Como consecuencia de la grave sequía que afecta a Ecuador, el Gobierno ha racionado el suministro de fluido eléctrico. El fenómeno tiene su origen en el cambio climático.
Ecuador está viviendo el peor estiaje en 45 años. La escasez de lluvias que se evidencia en la mayor parte del país ha conllevado a la baja de los caudales de los ríos que alimentan la central hidroeléctrica de Paute, principal suministro de energía eléctrica. Ante la situación, el Gobierno se ha visto en la necesidad de racionar el servicio eléctrico.
El momento ha sido propicio para que florezcan las críticas políticas, sobre todo de aquellos sectores que han visto la oportunidad para fustigar al Gobierno. Sin embargo, habría que señalar que absolutamente todos los últimos Gobiernos han dejado desprotegido al Ecuador para circunstancias como las que se están viviendo. Más aún, con el fin de generar condiciones propicias para su privatización, la mayoría de ellos incluso no intervino en el sector.
Pero el tema, mucho más que político, es ambiental. El cambio climático es un fenómeno que está causando alteraciones graves. Según Carlos Páez, ex Director del Instituto Nacional de Meteorología e Hidrología, INAMHI, lo que estamos experimentando actualmente, según los datos de los institutos meteorológicos, es la peor sequía en los últimos 45 años. “Estamos ante un evento que tiene su origen en lo denominado cambio climático global, que se expresa en el cambio en los patrones de humedad, es decir, en la forma como normalmente debería llover. Esto hace que los períodos secos sean más prolongados, y los lluviosos más cortos. Pero, en cambio, cuando llueve, hace que las precipitaciones sean mucho más intensas”.
Cecilia Mantilla, Secretaria de Ambiente del Distrito Metropolitano de Quito, dice que la variabilidad del clima produce modificaciones en el comportamiento de los recursos naturales. “Estamos hablando de inviernos con una intensidad de lluvias muy fuerte y, por otra parte, de veranos muy secos. Hemos vivido una época veraniega bastante seca y larga, que ha producido el estiaje que estamos viviendo”.
Si bien el drama de la falta de fluido eléctrico altera la vida de las ciudades, hay otras consecuencias del cambio climático que son devastadoras. Cecilia Mantilla señala que el calentamiento excesivo en zonas de altura afecta nevados y páramos, que son grandes proveedores hídricos. Por ejemplo, el glaciar 15 del nevado Antisana, de donde proviene el agua para Quito, ha sufrido una disminución de un 23 por ciento, lo cual muestra una irregularidad en el caudal hidrológico que, en el futuro, puede comprometer la disponibilidad de agua para consumo humano y para otros usos, como agricultura o industria.
Esta situación, agrega Mantilla, está afectando a todos los países de la región, pero más a los de altura, ya que se da una relación directa entre el cambio climático y la radiación solar, que es la que mayormente incide en la pérdida de los glaciares.
¿Qué hacer?
¿Hay que enfrentar los problemas derivados del cambio climático o debemos atacar las causas que provocan este cambio? Ambas cosas. Según Mantilla, es la oportunidad para tener mejoras sustanciales en algunos ámbitos de política gubernamental local. Por ejemplo, enfrentar el cambio de matriz energética, sustituyendo las centrales térmicas por proyectos de generación hidroeléctrica o eólica; mejorar la calidad de los combustibles para reducir la carga que contamina la atmósfera o apoyar las prácticas industriales con reducción de contaminantes en los procesos productivos y reducción de uso de energía y agua.
A su juicio, un aspecto a destacar es la responsabilidad ciudadana en cuanto a prácticas sustentables para proteger el ambiente y para contribuir a enfrentar o disminuir los efectos del cambio climático. “Estamos hablando de actitudes muy sencillas de las familias, de los hogares, de los niños y jóvenes, que tienen un efecto positivo, como reducir el consumo de energía y agua”.
Cuando se va a completar la primera quincena de noviembre, las aguas no han llegado como usualmente lo hacen. En Quito, días como este último martes o el sábado pasado han tenido cielo totalmente despejado, altas temperaturas y hasta vientos, como si se estuviese en pleno verano.
Y aunque algunos políticos quieran aprovecharse de la situación para atizar el fuego de la oposición, lo cierto es que la causa de todo es de mayo magnitud: la irresponsabilidad humana ha llevado al planeta y, en este caso, al Ecuador y demás países de la región, a enfrentar problemas producidos por el cambio climático que si hoy son una gran molestia, en el futuro pueden convertirse en verdaderas hecatombes.




























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