Pese a la prohibición vigente desde hace 10 años en Colombia, es frecuente el reclutamiento de menores de 18 años, de ambos sexos, por grupos armados, como guerrilla, paramilitares o bandas criminales.
No se dispone de cifras exactas; el Ministerio de Defensa habla de 8.000 y las Organizaciones No Gubernamentales (ONG´s) de 11.000. En lo que sí se coincide es en que cada vez las víctimas son los más pequeños. Según datos de UNICEF, en el 2002, la edad media era de 13,8 años y en el2006 de 12,8.
Refugio
Al medio día, en el albergue del Padre Luis Grajales, en San José, capital del departamento del Guaviare, todo es bullicio. Es hora de almuerzo, y los que acaban de llegar de la escuela revolotean organizando las mesas y ayudando a alistar las viandas. Serán unos cincuenta, cuyos rasgos físicos y rostros, blancos, negros, cobrizos, denotan el mestizaje propio de una zona de colonización con importante presencia indígena. Son desplazados de veredas a varias horas en ‘voladora’, como se llama a las lanchas que surcan los ríos en medio de la vegetación espesa de esta región signada por los cultivos de coca y el narcotráfico, acicate del conflicto armado.
Rubio, de cabello ensortijado y ojos pícaros, uno de los mayorcitos, 14 años, cuenta que su familia de ocho personas salió de la parcela en el campo a buscar refugio en San José. “Dejamos todo, eso se perdió (…) a mi mamá le dio miedo por nosotros, porque ya había habido reclutamiento y algunos ya estábamos grandecitos”.
El niño relata que primero fueron los panfletos con amenazas, después los rumores del reclutamiento y, finalmente, la salida en busca de refugio.
_ ¿Eran de la guerrilla o paramilitares?
_ De la guerrilla. Un día se querían llevar a mi papá, y mandamos a mi hermanita, la menor, para que se le pegara al pié y se conmovieran un poquito y no se lo llevaron, sino que lo soltaron.
_ ¿Ahora te sientes seguro en el albergue y en la ciudad?
_ No del todo porque siempre ha habido problemas, pero sí me siento mucho mejor.
Escuelas minadas
El conflicto se ha extendido y pervertido tanto, que espacios aparentemente seguros como la escuela se convierten en lugar de disputa y factor de riesgo, ya sea porque sus instalaciones se usan de parapeto, porque en sus alrededores se siembran minas antipersonal o porque los uniformados irrumpen en los salones de clase y patios de recreo para censar a los alumnos y seleccionar sus presas. Ocurrió en una escuela del Chocó, en el litoral Pacífico, donde unos guerrilleros seleccionaron a los niños que tenían mejor dentadura para enrolarlos en sus filas.
Distintos flancos violan derechos de los niños
En el Informe del Secretario General de Naciones Unidas sobre los niños y el conflicto armado en Colombia, publicado en agosto del año pasado, se advierte la preocupación por “los interrogatorios a que somete el Ejército a los niños capturados en los grupos armados ilegales o liberados, así como por los retrasos en su entrega a las autoridades civiles,” que a veces excede las 36 horas de Ley. En marzo del 2008, consta en el documento, un niño desvinculado de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, FARC, fue retenido e interrogado por cinco días.
Combatientes y espías
Hay una suerte de especialización en las tareas que, según el género, se asigna a los menores. “La tendencia es a reclutar niños para el combate y a niñas para actividades de inteligencia y explotación sexual,” comenta Hilda Molano, abogada y coordinadora del ‘Observatorio de niñez y conflicto armado, de la Coalición Colombia’, organización en la que confluyen 11 organizaciones. Se ha constatado que en zonas de conflicto se utiliza a los menores para que den cuenta del paradero y actividades de sus familiares, así como de las personas que entran y salen de las comunidades, afirma la abogada que, además, destaca la explotación sexual de la que son objeto las niñas, desde temprana edad, 12 años.
Radio Nederland. - Desde el punto de vista del Estado, ¿cuál ha sido la reacción frente a los diagnósticos e informes de la Coalición?
Hilda Molano.- De alguna manera, la tendencia ha sido a negar situaciones, a calificar los hechos de aislados, no sistemáticos ni de ocurrencia nacional. De otro lado, en casos de campañas cívico-militares, se subestima el riesgo que implican para la población infantil y juvenil. Se plantean como parte de la estrategia del Estado para acercar a los civiles a la fuerza pública, partiendo del principio de lograr protección, cuando en realidad pueden entrañar riesgo, al tiempo que se afirma que tales campañas no son susceptibles de negociación, pues, forman parte de la política nacional de seguridad.
¿Voluntarios?
Adriana Esguerra, de la ‘Comisión Intersectorial para la prevención del reclutamiento y utilización de niños, niñas, adolescentes y jóvenes por grupos al margen de la ley’, con presencia en 120 municipios del país, en la que convergen instancias como la Vicepresidencia de la República, Acción Social, Defensoría del Pueblo, enfatiza que, un 85 por ciento de los niños que se unen a los grupos armados lo hace de manera “voluntaria”, aunque se sabe que todo reclutamiento es ilegal y forzado directa o indirectamente.
“Ellos no se van porque les ponen un arma detrás de la espalda, si no forzados por otras situaciones,” tales como enamoramiento, adoctrinamiento, cierta seducción por una forma de vida diferente, oferta de dinero para sus familias o ausencia de otras opciones.
“Es tal la inconsciencia de nuestra sociedad sobre los menores, no solamente como futuro sino como presente, que se nos van de las manos y no nos damos cuenta. Incluso en nuestras circunstancias, no se considera grave que un niño o niña se vaya de su casa, hasta pasado un año, o hasta que lo encuentran muerto.
Radio Nederland.- ¿Cómo prevenir el desangre de niños en la guerra?
Adriana Esguerra.- Un menor que tiene una familia que lo quiere, oportunidades de ir a escuelas de música, de practicar fútbol, de ir a una playa segura, que no sufre maltratos ni abusos sexuales en su casa, tendrá perspectivas de vida mejores a las de la mayoría de los pequeños colombianos, quienes son proclives a irse con cualquier grupo. No se trata solamente de llevarse a los niños, entregarles un arma y vestirlos de camuflado, sino que éstos terminan de informantes, colocando explosivos, haciendo minas antipersonales, vendiendo drogas en sus colegios, implicados en cadenas de micro tráfico, usados en los corredores de trasiego de los insumos para la cocaína y reclutados como ‘raspachines’ (recolectores) en los cultivos ilícitos.





























Sra. Cordoba,que opinion tiene usted del abuso infantil por parte de lo que usted llamo en su entrevista el proyecto politico de las FARC?
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