“El tema de los derechos humanos en Colombia está completamente politizado. ¡Eso no puede ser!” dice, indignado, Cor van Beuningen de la fundación holandesa Socires, quien hace un par de días retornó de Colombia.
Van Beuningen integró una misión internacional compuesta de 40 delegados de unos 15 países, que visitó recientemente el Estado sudamericano, cerrando así la campaña por “El derecho a defender los derechos humanos en Colombia”, iniciada el 2009.
Las conclusiones a las que llevó la visita son, a todas luces, completamente diferentes a la información proporcionada por el Gobierno colombiano.
La realidad es que, en Colombia, donde la violencia parece no terminar nunca, los líderes comunitarios y los defensores de derechos humanos se han convertido en víctimas preferidas de los grupos armados. Desde julio del 2010, fecha en que Manuel Santos asumió la presidencia del país, más de 50 dirigentes indígenas fueron víctimas de la violencia y se registraron más de 250 agresiones, además de desapariciones de varios dirigentes.
Según declaraciones de Cor van Beuningen, de la Fundación Socires de Holanda, todas estas agresiones continúan en la impunidad. Los casos en que los responsables de estos actos fueron llevados ante la Justicia no pasan de la decena. “Hay que tomar en cuenta que los casos que son denunciados son pocos. Existe un temor generalizado para denunciar estas agresiones.” Ese temor es comprensible. No pocas veces denunciantes de ataques por parte de grupos armados fueron víctimas de fuertes represalias que generalmente culminaron con el asesinato. De cualquier modo, la cantidad de ataques contra los dos grupos arriba indicados, sobrepasa, casi con seguridad, las cifras conocidas.
Capacidad y voluntad política
Todos estos datos proporcionados por Van Beuningen revelan una situación que no se parece en nada a la pintada por el mandatario colombiano que, no hace muchos meses atrás, recibió el voto de confianza de la Unión Europea por los avances logrados por su gobierno en materia de derechos humanos.
“Una cosa son las intenciones, pero otra es la capacidad y voluntad política’’, dice van Beuningen, y añade que la implementación del programa de protección de los defensores de derechos humanos y líderes comunitarios hasta ahora prácticamente no ha tenido ningún impacto.
Politización de DDHH
Por otro lado, la misión internacional ha podido constatar una enorme politización del tema de los derechos humanos en general. Según van Beuningen, las organizaciones de derechos humanos critican al Gobierno por su política neoliberal, por el daño ambiental que causan ciertos proyectos de desarrollo, etc, y no se ocupan específicamente de la defensa de las personas. “Por otro lado, continúan los señalamientos y estigmatizaciones contra los defensores de derechos humanos, tanto por grupos paramilitares, que siguen existiendo, como por el mismo ejército, que distribuye panfletos con fotografías de líderes comunitarios, señalándolos de esa manera como guerrilleros.”
Las persecuciones y asesinatos no han terminado en Colombia, a pesar de los esfuerzos que el Gobierno afirma estar realizando. ‘’Necesitamos aún algún tiempo’’, es la respuesta obtenida por la delegación cuando ésta pidió explicaciones a las autoridades sobre los hechos.

























Es importantísimo, que éste tipo de observadores internacionales, sigan participando con sus críticas constructivas, en un tema complejo como la politización de los derechos humanos.
En estos momentos en Colombia, por ejemplo, se está aprovechando políticamente por parte del gobierno de Santos y de los sectores de derecha y sus medios, las acusaciones contra organizaciones (ONG-Universidades) que luchan por restituciones de tierras y reparación de personas y grupos víctimas de masacres perpetradas por los distintos actores armados del conflicto, con un objetivo claro: desprestigiar el trabajo en derechos humanos que se realiza en Colombia.
Muy apropiado entonces, los espacios que Radio Nerderland sigue abriendo al tema colombiano, aportando desde un periodismo crítico, independiente, serio, sin dejar de ser por ello agradable.
LUIS REMIGIO SOLORZA ROMERO
BOGOTÁ-COLOMBIA
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