En medio del ascenso de la protesta social, el fin de este año bisiesto le depara al gobierno de Álvaro Uribe una paradoja que podría marcar el punto de quiebre de su proyecto político: el Ejército que ejecutó los más contundentes golpes a la cúpula de las FARC quedó en la picota pública por cuenta de los ‘falsos positivos', siniestro método de reclutamiento de jóvenes marginales mediante falsas promesas laborales que luego son asesinados y disfrazados de guerrilleros muertos en combate
La magnitud del escándalo condujo al relevo del general Mario Montoya, comandante del Ejército, quien hasta agosto dirigió los mayores éxitos militares en 40 años de lucha contrainsurgente: la baja del canciller de las FARC, ‘Raúl Reyes', y la Operación Jaque que le arrebató a esa organización los 15 secuestrados políticos más emblemáticos. En menos de tres meses, él y otros 27 altos oficiales retirados pasaron de héroes a villanos.
"El éxito de la política de Seguridad Democrática frente a la dirección de las FARC está acompañada de una crisis humanitaria de dimensiones incalculables y de consecuencias y efectos nacionales e internacionales hoy día aún inimaginables", dijo a Radio Nederland, Luís Carlos Valencia, director de la maestría en Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Javeriana de Bogotá; "los anuncios de éxitos inminentes y definitivos contra la insurgencia armada pueden ser, al día de hoy, relativamente mediatizados", añadió.
Operación Fénix
En la madrugada del pasado 1 de marzo, una operación combinada del Ejército y de la Policía colombiana incursionó en territorio ecuatoriano y bombardeó un campamento clandestino de las FARC. ‘Raúl Reyes', portavoz internacional de esa organización, y otros 16 hombres fueron abatidos. En los computadores incautados, vasta información que nutre archivos por países y categorías desde Chile hasta Rusia, develando una amplia red de contactos que puso en las circulares rojas de Interpol a infinidad de personas y siglas.
Tres días después, la mano derecha cercenada de ‘Iván Ríos', jefe del Bloque Central y el miembro más joven del alto mando fariano, fue presentada al Ejército por su jefe de seguridad, alias Rojas, para cobrar la recompensa de 2.5 millones de dólares. Y antes de finalizar el mes, el 26 de marzo, moría el jefe histórico de las FARC, ‘Manuel Marulanda' , de un ataque cardiaco, según un comunicado divulgado en mayo. Entonces, ‘Alfonso Cano', antropólogo, asumió el mando, y la asediada guerrilla mayoritaria, que en seis años de dos administraciones del Presidente Uribe mermaron sus filas en más de 7.000 hombres, pasó de tener jefes de raigambre campesina a comandantes de origen urbano.
Operación Jaque
Una película, dos libros y varios documentales que le han dado la vuelta al mundo dan cuenta de la Operación Jaque, que el 2 de julio arrancó de los campamentos guerrilleros de la selva a Ingrid Betancourt, tres contratistas estadounidenses, cuatro policías y siete soldados. El Ejército se cubrió de laureles con la operación que clonó las dos dirigidas a comienzos del año desde Caracas por el gobierno de Hugo Chávez para liberar a seis rehenes, de los llamados canjeables. Salvo los reparos por la utilización ilegal del emblema de la Cruz Roja para engañar a guerrilleros y cautivos, inicialmente negado por el Gobierno y luego minimizado por el organismo internacional, la operación es reconocida como la cima de la estrategia contrainsurgente.
La secuela más visible de la avanzada contra las la guerrilla es la deserción entre enero y noviembre de 2008 de 3.240 alzados en armas, de acuerdo con cifras del estatal Programa de Atención Humanitaria al Desmovilizado. De las FARC se entregaron al Ejército desde comandantes como alias Karina, hasta subalternos como alias Isaza que huyó en noviembre con el legislador Óscar Lizcano a quien vigiló en el último periodo de sus ocho años de cautiverio.
"Cabecillas del terrorismo, secuaces del narcotráfico, sicarios y verdugos del pueblo colombiano" llamó el Presidente a comienzos de diciembre a Cano y a sus compañeros de la cúpula; y les advirtió: "no sueñen que van a ascender, que el país les va a conceder reconocimientos políticos o licencias de inmunidad". Al tiempo, pidió a la fuerza pública enfocar su lucha contra el Ejército de Liberación Nacional, segunda organización guerrillera. "Tenemos que capturar la cúpula del ELN, esté donde esté", ordenó.
Los falsos positivos
Hacia fines de septiembre afloró una macabra noticia: 19 cadáveres de supuestos guerrilleros muertos en enfrentamientos en el nororiental departamento de Norte de Santander resultaron ser de jóvenes de Soacha, población en el límite sur de Bogotá, que salieron de sus casas a la voz de posibilidades laborales. Las investigaciones forenses concluyeron que fueron ejecutados a los pocos días de salir de Bogotá y que sus familias los reportaran como desaparecidos. Algunos llevaban traje deportivo debajo del uniforme de campaña y calzaban botas sin medias, evidencia de que habían sido ‘legalizarlos' como bajas en combate. Sobrevinieron innumerables denuncias en todo el país. La Fiscalía ha recibido denuncias de más de mil casos similares.
¿Punto de quiebre?
Radio Nederland- ¿Qué explica que en el momento de mayor éxito del Ejército en el combate a la guerrilla se de el relevo del alto mando que condujo la Operación Jaque?
