Gran derroche de dinero, tanto legal como de procedencia ilícita, así como el fraccionamiento de 16 partidos y más de 60 movimientos, caracterizan los comicios legislativos del domingo.
En total, 2500 candidatos se disputan 102 escaños del Senado y 166 cupos en la Cámara Baja. Y si bien hay expresiones notables de búsqueda de renovación política, tanto en corrientes de los partidos tradicionales como en nuevos movimientos, la persistencia de prácticas corruptas en busca de cooptar el poder con métodos mafiosos hace presumir que el Congreso que se elija el domingo no se sacudirá del estigma de desprestigio que ha marcado las dos últimas legislaturas y que condujo a la cárcel, por comprobados o presuntos vínculos con el narcotráfico y la parapolítica, a más de 50 de sus miembros.
Corrupción
Los sinónimos de corrupción parecen incontables. “Las elecciones están podridas,” afirma sin vacilar Rafael Pardo, candidato presidencial del opositor Partido Liberal (PL), quien responsabiliza al Gobierno del presidente Álvaro Uribe de tolerar que sus candidatos afines hayan violado los límites establecidos para la publicidad y que se hayan filtrado contratos para financiar campañas. “Ésa es plata de nosotros, de los impuestos,” enfatiza el candidato.
“Hay mucha, mucha plata de dudosa procedencia,” asevera Juan Gabriel Uribe, jefe de debate de Nohemí Sanín. Por su parte, el General Rafael Bonett, ex comandante de las Fuerzas Armadas y catedrático de las Universidad de El Rosario, señala que Colombia ya va a completar 40 años de gran influencia de los dineros del narcotráfico. “Es sabido que hay gran corrupción administrativa y desviación de fondos para las campañas políticas,” sostiene, “especialmente de las regalías y transferencias de dineros del Estado central a las regiones.”
En conversación con Radio Nederland, Bonett se refirió a lo que, coloquialmente, se llama ‘política en cuerpo ajeno’. “No hay derecho que hagan escándalo y saquen cifras, cheques, y rostros por los medios de comunicación, y esos mismos sujetos, al siguiente período, vuelven a ser candidatos, o sus hermanos, esposas e hijos figuran en las listas”, como ocurre en la actual contienda.
Como nunca
El constitucionalista Jaime Castro, quien conoce la letra menuda de las campañas por cuanto las ha hecho ya que fue alcalde de Bogotá, y las ha tenido que vigilar, pues también fue ministro de Gobierno, afirma que en el actual proceso electoral “hay politiquería y corrupción como nunca se había visto en el país. Todos nuestros procesos electorales estaban marcados por algo de politiquería y de corrupción, reducido a expresiones tolerables, pero aquí se desbordaron,” señala.
Radio Nederland.- ¿Cómo se expresa la corrupción?
Jaime Castro.- De todas las maneras posibles. Las mismas autoridades encargadas de garantizar la pulcritud de los comicios, como la Registraduría y el Consejo electoral, han reconocido que son incapaces de controlar todas las manifestaciones perversas a que está dando lugar el proceso en curso. Sin duda, estas parlamentarias tienen un poco el alcance de primarias de las presidenciales, porque a los diferentes aspirantes los van a medir en función del número de congresistas que elijan, y algunos saldrán fortalecidos, picando en punta y, otros terminaran siendo afectados.
RN.- Vistas esas advertencias sobre corrupción, ¿prevé que haya un cambio y renovación del Legislativo?
JC.- Dudo mucho. Pueden cambiar las personas, los nombres, pero dudo mucho que el Congreso recupere el prestigio de otro tiempo, como debería ser.
RN.- ¿Avizora un cambio de signo con respecto a los ocho años de Gobierno del presidente Álvaro Uribe, o una prolongación de lo que ha sido su política?
