El retorno a la libertad de Clara Rojas y Consuelo González, tras seis años de secuestro, ha suscitado emoción y alegría, pero también incertidumbre por la suerte de los casi 700 secuestrados en poder de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, FARC. La comunidad internacional insiste en una salida negociada, y el mandatario colombiano defiende su política de seguridad. - María Isabel García
La de ayer fue una jornada de contrastes. Emoción y alegría por el retorno a la libertad de Clara Rojas y Consuelo González, tras seis años de secuestro. Nostalgia e incertidumbre por la suerte de las casi 700 personas que permanecen en poder de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, FARC. Presión internacional por una salida negociada al conflicto colombiano, y firmeza del presidente Álvaro Uribe en defensa de su política de Seguridad Democrática.
En el foco de atención, los llamados ‘canjeables', integrados por la ex candidata presidencial y ciudadana colombo-francesa, Ingrid Betancourt, otros siete políticos, tres ciudadanos estadounidenses y 34 soldados y policías. Todos ellos objetivo de campañas de solidaridad que ahora contarán con el activismo ya anunciado por las dos recién liberadas.
Las posiciones a favor del intercambio de rehenes en poder de la guerrilla por presos de esa organización saldrían fortalecidas con la culminación exitosa de la gestión del presidente venezolano, Hugo Chávez, y de la senadora colombiana Piedad Córdoba, quienes, pese a haber sido cesados por el Gobierno de Colombia en su función de mediadores, persistieron y lograron que las FARC entregaran a las dos secuestradas.
En evidencia, la internacionalización del conflicto colombiano. Los himnos nacionales de Colombia y Venezuela, en la ceremonia de bienvenida en el Palacio de Miraflores, en Caracas, y múltiples mensajes emitidos por los Gobiernos europeos y americanos, en los que se ponen a disposición de una salida política, hacen pensar que soplan vientos a favor del intercambio humanitario.
Maternidad
Con entereza, Clara Rojas habló de su parto en medio de la selva, y narró que ocurrió el 16 de abril de 2004, y que fue atendida por un guerrillero que estudió medicina, aunque no se graduó, y dos enfermeras que lo asistieron. "Fue tenaz", dijo al referir las dificultadas en que le practicaron una cesárea que la tuvo en cama, sin moverse, durante 40 días.
"El niño se llama Emmanuel porque, como dice la Biblia, es un regalo de Dios". Y lo recuerda como bebé, " pequeñito, divino, y lo que más me impactó fue su sonrisa, y su llanto". Sólo estuvo con él ocho meses, tras lo cual los separaron. Siempre pensó que el niño había sido entregado a su madre, en Bogotá, a través de la Cruz Roja, como tantas veces lo pidió en mensajes al comandante jefe de la guerrilla, Manuel Marulanda.
Contó además que algunas de las primeras prendas que vistió su hijo se las confeccionó Ingrid Betancourt, con quien, por aquella época, compartía el mismo lugar de cautiverio. Después las separaron, y sólo volvió a saber ella a raíz de las recientes pruebas de supervivencia. "Quedé muy angustiada (...) Ingrid, ánimo, yo espero verte aquí pronto", le dijo a su compañera de lides políticas.
Volver a vivir
A los pocos minutos tras su entrega a la comisión humanitaria, y frescos aún los apretones de mano que marcaron la despedida con los guerrilleros que se internaban de nuevo en la manigua, la ex parlamentaria Consuelo González habló con el presidente Chávez, por el teléfono del ministro Rodríguez Chacín, coordinador del operativo.
"Aló, presidente, mil gracias por toda su gestión humanitaria. No puede bajar la guardia, los que quedaron le envían ese mensaje. Mil gracias, nos está ayudando a volver a vivir. Presidente Chávez, no sé cómo decirle ni cómo expresarle mi agradecimiento por su gestión humanitaria; su actitud compromete inmensamente la actitud demócrata que tienen que tener los gobernantes".
Luego, en Caracas, el presidente y la liberada ‘intercambiarían' nietos, durante la ceremonia de bienvenida que el mandatario organizó en el Palacio de Miraflores. La ex congresista sostuvo en brazos al nieto de Chávez, y éste a Maria Juliana, la hija de Patricia Perdomo, nacida en su ausencia.
Uribe inamovible
Desde su hacienda ‘El Ubérrimo', en el norteño departamento colombiano de Córdoba, el presidente Álvaro Uribe se dirigió al país en tomo moderado y contenido, y agradeció varias veces al presidente Chávez la eficaz gestión adelantada y los gestos de la comunidad internacional. Mencionó de manera especial a Cuba y a Fidel Castro por su la ayuda "discreta" que, en busca de la paz, le ha prestado a su Gobierno.
