Desagradecida, codiciosa, oportunista, apátrida, sinvergüenza, cínica, vividora, y muchos más señalamientos, algunos con nombre de animal, llenaron los comentarios de la red pocas horas después de conocerse dos solicitudes que la familia de la ex rehén de las FARC, Ingrid Betancourt, entabló contra el Estado colombiano por daños y perjuicios causados en los seis años de su secuestro, tasados en el equivalente en pesos a unos 7 millones de dólares.
Técnicamente, la reclamación presentada ante la Procuraduría General de la Nación el 30 de junio pasado, por el abogado Gabriel Devis, en representación de la familia Betancourt Pulecio, se denomina ‘acción de conciliación’ y es el paso previo a una demanda.
Indignación colectiva
En un fenómeno que amerita un psicoanálisis colectivo, la indignación es el denominador común de pronunciamientos oficiales, columnas de prensa y comentarios de corrillo callejero, en relación con quien en su momento fue la senadora más votada del país y durante el cautiverio de seis años, símbolo internacional de la lucha contra el secuestro. El gobierno francés, pues Ingrid tiene doble nacionalidad colombiana y francesa, intentó su rescate enviando un avión a las selvas del Brasil, y el presidente Álvaro Uribe accedió a la petición de su par, Nicolás Sarkosy, de liberar a Rodrigo Granda, responsable internacional de la organización insurgente, para facilitar las negociaciones. Ahora Granda es requerido mediante circular roja de Interpol.
La reclamación ha sido interpretada como una afrenta a la patria y un intento de saqueo al erario público, con una animosidad inédita a propósito, por ejemplo, de la cadena de corrupción de contratistas del Estado, muchos con nombre propio. En enero pasado nadie se mosqueó cuando el ‘Zar Anticorrupción,’ Óscar Ortiz, dijo que en 2009 se pagaron sobornos por el equivalente a unos 6 mil millones de dólares, tanto como la inversión extranjera directa de un año, con lo que “se podrían hacer 2.000 alcantarillados y 1.800 acueductos; se pagaría la educación de 325 mil niños; se podrían beneficiar 347 mil familias con un subsidio de vivienda individual de 11,5 millones de pesos cada uno”.
El fin de semana, en cambio, se hizo el cálculo de que la conciliación a la que aspiran las Betancourt – Ingrid, sus dos hijos, su madre y su hermana – equivaldría a un salario de 6 millones de pesos diarios, 333 veces más que el mínimo legal de 10 dólares, ingreso que sólo un tercio de la población económicamente activa (24 millones de personas), devenga, pues el resto son subempleados y desempleados.
El vicepresidente Francisco Santos, encargado de la política de derechos humanos, quien en 1990 fue secuestrado por el Cartel de Medellín de la cocaína, al mando de Pablo Escobar, calificó la reclamación como “premio mundial a la ingratitud y a la desfachatez”, probablemente en alusión al Príncipe de Asturias de la concordia que le otorgó el Gobierno español en 2008 y a su postulación, ese año, para el Nóbel de Paz. “Sin duda es uno de los actos de ingratitud que quedarán en la historia de Colombia y también de oportunismo y de codicia, tanto de Ingrid como de su mamá, Yolanda Pulecio”, afirmó quien también es promotor de País Libre, fundación que lucha contra el secuestro y acompaña a las víctimas.
El cardenal católico Pedro Rubiano dijo que la demanda debería interponerse contra las FARC, como si se tratara de una institución más, y ex procuradores y juristas, todos a una, desestimaron la petición económica.
Solidaridad y jurisprudencia
En respuesta a la avalancha de críticas, Ingrid dijo anoche, desde Nueva York, al periodista Darío Arismendi, de Caracol radio y televisión, que no la mueve la codicia, que se arrepentía de haber interpuesto el recurso ante la Procuraduría, pero no anunció que lo fuera a retirar. La movieron, dijo, la solidaridad con sus ex compañeros de cautiverio, algunos de los cuales le pidieron que actuara en tal sentido, y que con la acción de conciliación busca que se reflexione y siente jurisprudencia sobre “los mecanismos de protección que brinda el Estado colombiano a sus ciudadanos víctimas del terrorismo”.
Sigifredo López, único sobreviviente del secuestro (2002) de 12 diputados del departamento del Valle y su posterior masacre (2007), ya entabló demanda contra el Estado; el senador Jorge Gechen y el ex gobernador Alan Jara, prepararían sendas reclamaciones.
“En mi cabeza nunca ha estado la intención de demandar. Los culpables de mi secuestro son las FARC. Los que me liberaron, los héroes de la Operación Jaque”, aseveró Betancourt , en alusión al rescate de la inteligencia militar que el 2 de julio de 2008 la liberó de las FARC junto con tres contratistas estadounidenses y 11 soldados y policías. Desde ese momento “sellé un pacto de sangre con las Fuerzas Armadas colombianas. Yo adoro a mi patria (…) me duele lo que ha sucedido”, reiteró.
De archivo
Los archivos de prensa indican que la mañana del sábado 23 de febrero de 2002, Ingrid Betancourt, candidata presidencial por el Partido Verde Oxígeno, su jefe de campaña Clara Rojas, un camarógrafo, un reportero de un medio francés y un ingeniero-conductor, viajaron de Bogotá hacia San Vicente del Caguán, departamento del Caquetá, epicentro hasta tres días antes de la ‘zona de distensión’, territorio desmilitarizado por el gobierno de Andrés Pastrana (1998/02) para facilitar diálogos de paz con las FARC.
