Un mes entero sin comer ni beber hasta que cae la noche: eso lo saben muchos no musulmanes. Nada de sexo tampoco. Pero ¿sabía usted que un musulmán devoto no puede pelear con nadie durante el ramadán? ¿Y que este ayuno ritual es además ‘un gran negocio’?
1) El ramadán es… buen dinero.
El ramadán es una celebración ritual en la cual circula mucho dinero. Durante los días de abstinencia la productividad en el mundo musulmán disminuye y los servicios estatales quedan prácticamente paralizados, pero el dinero se gasta a manos llenas.
Durante el ramadán en Arabia Saudita se gastan 3 mil millones de euros en comida y bebida, en Egipto incluso un poco más, 4 mil millones: en la primera semana del ayuno se sacrifican 40 millones de pollos, se venden 10 millones de kilos de alubias y cerca de 3 mil millones de bocadillos. El cordero de Nueva Zelanda no da abasto. Los canales árabes de televisión recaudan en un mes el 30 por ciento de sus ingresos anuales en publicidad, porque las familias musulmanas acostumbran a mirar televisión por las noches cuando se reúnen a cenar después del largo ayuno.
Las cadenas de comida rápida hacen ofertas especiales para ‘después del crepúsculo’. Una campanilla especial, “¡Pray!”, suena cinco veces por día en el móvil para indicarle al creyente que es hora de rezar, y la brújula ‘Find-Mekka’ le sirve para asegurarse que su alfombra de oraciones está realmente orientada hacia Meca.
A pesar de las frugales intenciones del ramadán, durante ese mes una familia musulmana gasta cerca del doble de un ingreso mensual. Incluso las bolsas de países como Turquía, Omán o Kuwait muestran tendencias al alza durante las semanas de ayuno. Una investigación de la Universidad de New Hampshire muestra que entre 1989 y 2007, las bolsas de 14 países musulmanes rindieron un 38 % en el mes de ramadán, contra el 4,3 por ciento del resto del año.
2) El Ramadán es… volver los ojos hacia Meca.
Todo musulmán devoto debe hacer una peregrinación a Meca, o hadji, por lo menos una vez en su vida. Esto representa un enorme estímulo a la industria turística saudita. Pero, el ramadán es también el mayor producto de exportación cultural y religioso de Arabia Saudita, el segundo en importancia después del petróleo. Esto se debe a que, en todo el mundo, los musulmanes que no pueden peregrinar a Meca vuelven la mirada hacia este lugar sagrado. Y los trabajadores temporales que han ganado su dinero en Arabia Saudita se llevan a casa los valores sauditas relacionados con las mujeres, así como las prácticas religiosas y educacionales.
Además, los saudíes financian una red mundial de mezquitas en las que se predican los valores musulmanes conservadores. Si en Atjeh un musulmán es sorprendido comiendo algo durante un día de ramadán, se le castiga con una cantidad de bastonazos. Incluso en un país secular como Egipto está penado comer durante las horas del día en ramadán.
3) Ramadán es… ¿una celebración pacífica?
A menudo se relaciona el periodo de ramadán con la paz y la tregua, pero no siempre terminó sin violencia. Fue durante el ramadán que Mahoma peleó la primera gran guerra contra los infieles de Meca, en 642. Y el ataque aliado de Siria, Jordania y Egipto contra Israel, en 1973 (la guerra de Yom Kippur) tuvo lugar durante el ramadán, con el propósito de sorprender a los israelíes. En otras ocasiones el ramadán ha sido un impedimento en una estrategia militar, por ejemplo cuando tropas estadounidenses y combatientes afganos intentaban atrapar a Osama bin Laden en Tora Bora: muchos combatientes afganos dejaban de lado la búsqueda del líder de al-Qaida para reunirse con sus familias al atardecer de los días de ayuno.
4) El ramadán se celebra… en todas partes.
En los países occidentales viven y trabajan 45 millones de musulmanes. Para ellos, el ayuno ritual es todavía más exigente. Cada día deben abstenerse de comer y beber entre colegas que disfrutan de sus alimentos habituales. Y si les toca residir en Islandia o el norte de Escandinava se encuentran con que el sol apenas se oculta durante el mes de ramadán. Felizmente, los musulmanes del norte tienen derecho a guiar sus horarios según el ‘tiempo de Meca’.
5) El Ramadán es… propaganda
En Oriente Medio, muchos dictadores no musulmanes, desde Damasco a Argel, han utilizado el ramadán como propaganda política. Por ejemplo el dictador estalinista de Turkmenistán, Turkmenbashi, puso en libertad a 8000 presos en 2005. El coronel libio, Muammar Gaddafi, aumentó su popularidad en el mundo musulmán cuando – rodeado de su elite de guardaespaldas femeninas – se negó a darle la mano a la ministra estadounidense de Relaciones Exteriores, Condoleezza Rice, porque eran días de ramadán.
Finalmente, un dato para los no musulmanes: ¿cómo saludar a una vecina musulmana que por estos días anda algo pálida y malhumorada? Un alegre ‘ramadan mubarak’ (feliz ramadán) es probable que la haga sonreír.





























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