Pese a que la Navidad no es una tradición autóctona china, no sorprende en absoluto que este pueblo tan práctico haya sabido sacarle tajada comercial a estas fiestas. No con fiestas familiares sino fechas con rebajas y cenas con amigos o en pareja
Abetos, luces, guirnaldas, neones y muñecos de Papá Noel en cada esquina... La decoración navideña en el centro de Pekín, Shanghai o Cantón no tiene nada que envidiar a la de las ciudades occidentales. China lleva años explotando una fiesta que nada tiene que ver con sus tradiciones, sin ir más lejos, porque ocho de cada diez adornos navideños que vemos en todo el mundo provienen de las fábricas de Cantón, en el sureste industrial chino.
"Compraré unos 10 regalos para familia y amigos, y en total me gastaré entre 250 y 400 dólares", explica un ciudadano de la capital china, donde el sueldo mínimo no llega a los 150 dólares. Algunos productos occidentales como el queso, el chocolate o el vino se identifican con gran poder adquisitivo y son los preferidos de la clase acomodada.
En cuanto al ocio, se imponen los planes sencillos como reunirse con amigos, ir al karaoke o simplemente ver la televisión, ya que se trata de días laborables. Quienes aprovechan esta época son los empresarios del sector hostelero. "Tenemos muchos más clientes durante estas fiestas. Muchos occidentales, pero también parejas. La Navidad es como un segundo San Valentín en China", explica Wang Chunghong, dueña de un restaurante de costillas y hamburguesas en Pekín.
Desde hace semanas, en la radio suenan constantemente canciones navideñas en las que se mezclan palabras en inglés y mandarín, y que están muy orientadas a un público adolescente que abraza todo lo que venga del extranjero. Para Huang Xing, director del Instituto de Antropología de la Academia China de Ciencias Sociales, esto demuestra que China ha cambiado mucho y que en las grandes ciudades se vive una enorme evolución. "Nuestros festivales tradicionales, como el de otoño o el día en el que se limpian las tumbas de nuestros ancestros, representan la sociedad agrícola, la idea tradicional de familia. Pero eso ha cambiado mucho, hoy la población rural representa menos de la mitad, estamos pasando a un modelo industrial", comenta.
Pese a todo, en el campo un abeto de Navidad no entraña absolutamente ningún significado. Pocos saben quién es Papa Noel o Santa Claus. Según el profesor Huang, el alcance de las fiestas occidentales es y será limitado. "Ahora nuestra sociedad tiene más medios, y las fiestas chinas tradicionales están perdiendo su significado porque las familias pueden reunirse más a menudo para comer algo especial o comprar ropa. Si bien a los jóvenes les gustan, no creo que estas fiestas occidentales lleguen a sustituir a nuestras costumbres", subraya.
Cada vez más jóvenes están, sin embargo, llenando de contenido religioso estas fiestas, buscando una fe que hasta hace poco era perseguida por el comunismo. Unos 12 millones de chinos son católicos, y ellos sí acudirán a misa estos días. La mayoría asistirá al culto en la Iglesia oficial, avalada por el Partido Comunista y escindida del Vaticano desde 1951. Un porcentaje menor se reunirá en parroquias clandestinas bendecidas por Roma, aunque se arriesgan a ser intimidados e interpelados por la policía, según denuncian asociaciones católicas.






















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