Dada la tensión por la terminación de los fallidos diálogos entre el gobierno y la guerrilla, las autoridades intentaron disuadir a la candidata de que viajara a San Vicente para un acto de campaña programado por el alcalde de la localidad, Néstor López, militante de su partido.
Camilo Gómez, quien para la época del secuestro de Betancourt era Alto Comisionado de Paz, recordó que existe una minuta firmada por Ingrid en el retén militar más avanzado en la que ella asume “que continúa bajo su responsabilidad".
En el mismo sentido, el pasado fin de semana un comunicado del ministerio de Defensa señaló que Betancourt "desatendió las insistentes recomendaciones de la fuerza pública y otras autoridades de no proseguir en su intención de viajar al municipio de San Vicente del Caguán”, y que no existe "ningún elemento objetivo que permita deducir la responsabilidad del Estado en esos hechos".
La defensa
Sin embargo, desde Nueva York, Ingrid le dijo al periodista Arismendi que lo que la condujo al fatídico secuestro fue resultado de la manipulación del gobierno de Pastrana que, al tiempo que afirmaba tener el control de la recién recuperada zona del Caguán, le retiró los escoltas y se negó a transportarla en helicópteros del Ejército, pese a que algunos oficiales dijeron que podían hacerlo. Argumentó que era “inadmisible para la campaña y la democracia” que el gobierno controlara su esquema de seguridad y escoltas y, por tanto, avanzó en su empeño. En cuanto a la solicitud de conciliación, reconoció que la suma es “astronómica” y por tanto “simbólica”, porque “es muy difícil pretender tasar el sufrimiento de las familias víctimas de terrorismo”.
Incógnita
Desde la animosidad del trópico queda la incógnita de si la Juana de Arco que el imaginario de la opinión pública francesa forjó de la glamorosa ex candidata presidencial de ‘La Colombie’ también descenderá de los altares o si el racionalismo permitirá una lectura más desapasionada de la solicitud económica de una víctima incontestable del conflicto, a quien localmente se le desdeña, con ardor, tal vez por las pretensiones aristocráticas de su familia y la distancia que siempre puso entre París , Bogotá y las selvas del Caguán, donde aún quedan 19 soldados y policías en poder de la guerrilla, que aspira a canjearlos por 500 presos de su organización.





























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La operación "Jaque" fue magnificada artificialmente por los medios de comunicación burgueses colombianos y mundiales. Sin negar la minuciosa labor de inteligencia y de engaño desempeñada por el Estado colombiano, ese operativo distaba mucho de ser un golpe mortal para las FARC, como se intentó que apareciera. En realidad, la operación "Jaque" tenía la finalidad de aislar aun más al movimiento guerrillero y mostrar fuerte al Estado colombiano, todo ello en un contexto de crisis del capitalismo a nivel mundial y de una embestida del imperialismo estadounidense en América Latina, que se traduciría en la instalación de bases militares norteamericanas en Colombia. Ingrid Betancourt fue la imagen central. A pesar de ser, sencillamente, una mujer más del establishment colombiano, Ingrid fue presentada como una heroína. Si juzgamos a las personas por lo que les pasa, por lo que les ocure, y no por lo que hacen conscientemente, Ingrid tenía un gran mérito: haber sido secuestrada. Pero en realidad, lo único que puede ser juzgado como meritorio es lo que hacemos, en uso de nuestra inteligencia y nuestra voluntad, y no lo que nos acontece circunstacialmente. ¿Se imaginan a un individuo que se sienta un modelo a seguir sólo porque le llovió, o fue asaltado, o porque le llovió dinero del cielo? Potencialmente, todos estamos expuestos a sufrir un delito, y no porque nos ocurra deberemos ser exaltados sobre los demás. El caso de Ingrid Betancourt es similar al de "Lady Di". Se trata de dos personajes carentes de contenido, insípidos, estúpidos, descollantes por sus escándalos, por algunos hechos tormentosos y por nada más. La prensa burguesa se encargó de divinizar a una de las integrantes distinguidas de la rancia oligarquía capitalista colombiana. Seguramente Ingrid estaba feliz con su nueva fama, pero cometió un grave error: acusar a los de su propio gremio de su secuestro. Ahora Ingrid es una traidora. Una traidora para los de su clase, la clase dominante, la clase burguesa. Y como tal debe ser castigada. Sus palabras, que una vez fueron proféticas, ahora provienen de una "Desagradecida, codiciosa, oportunista, apátrida, sinvergüenza, cínica, vividora..." Por supuesto que Ingrid Betancourt no ha volteado sus baterías contra el Estado colombiano porque súbitamente haya caído en la cuenta de las injusticias sociales, de los procesos históricos, de las primeras causas de la explotación, etc. Lo ha hecho precisamente porque es como cualquier otro capitalista: ambiciosa, amante del dinero, no importando su fuente ni lo que deba de hacerse para conseguirlo. Por 7 millones de dólares bien vale la pena transformarse de una deidad en un insecto. La Ingrid que después de su rescate parecía salida de un trance divino, como Moisés después de hablar con Dios en el Sinaí, como Santa Teresa de Jesús después de un arrebato místico con Cristo, ahora se convierte, por obra y gracia de los mismos medios de comunicación que la ensalzaron, en una pieza de desecho. Me alegro que los hechos se encarguen de descorrer el velo de mentiras que la propia burguesía capitalista pone frente a nuestros ojos.
El primer productor de cocaina del mundo apoyado por el primer consumidor.
Colombia va ayudar Alemania en Afganistan,....
El principal productor de cocaina ayuda a Alemania en Afganistan?
Vealo,....http://www9.dw-world.de/tagesvideo/index.php?v=esp&s=681
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