En la contienda por el segundo cargo de poder en Colombia, el economista Gustavo Petro, de 51 años, ex legislador y ex militante de la guerrilla M19, postulado por el Movimiento Progresistas, obtuvo la alcaldía de Bogotá con más de 721 mil votos, 160 mil por encima del ex alcalde Enrique Peñalosa.
“El que Bogotá haya decidió acoger como alcalde de la ciudad a un hijo del proceso de paz de 1989, a un hijo de la Constitución de 1991, es ni más ni menos que Bogotá no cayó en la trampa de la política del odio y de la guerra eterna”, dijo quien regirá los destinos de la ciudad más populosa del país, con 7 millones de personas, más de la mitad bajo la línea de pobreza. Al medio millón de desplazados de la violencia que han recalado en sus barrios marginales, ofreció cumplir la Ley de Víctimas, recientemente expedida, y a los pobres, que son mayoría, trabajar por una ciudad incluyente, abaratar los servicios públicos y declarar el agua como un derecho.
El triunfo de Petro significa un golpe al ex presidente Álvaro Uribe (2002/2010) que con su apoyo decidido y activo a Peñalosa, puso a prueba su influencia política a un año de haber dejado el poder.
La jornada para elegir 32 gobernadores departamentales, 1.102 alcaldes municipales y varios miles de diputados a asambleas y concejos, transcurrió sin mayores sobresaltos. Relativa normalidad, porque aunque ayer no se registraron protuberantes hechos de violencia, la campaña estuvo antecedida de 150 atentados, desde amenazas, extorsiones y secuestros, hasta el asesinato de 44 candidatos de acuerdo con estadística de la ONG Arco Iris.
Nacional y local
La competencia por lograr el voto de los 30.700.000 electores potenciales fue reñida: para las 32 gobernaciones departamentales se inscribieron 152 aspirantes y para los 12.000 escaños de concejos municipales, 80.000 candidatos.
En cuanto a lo ideológico, la campaña estuvo marcada por numerosas coaliciones entre partidos de diverso signo, muchas con más cálculo aritmético que programático.
Una alianza del partido Verde y el Partido liberal, obtuvo la gobernación de Antioquia, el departamento más poblado, para Sergio Fajardo y la alcaldía de Medellín, para Aníbal Gaviria. En Cali, tercera ciudad del país, fue elegido Alfredo Guerrero, por un movimiento independiente, y en Barranquilla, principal puerto sobre el Caribe, Elsa Noguera, del partido Cambio Radical, es la alcaldesa.
Como hecho excepcional, en el municipio de Bello, próximo a Medellín, ganó el voto en blanco con 57% frente a 42% del único candidato, Germán Londoño, impuesto por las maquinarias tradicionales.
A boca de urna, en La Candelaria, el barrio viejo de la capital, María Jimena Lozada, estudiante de enfermería, quien por primera vez votó, dijo a Radio Nederland que para ella los comicios de ayer “significaron mucho, pues, es hacernos escuchar, hacernos ver como un grupo grande, que quiere un cambio para la comunidad donde vive, el espacio donde reside, en mi caso La Candelaria. No me había involucrado pero este año sí”. Ese entusiasmo, sin embargo no es el signo común de los jóvenes; la mayoría tienen como opción el voto en blanco o la abstención “porque no confían en nadie “, añadió.
Transparencia vs. Corrupción
Para las 93 mil mesas de votación en los 102 municipios del país se utilizaron nuevos módulos de votación, con mayor privacidad para el elector, y en algunas localidades se aplicó, por primera vez, la biometría o identificación por huella digital que deberá generalizarse para los comicios de 2014, cuando también será imperativo entregar a los delegados de los partidos copias de las actas por mesa.
En los últimos cuatro años la Registraduría Nacional del Estado Civil, ente responsable de los comicios, renovó 25 millones de cédulas incluyendo código de barras e información dactilar, y dio de baja cinco millones de documentos de identidad correspondientes a personas muertas que aparecían en el censo electoral. Aplicó medidas antifraude como el traslado de 700 registradores locales para evitar ‘compadrazgos’ y se estableció una ‘ventanilla’ de consulta de antecedentes de los candidatos.
