, en noviembre de 1985, hechos en los que murieron más de cien personas, 11 magistrados incluidos. Así mismo, pidieron garantías en el proceso que, en primera instancia, condeno a 30 años de prisión al coronel Alfonso Plazas, quien dirigió el operativo, por la desaparición forzada de 11 personas.
También estuvieron de acuerdo en que la diplomacia es vía para recomponer las relaciones con los Gobiernos de Venezuela y Ecuador, y en esperar que los presidentes Hugo Chávez y Rafael Correa llamen a quien resulte elegido Presidente de Colombia.
Tirantez
El ambiente previo a la elección del Presidente que gobernará a partir del 7 de agosto y hasta el 2014 está marcado por la tensión derivada del enfrentamiento sostenido en el último periodo entre el Ejecutivo y el poder Judicial.
El clima se exacerbó el miércoles a propósito de un comunicado del ex presidente liberal César Gaviria (1990/94), quien al adherirse a la candidatura de Santos reiteró sus fuertes críticas al Gobierno de Uribe, y manifestó esperar que su gestión sea de “estricto respeto por los derechos humanos, de respeto al poder judicial, a
los derechos de las víctimas, de plena vigencia de la Constitución y el Estado social de derecho", y que utilice los organismos de inteligencia para perseguir a los criminales, en vez de a los jueces y los opositores.
Uribe reaccionó de inmediato y escribió en twitter: "El oportunismo es la mayor corrupción y la mayor fuente de corrupción”. Desde la Casa de Nariño, su portavoz leyó un comunicado y, para rematar, llamó a Gaviria por teléfono y agregó adjetivos como ‘cobarde’ y ‘canalla’, a lo que éste respondió con un “su Gobierno es un asco” y colgó.
Santos, ministro de Comercio Exterior durante el Gobierno de Gaviria, y de Defensa en el de Uribe, cortó por lo sano y dijo: “Vamos a construir la unidad nacional sin mirar hacia atrás”.
Otro ingrediente lo añadieron las ONG’s estadounidenses Centro para la Política Internacional, La Oficina de Colombia en Washington y el Latin American Working Group, que ayer presentaron un informe según el cual los seguimientos sin orden judicial del DAS (la Policía de Inteligencia adscrita a la Presidencia de la República) a magistrados, periodistas, sindicalistas y opositores son más graves que el Watergate, escándalo de espionaje que en 1974 condujo a la renuncia del entonces presidente de Estados Unidos, Richard Nixon.
Paradoja
Al parecer, los analistas coinciden en que un eventual Gobierno de Santos tendría un cierto acento tecnócrata, ya que ha sido ministro de Hacienda, Comercio Exterior y Defensa, y contaría con gran gobernabilidad dado que ha logrado congregar a casi todas las vertientes parlamentarias. Pero también concuerdan en que entraría desgastado porque deberá enfrentar cuestionamientos y procesos judiciales contra altos ex funcionarios del actual Gobierno, y en su contra, como en el caso de los ‘falsos positivos’ (asesinato de miles de jóvenes marginales hechos pasar por guerrilleros dados de baja en combate) sobre los que la comunidad internacional tiene puestos los ojos.
Luis Carlos Valencia, catedrático de Ciencias Políticas de la Universidad Javeriana, habla de “la gran paradoja”, pues “mientras cada vez es más certero el resultado electoral, con amplia ventaja de Santos, se presenta una notable incertidumbre sobre las condiciones en las que va a empezar el mandato, determinada, fundamentalmente, por procesos no propiamente electorales, sino herencia de la transición del Gobierno de Uribe”. Las contradicciones Ejecutivo-Cortes “ya ha generado una situación de crisis institucional que amenaza con producir una crisis de carácter constitucional”, que deberá administrar Santos, afirma.





























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