JC.- Los candidatos que se reclaman uribistas aspiran a ser continuadores, a que le hagan un guiño, a ser producto de lo que en México llaman el ‘dedazo’; están también los candidatos de la oposición e independientes, que no aspiran a ese grado de continuismo. Creo que de, todas maneras, el país está saliendo del gobierno de un líder excepcional, así uno no comparta las posiciones de Álvaro Uribe, y está entrando al gobierno de ‘los mortales’, de hombres más o menos ordinarios.
Modalidades
Ambos fenómenos, el de los dineros por encima de los límites permitidos por la Ley para financiar las campañas, y el de la multiplicidad de candidatos, se retroalimentan y coinciden con diversas modalidades de captura de votos. Están los llamados ‘promotores electorales’, líderes locales que negocian con las campañas su caudal de votantes a precios que oscilan entre los 30 mil y 50 mil pesos por voto (entre 15 y 25 dólares); becas y descuentos en instituciones educativas, que supuestamente redimirán contratos futuros; obras públicas en los barrios, y una y mil modalidades que pervierten el proceso y anclan la cultura política en un pasado no superado.
Pero no sólo desde las campañas proviene la corrupción, sino también desde los mismos electores acostumbrados al clientelismo. “¿Por quién hay que votar, doctor?, ¿cuánto me da y le voto?, son preguntas frecuentes, relató un jefe de directorio político en Bogotá.
Los nuevos
Es un enigma lo que puede ocurrir con las listas postuladas por movimientos de corte independiente y de nuevas prácticas políticas, como el Partido Verde, confluencia de seguidores de los ex alcaldes de Bogotá, Antanas Mockus, Enrique Peñalosa y Lucho Garzón, entre quienes se escogerá el candidato a las presidenciales de mayo. En esa franja está también el Movimiento Compromiso Ciudadano por Colombia, que lidera el ex alcalde de Medellín, Sergio Fajardo. Ambas propuestas cabalgan sobre el reconocimiento de las gestiones en las dos principales ciudades del país bajo la premisa de construir sobre lo construido, combate a la cultura de la ilegalidad y del atajo, transparencia y veeduría ciudadana.
Otras elecciones
El 14 de marzo también se elegirán, de forma directa y por primera vez, los cinco representantes del país ante el Parlamento Andino, posición por la que compiten 63 aspirantes.
Además del Partido Verde, también escogerá candidato presidencial el Partido Conservador, que postula a cinco aspirantes, pero la polarización indica que la disputa se dirimirá entre el ex ministro de Agricultura Andrés Felipe Arias, de quien el presidente Uribe dijo que era su “copia mejorada”, y la ex Canciller Noemí Sanín.
Una consulta más es la del llamado ‘Voto Caribe’, propuesta de autonomía administrativa de los siete departamentos de esa región, en el norte de Colombia.
Cábalas
Los sondeos le atribuyen ventaja a las colectividades proclives al Gobierno: el tradicional Partido Conservador, el Partido Social de la Unidad Nacional (Partido de la U, de más reciente cuño,) y, en menor medida pero del mismo flanco ideológico, Cambio Radical. A la sombra, y también jugando a favor del Gobierno, el recién creado Partido de Integración Nacional (PIN), amalgama de rechazados en los anteriores, por vínculos ‘non santos’.
El Partido Liberal, colectividad que fue mayoritaria hasta la disidencia que condujo a Uribe al poder en el 2002, no figura entre los que aumentarán su caudal de votos, como tampoco ocurriría con el Polo Democrático Alternativo PDA, convergencia de distintos matices de la izquierda democrática.
Hace dos semanas, tras el fallo con el que la Corte Constitucional eliminó la posibilidad de una segunda reelección del actual mandatario, se desamarraron las apuestas, y la campaña entró en una carrera febril por el Congreso y la Primera Magistratura.
Con certeza, en ésta, la más breve e intensa campaña de los últimos tiempos, los resultados de las legislativas conducirán a realineamientos y coaliciones en torno a los nombres de los aspirantes a suceder a Álvaro Uribe.





























Sólo apuntar que el nombre correcto de Bonett no es Rafael, sino Manuel José. Manuel José Bonett Locarno.
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