“Ciudades resilientes” es una campaña lanzada por la Oficina de las Naciones Unidas para la Reducción de Desastres. Alcaldes de las diversas ciudades del mundo son invitados por la Organización Mundial a fortalecer su capacidad de ‘absorber o soportar’ perturbaciones, como los desastres naturales .
La iniciativa no es casual. Forma parte de la estrategia de esta oficina de la ONU que cada dos años hace campañas con temas diferentes para reducir los impactos de desastres. Pero también llega en momentos en que se pone en evidencia el aumento de la frecuencia de desastres naturales en todo el mundo.
“Las ciudades son vulnerables a todo tipo de calamidades: terremotos, inundaciones, tempestades, huracanes,” comenta Birgitte Leoni de la Oficina de Comunicaciones de la ONU para la Reducción de Desastres. “Queremos trabajar con por lo menos unos 1000 alcaldes para que refuercen sus estrategias de resilencia con el fin de reducir los riesgos”.
Lista de 10 puntos
Leoni explica que la misión de su oficina es básicamente de concienciación de las autoridades y de la sociedad civil para que tengan en cuenta los riesgos a que se exponen sus ciudades si no cuentan con una planificación adecuada. Para ello presenta diez puntos a tomar en consideración:
- Establecer una organización y coordinación adecuadas para comprender y reducir el riesgo de desastres, sobre la base de la participación de los grupos de ciudadanos y de la sociedad civil. Forjar alianzas locales. Asegurarse de que todos los departamentos sepan cuál es su función en la reducción y la preparación del riesgo de desastres.
- Asignar un presupuesto destinado a la reducción del riesgo de desastres y ofrecer incentivos a los propietarios de viviendas, familias de bajos ingresos, comunidades, negocios y sector público, para que inviertan en la reducción de los riesgos a los que se enfrentan.
- Mantener datos actualizados sobre las amenazas y las vulnerabilidades, elaborar evaluaciones de riesgos y utilizarlas como base para los planes y las decisiones sobre desarrollo urbano. Asegurarse de que esta información y los planes concernientes a la resiliencia de la ciudad se discuten con el público y están a su disposición.
- Invertir y mantener unas infraestructuras críticas para la reducción del riesgo, como por ejemplo, un sistema de drenaje para casos de inundación, adaptado en la medida de lo posible para hacer frente al cambio climático.
- Evaluar la seguridad de todas las escuelas e instalaciones de salud y mejorarlas según convenga.
- Aplicar y ejecutar reglamentos de construcción y principios de planificación territorial realistas y acordes con los riesgos. Identificar terrenos seguros para los ciudadanos de ingresos bajos y mejorar los asentamientos informales en la medida de lo posible.
- Asegurarse de que en las escuelas y en las comunidades locales existen programas educativos y de aprendizaje en materia de reducción del riesgo de desastres.
- Proteger los ecosistemas y las barreras naturales para mitigar las inundaciones, las mareas ciclónicas y otras amenazas a las que pueda ser vulnerable la ciudad. Adaptarse al cambio climático a través de la adopción de buenas prácticas de reducción de riesgos.
- Instalar sistemas de alerta temprana y gestión de emergencias en la ciudad y realizar simulacros de preparación públicos periódicamente.
- Tras un desastre, asegurarse de que las necesidades de los supervivientes constituyen el eje de la reconstrucción y brindarles apoyo tanto a ellos como a las organizaciones de la comunidad en el diseño y la aplicación de respuestas, incluida la reconstrucción de viviendas y la recuperación de medios de vida.
Compartir esfuerzos
Grandes ciudades aplican ya de una u otra manera estas medidas. La Oficina de la ONU reconoce el trabajo que se da por ejemplo en Tokio y Ciudad de México contra los terremotos, o Calcuta y Bombay frente a tempestades o inundaciones. Otras grandes ciudades cuentan con sistemas también efectivos, pero no siempre alcanzan a toda la población.
Leoni y el equipo de esta Oficina de la ONU considera que el trabajo compartido y coordinado podría brindar aún más frutos en el trabajo de la reducción de riesgos. “Nosotros sabemos ya que muchas ciudades cuentan con sistemas muy efectivos, pero lo que vemos es que todavía no llega a todas partes”.
Durante la presentación dela campaña esta semana, Margareta Wahlson , la encargada de la ONU para la reducción de desastres recordó que cada año 25 millones de personas más viven en situación de precariedad, en barrios marginales y asentamientos ubicados a menudo en lugares inseguros, laderas inestables y planicies inundables. Esto debe cambiar.
De ahí que Leoni ponga énfasis en la importancia de estar concientes de estos riesgos y de distribuir los recursos adecuadamente. “Colocar no sólo más dinero sino más recursos humanos . Hay que cambiar las maneras de pensar sobre una ciudad y considerar que si estamos en un lugar donde hay riesgo, hay que prevenir y limitar los impactos de los desastres, antes de que sea demasiado tarde “.





























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