El 12 de abril del 2005 se cumplen exactamente 60 años de la liberación de 876 sobrevivientes del campo de concentración Westerbork, por soldados canadienses. Unos 150 de ellos se congregaron para conmemorar juntos esta fecha.
Yvette Turlings
Entre 1942 y 1945, unos 107.000 presos fueron deportados, de los cuales solo 5000 regresaron con vida. En 1939, el Gobierno holandés fundó en la provincia de Drenthe un gran centro de acogida para refugiados judíos que huían del terror nazi. Posteriormente, durante la ocupación, los alemanes utilizaron la infraestructura existente, y modificaron el centro en un campo de concentración para judíos, gitanos y miembros de la resistencia.
Tren de carga
Para evitar levantamientos, los alemanes permitían a los presos un modo de vida relativamente normal en el campo y, con tal fin, se establecieron colegios, un teatro y tiendas. Sin embargo, cada martes partía un tren de carga con una gran cantidad de presos con destino a campos de concentración en el este. De los 107 mil deportados, solo 5 mil sobrevivieron la guerra.
Testigos oculares
Hoy en día es poco lo que queda del campo, pues desde 1983 se ha constituido allí un Centro de conmemoración, donde se narra la historia de ´Durchgangslager Westerbork´ (campo de tránsito). Entre tanto, las instalaciones se han desmantelado, y en el antiguo campo sólo queda una verde llanura en la que se marca con piedras triangulares los sitios donde antes se hallaban las barracas y la vía férrea.
Es difícil imaginarse la apariencia de este lugar durante la guerra y, por tal razón, para formarnos una idea, recurrimos a cartas y diarios de Etty Hillesum y Philip Mechanicus, sobre el campo en el que permanecieron detenidos.
"En las cuatro esquinas de nuestro pueblo de madera, había sendas torres de vigilancia, que es una plataforma sobre cuatro largas estacas, donde, contra el cambiante cielo, siempre está un hombre con un fusil. De cuando en cuando, por las noches se oyen disparos en la verde llanura, como aquella noche que abrieron fuego contra un ciego que, extraviado, se había aproximado demasiado al alambre de púas".
(Etty Hillesum, Cartas desde Westerbork)
"En realidad, la increíble y vergonzosa necesidad en Westerbork comienza en las gigantescas barracas, de construcción improvisada, en los atestados y húmedos recintos, donde, bajo un cielo de ropa colgada a secar, están las tres capas de catres de campaña para centenares de presos. Debajo de los catres, las maletas, mientras que las mochilas, el único espacio para guardar posesiones, cuelgan de las rejas. Por lo demás, el mobiliario consiste en mesas y angostos bancos de madera sin labrar. Unas cuantas estufas apenas brindan suficiente calor a las ancianas que se sientan a su alrededor. Aún está por ver cómo sobreviviremos este invierno en las barracas".
(Etty Hillesum, Cartas desde Westerbork)
"Al oír el pito de la locomotora, todos contienen la respiración, y el tren parte con otros 3000 judíos a bordo, entre ellos algunos bebés con pulmonía. A veces resulta difícil creer que esto realmente está sucediendo".
(Etty Hillesum, Cartas desde Westerbork)
"Una nueva amputación ha tenido lugar. La asquerosa serpiente ha vuelto a partir con la panza llena".
(Philip Mechanicus, Diario de Westerbork)
"En el lugar en que, entre 1942 y 1945, terminaba la vía férrea de Westerbork, se ha levantado un monumento nacional que fue diseñado por Ralph Prins, uno de los prisioneros en memoria de los 102 mil presos que fueron deportados y ajusticiados. Cada durmiente representa un transporte, en total 93 desde Westerbork y otros 4 desde diferentes lugares de Holanda. Los rieles doblados y averiados simbolizan las vidas truncadas.
En lo sucesivo, los judíos que viven en las barracas deben levantarse a las 6 de la mañana. Además, los hombres de hasta 60 años recibirán trato militar, y marcharán en filas de 3 a su trabajo, guardando considerable distancia. Las mujeres de entre 17 y 35 años se distribuirán en equipos para trabajar en los brezales. Las mayores de 35 años formarán parte del pelotón encargado de pelar patatas en la cocina de 8 a 12 y de 2 a 5. Para combatir la pereza, todos deben trabajar. Los niños de entre 10 y 17 años que no formen parte de ningún equipo, deben recoger piedras. Todo el mundo debe trabajar".
(Philip Mechanicus, Diario de Westerbork)
"Cada martes partía un tren con miles de presos con destino a los campos de exterminio. Las puertas de los vagones de carga se cierran tras la multitud, y por las pequeñas aperturas superiores se ven cabezas y manos que, cuando el tren parte, se despiden. La locomotora lanza un pitazo penetrante y empieza a abandonar el campo con 1.020 judíos a bordo. En realidad, sólo se habían pedido 1000 judíos, los otros veinte viajan como reserva, para sustituir a quienes no sobreviven el viaje, particularmente en esta ocasión que viajan tantos enfermos, y ningún enfermero".
(Etty Hillesum, Cartas desde Westerbork)



























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