Luís Carlos Valencia- Estamos en un momento en el que el logro de los máximos éxitos de la política de Seguridad Democrática y de su apoyo popular a través de las encuestas de opinión, muestran al mismo tiempo -dado su costo humanitario-, un declive del mismo proyecto. Podríamos decir que en 40 años de conflicto, es el punto en el que las fuerzas institucionales logran el mayor éxito militar y político contra la insurgencia colombiana. Sin embargo, el costo humanitario que estos éxitos militares han traído, y que no es de ahora, si no que viene acumulado, es notable; el más masivo, el desplazamiento forzado de más de 2 millones de colombianos, sumado al asesinato de dirigentes sindícales, la desaparición de activistas y de líderes populares, hechos que logran también su punto máximo con el descubrimiento de los llamados ‘falsos positivos'.
RN- ¿Cree que el escándalo de los ‘falsos positivos' de los muchachos de Soacha y de muchas otras regiones del país tuvo para el Ejército un costo negativo equivalente al éxito que le significó dar de la baja a ‘Raúl Reyes' y la Operación Jaque?
LCV- Estos éxitos militarse contra el Secretariado de las FARC y la liberación de los secuestrados son el resultado de un proceso de años de preparación de un comando del Ejército capaz de hacer operaciones de combate, de planeamiento estratégico de largo alcance, de la asesoría norteamericana directa y de ingentes recursos del Plan Colombia. No son operaciones casuales sino resultado de una gran operación político-militar frente al movimiento insurgente en Colombia después de muchos años de conflicto. De tal manera que los ‘falsos positivos' hayan producido un desarme de ese equipo del comando del Ejército, por el retiro de importantes oficiales de brigadas móviles, batallones y frentes, pone de presente la profundidad de la crisis. Por lo tanto, los anuncios de éxitos inminentes y definitivos contra la insurgencia armada pueden ser, al día de hoy, relativamente mediatizados.
RN- ¿Estaríamos ante un punto de quiebre del ascenso de la política de Seguridad Democrática, y, concretamente, de la lucha contrainsurgente?
LCV- Hay que tener en cuenta otros dos factores producidos en los últimos tres meses. Al tiempo que se producía la crisis del alto mando militar por los ‘falsos positivos', se iniciaba un proceso de protesta social de resistencia que había estado muy sojuzgada y sometida , cuya expresión fueron las huelgas de trabajadores judiciales, movilizaciones de maestros, luchas esporádicas pero sostenidas de estudiantes, y, fundamentalmente, la huelga de los corteros de caña en los ingenios del Valle del Cauca, y la Minga indígena que logró un ascenso importante con la movilización hacia la ciudad de Cali, al punto de que obligó al Presidente a participar en La María, norte del Cauca, en una discusión y diálogo con una agenda de cinco puntos planteada por los indígenas. Este hecho que empezaba a reivindicar la importancia de la protesta social frente a económicos, salariales, laborales y humanitarios coincide con un fenómeno, de una envergadura social muy amplia que también va a generar una protesta: el derrumbe de las ‘pirámides', sistema de captación de recursos paralelo al bancario, y, específicamente el cierre del gobierno al Grupo DMG, que colocó a millones de colombianos y sus familias en condición de indefensión ante la pérdida de sus ahorros.
RN- ¿Descarta la reelección y hasta dónde se impone un reacomodo del Gobierno?
LCV- La reelección o no del presidente Uribe va a marcar hasta dónde el proyecto ha llegado al límite. Todo parece indicar que cada vez son más los factores que tienden a obstaculizar la reelección para el 2010 y a poner en cuestión la del 2014. Por tanto los realineamientos políticos, los triunfos militares, el fortalecimiento de la lucha democrática, la reivindicación de los temas humanitarios y el reanimamiento de la protesta social van a ser los factores que determinen en los próximos dos años si la crisis obliga a una recomposición del proyecto de Uribe. Por ahora, el que se haya recurrido a dos decretos de estado de excepción (emergencia económica y emergencia social) para enfrentar las protestas revela un proceso de intensa desestitucionalización en beneficio de la concentración de poder en la persona y la figura del Presidente de la Republica y una creciente pérdida de derechos ciudadanos. Se pone al descubierto, cada vez más, su carácter totalitario.
RN- ¿Y desde el punto de vista de las FARC?
LCV- Hay dos elementos de análisis. Primero, la respuesta de las FARC a la propuesta de académicos e intelectuales en el sentido de destrabar el intercambio humanitario, o, sin éste, propiciar una situación que conduzca a la liberación de los secuestrados. Ya ha empezado un intercambio epistolar y hay dos cartas de las FARC que indicarían una cierta predisposición. En cuanto a lo militar, en las últimas semanas se produjeron varios ataques, lo que indicaría una cierta reanimación. Siendo objetivos, las FARC siguen siendo un factor a tener en cuenta en el desenlace de todos estos procesos que han puesto en dificultades a la política de Seguridad Democrática.
Pocos cambios
Por ahora no parece que se vaya a cumplir la sentencia que tras la Operación Jaque lanzó el general Fredy Padilla, comandante de las Fuerzas Militares, quien entonces dijo "entramos en el fin del fin de las FARC".
En cuanto al devenir del conflicto interno, no es muy promisorio. Un documento de la ONG Arco Iris estima que las FARC, aunque golpeadas y reducidas de 81 a 64 frentes, mantienen capacidad de resistencia y ofensiva. Adicionalmente, habría unas 21 bandas emergentes del paramilitarismo integradas por más de 10.000 hombres entre paramilitares desmovilizados, delincuentes comunes y jóvenes desempleados.





























Enviar nuevo comentario