No obstante, no dio su brazo a torcer con respecto al intercambio humanitario, ni modificó un ápice su posición, defendió la política de Seguridad Democrática, a la que atribuyó la reducción de los secuestros, y manifestó que su Gobierno está "listo para la paz" que se conquista desde la firmeza y no con las "posturas apaciguadoras del terrorismo".
Reiteró la oferta de una ‘zona de encuentro', con la Iglesia Católica como canal de intermediación, en vez de la desmilitarización de dos municipios, como exigen las FARC. A éstas, pidió cumplir anuncios del pasado, según los cuales la condición para hacer la paz eran garantías para el ejercicio de la oposición, y desmonte del paramilitarismo, condiciones ambas que, dijo, cumple su Gobierno.
Expresó alegría por la liberación de Clara Rojas y Consuelo González, con quienes habló antes de su alocución, pero dedicó la parte central de la intervención a nombrar a los 33 soldados y policías secuestrados. Así mismo, hizo un recuento de los muertos en fallidos intentos de rescate, y de quienes lograron salir ilesos, como el canciller Fernando Araújo, y de aquellos que lograron huir, como el subintendente de policía, John Pinchao. "Nos duele la suerte de estos secuestrados", dijo.
Chávez insiste
En tanto, desde caracas, Chávez insistió en su disposición para reunirse con el líder de las FARC, e impulsar el canje de presos de esa organización por los 44 secuestrados. "Presidente (Uribe), úseme, estoy a la orden. Replanteo lo de ir al Guaviare o al Caguán, porque me monto en un helicóptero y en tres horas estoy hablando con Marulanda. Permítalo. Vamos a buscar la vida", exclamó desde Caracas, en medio de la euforia por la culminación exitosa de la operación.
"Colombia tiene 60 años de guerra, ya está bueno. Ojalá el Gobierno de Colombia pueda oír algunas de nuestras propuestas", expresó Chávez, quien acogió a las dos liberadas y sus parientes en una emotiva ceremonia en el Palacio de Miraflores, durante la cual se interpretaron los himnos nacionales de Colombia y Venezuela.
Los que se quedaron
"Me da mucha alegría verlas, y al mismo instante tristeza por que mi hijo se quedó en la selva", dijo la madre de un soldado que casi lleva una década de cautiverio, y quien no ha perdido detalle de las transmisiones por televisión. "¡Cuánto más tendré que seguir sufriendo como ellas lo hicieron!", dijo con voz entrecortada y los ojos anegados en lágrimas.
El retorno de Clara y Consuelo es un "mensaje de muchísima alegría, de esperanza, y una puerta que se abre para otras liberaciones", expresó Juan Carlos Lecompte, esposo de Ingrid Betancourt.
La senadora colombiana Piedad Córdoba, quien asistió a la entrega en la selva, confirmó que, con las dos liberadas, llegaron un mensaje de las FARC para el presidente Chávez, y pruebas de supervivencia de unos diez cautivos, entre ellos el ex gobernador del Meta, Alan Jara, el ex congresista, Jorge Gechen, y Gloria Polanco.
Gesto unilateral
El de ayer es el primer acto unilateral de la guerrilla en el camino de un intercambio humanitario por el que cada vez más presionan sectores de la opinión colombiana y de la comunidad internacional. Con el gesto, la más antigua guerrilla del continente intenta abrirse un espacio de interlocución internacional, dada la asfixia política que la aqueja tras haber sido declarada organización terrorista, tanto por el estadounidense Departamento de Exteriores como por la Unión Europea.
Mientras se oyen voces que piden al Gobierno que responda poniendo en libertad algunos presos de las FARC, otras creen que corresponde a la guerrilla brindar confianza. El Gobierno colombiano ya excarceló unilateralmente guerrilleros, entre ellos al llamado canciller de las FARC, Rodrigo Granda, recordó, por su parte, Alfredo Rangel, director de la Fundación Seguridad y Democracia. La "inusitada" visibilidad internacional que ha adquirido el conflicto colombiano, "obliga a ambas partes, Gobierno y guerrilla, a moverse muy rápidamente en procura de un intercambio humanitario, afirma el experto en asuntos de seguridad.
Como símbolo de lo que puede ser la dinámica más inmediata, se han desplegado carteles en los frontis de las alcaldías de París y Bogotá con los rostros de Ingrid Betancourt y otros secuestrados, así como mensajes de apoyo al intercambio humanitario.
En tanto, en las familias de las dos liberadas reina celebración, afecto represado, presentación de nuevos miembros, lágrimas por los ausentes y seis años de confidencias sin confiar.





























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