Según la oficina de Democracia y Participación del Ministerio del Interior, de 101.430 aspirantes iniciales, 9.112 tenían procesos penales abiertos, muchos por inasistencia alimentaria a sus hijos, pero también por narcotráfico y algunos hasta por elaboración de minas antipersona. Además, mediante cruce de diversas bases de datos se estableció doble registro y otras anomalías en 460.000 cédulas inscritas.
Pese a las medidas aplicadas, el Registrador Nacional, Carlos Ariel Sánchez reconoce que los problemas de corrupción persisten porque “el poder corrompe” y donde hay más competencia y mayor costo para las campañas, los riesgos aumentan. Y el analista León Valencia, aseveró que los partidos “no fueron al fondo” del problema y recalcó que en 71 municipios se corrió un alto riesgo de elegir a un mafioso.
Bogotá, independiente
En Bogotá, con cinco millones de electores potenciales, en la última década se hizo costumbre votar por fuera de los partidos tradicionales. Esa tendencia fue la que favoreció a Gustavo Petro y su Movimiento Progresistas, suma de gente sin partido y bases del Polo, en el que el lideró el ala menos ortodoxa y del que se escindió este año, tras haber sido su candidato presidencial para los comicios de 2010. Antes, destapó el ‘carrusel de la contratación’ de corrupción en obras civiles del distrito capital, escándalo que condujo a la destitución y detención de su antecesor y antiguo copartidario, Samuel Moreno.
Con especialización en administración pública, desarrollo y medio ambiente, Petro y su programa ‘Bogotá humana ya’ se impuso a otros diez aspirantes. En el partidor para los comicios de 2014 quedan la independiente Gina Parody, en cuyo apoyo depuso su candidatura a la reelección el ex alcalde Antanas Mockus, y a Carlos Galán, hijo de Luis Carlos Galán, dirigente liberal asesinado en 1989 por el Cartel de Medellín de la cocaína.
¿Reconciliación?
Petro dijo que la campaña que culminó ayer “ha sido la más dura” de su intensa carrera política. Inició a los 21 años como Personero de Zipaquirá, municipio de la sabana de Bogotá, a donde llegó niño de su natal Ciénaga de Oro, en la región Caribe, y estudió en el mismo colegio de Gabriel García Márquez, su ídolo literario, cuya obra conoce al dedillo al punto de que de ahí sacó el alias de Aureliano, que lo arropó en tiempos de clandestinidad en el M19, cuyo manifiesto para deponer la lucha armada se ufana de haber redactado junto con Carlos Pizarro, el líder asesinado poco después de la firma de la paz en 1990.
Entre 1991 y 2009 fue Representante a la Cámara (baja) y senador, destacándose por su verbo incisivo y las denuncias contra la penetración del paramilitarismo en el poder ejecutivo local y nacional, al punto de haber dicho en su momento que aquí gobernaba un ‘narco estado’.
Con esos antecedentes, el triunfo de Gustavo Petro en Bogotá se interpreta también como una apuesta por la reconciliación de este país escindido por tantas guerras, algunas pendientes de saldar aún, y un corte de cuentas con las prácticas indecorosas en la administración pública.
Advertencias
“Nuestra única candidata es la democracia, la libertad” había dicho la víspera el Presidente Juan Manuel Santos al llamar a votar, temprano y masivamente, y castigar a los corruptos no votando por ellos.
Decantados los escrutinios y analizados con lupa los antecedentes de los mandatarios y diputados electos, se sabrá si los colombianos atendieron la recomendación presidencial o si las banderas rojas que la Misión de Observación Electoral puso en el mapa electoral siguen ondeando. Vale señalar que los presupuestos municipales para el próximo cuatrienio serán jugosos, dada la bonanza minera por la que atraviesa Colombia, y una reciente reforma a la Ley de regalías que favorece las arcas locales.



























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