Gran impacto ha causado la decisión del líder laborista holandés, Wouter Bos, de abandonar la política. Anteriormente, otras dos personalidades de la política nacional tomaron la misma decisión.
Wouter Bos dio a conocer su decisión pocas horas después de que Camiel Eurlings, previsto como sucesor del dirigente democristiano y actual primer ministro, Jan Peter Balkenende, hiciera pública su decisión de dejar el escenario político.
Familia
Para motivar su decision, el laborista Bos manifestó su deseo de compartir más tiempo con su esposa y sus tres hijos. “Si continuo en la política y llego a ser Primer ministro, perderé completamente la oportunidad de ver crecer a mis hijos, y, a mi juicio, eso no es justificable,” declaró el actual ministro de Hacienda.
La decisión de los dos políticos, junto con la renuncia, la semana pasada, de la líder socialista Agnes Kant, marcan un cambio de guardia en la política holandesa.
Incómoda coalición
Wouter Bos dirigió el Partido Laborista holandés desde el 2002, y, en los pasados tres años, se desempeñó como Vice primer ministro en un Gobierno de coalición con la Alianza Demócrata Cristiana y la Unión Cristiana.
Los laboristas, incluido Wouter Bos, nunca se sintieron cómodos en dicha coalición. En más de una occasion, el líder se vio obligado a ceder en algunos puntos fundamentales de su formación, por ejemplo cuando desistió de su demanda de exigir una investigación sobre el apoyo holandés a la invasión norteamericana a Iraq.
Finalmente, al negarse a ceder en lo tocante a la retirada de las tropas holandesas destacadas en Afganistán, Wouter Bos causó la caída del Gabinete.
Avería
En los sondeos de opinion, la caída del Gabinete benefició a los laboristas y contribuyó a limitar la derrota sufrida diez días más tarde en las elecciones municipales. A pesar de ello, tras tres años de Gobierno, la imagen de Wouter Bos sufrió avería.
Algo similar puede decirse del actual Primer Ministro, Jan Peter Balkenende, quien ya ha dirigido cuatro Gabinetes consecutivos en ocho años. Su partido, no obstante, se apresuró a reelegirlo como su líder en las elecciones a celebrarse el próximo mes de junio, a pesar de que son muchos los que han manifestado estar agotados de Balkenende como jefe del Gobierno, y cuestionan su capacidad para encabezar un equipo ministerial sólido.
Sensible revés
Por su parte, se esperaba que el joven político Camiel Eurlings desempeñaría un papel crucial en amortizar el daño sufrido por su partido. Con su dinamismo y su carisma, era todo lo opuesto a Balkenende. Y si bien no se esperaba que lo sucediera de inmediato, su decisión constituye un sensible revés, tanto para Balkenende como para la Democracia Cristiana.
Se trata, a todas luces, de cambios molestos, en una época en que la política holandesa atraviesa por un período turbulento. El crecimiento del Partido de la Libertad, del ultraderechista Geert Wilders, y la pérdida de terreno de las tres formaciones políticas dominantes, Partido del Trabajo, Alianza Demócrata Cristiana y el Partido Popular para la Libertad y la Democracia, han dificultado los usuales cálculos para una coalición.
Mientras la Alianza Demócrata Cristiana debe continuar con un levemente desgastado Balkenende, y los socialistas deben hacerlo con un líder relativamente desconocido, el Partido del Trabajo recurrirá al actual alcalde de Ámsterdam Job Cohen, un político ya conocido a escala nacional. Cohen deberá asumir la tarea de dirigir a los laboristas a su primera victoria en unos comicios legislativos, desde 1998.





























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