La erradicación forzosa de la planta de coca y de la amapola para quitarle las fuentes de ingreso a los grupos armados irregulares, sean estos las FARC en Colombia o los grupos talibán en Afganistán, no siempre resulta efectiva. Por el contrario, parecen ser más las consecuencias negativas.
Varias veces se insistió en la erradicación forzosa de las plantaciones de coca en Colombia, especialmente a partir de la década de los 90, periodo en que la cantidad de plantaciones se dispararon en la parte sur del país.
Esta práctica se acentuó en el segundo gobierno del presidente Álvaro Uribe, y grandes extensiones en la región selvática del Putumayo fueron fumigadas desde el aire. Esta forma de fumigación es por definición indiscriminada, y sus consecuencias fueron funestas para la economía y la salud de los campesinos de la región. Los agricultores no sólo perdieron sus plantaciones de coca sino también el resto de sus productos. Las aguas de los ríos resultaron contaminadas con serias consecuencias para la salud de los pobladores.Sin embargo, la producción de la hoja de coca no ha disminuido. Si nos atenemos a las cifras oficiales, cada año se fumiga con mayor intensidad, pero la producción de coca no ha bajado. Excepción forma el último año, del cual aún no se conocen cifras definitivas, pero según un informe de las Naciones Unidas, la producción habría disminuido.
El objetivo fundamental de las erradicaciones forzadas sin embargo no se ha logrado hasta ahora. Los grupos armados irregulares, sean estos guerrilla o no, siguen existiendo y al parecer, cuanto más fumigaciones aéreas, más apoyo de la población adquieren.
Según Amira Armenta, investigadora del Instituto Transnacional de Amsterdam, TNI, las FARC han hecho una excelente cosecha política de esta erradicación forzada. "Cuando el gobierno erradica, ya sea por fumigación aérea o en forma manual, inmediatamente la comunidad que está en esa región y que está siendo afectada, porque está perdiendo su inversión, queda con simpatía hacia las FARC o cualquier otro grupo que le compre su producción".
Para la investigadora, una política de erradicación de las plantaciones no parará la violencia ni el narcotráfico si no va acompañada de políticas sociales.





























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