El tipo de luz que llega a nuestra piel es determinante para las afecciones cutáneas. La luz ultravioleta A, B ó C es la responsable del daño solar que recibimos día a día. Con el daño de la capa de ozono, la luz ultravioleta se hace cada vez más tóxica, lo que en el pasado no era el caso. La luz ultravioleta en los trópicos tiende a ser mucho más nociva que en los sitios mas templados y más fríos. La altitud es otro problema grave en cuanto al daño solar.
Escuche a la Dra. Hernández Mantilla
Por cada 1000 metros que ascendemos sobre el nivel del mar tenemos un 10 % más de daño solar. A veces pensamos erróneamente que si estamos en ciudades situadas a poca altura, como Bogotá, no necesitamos una protección solar. Muchas veces el daño que sufrimos en regiones altas es superior al que recibimos al nivel del mar. La diferencia consiste en que al nivel del mar, por lo general, la superficie cutánea irradiada por general es superior ya que tenemos menor cantidad de ropa.
Importancia y necesidad de la luz
La luz es importante para la piel porque con ella sintetizamos vitamina D, y porque ayuda a la piel a adquirir su fotobiología normal, tenga un buen color y una expresión saludable. El problema surge cuando se utiliza y se expone la piel de una manera inapropiada por un largo periodo de tiempo, y se producen algunos daños.
Las afecciones de la piel por efecto solar
La más conocida es la quemadura solar al no tener la protección adecuada durante un periodo de tiempo variable, dependiendo de la cantidad de protección propia que tengamos según nuestro tipo de piel. Mientras más clara sea la tez, los ojos y cabello, más expuestos estamos a mayor capacidad de quemadura y de daño solar. En consecuencia, las personas de piel más clara necesitarán más protección solar, pero las de piel oscura también la necesitan, porque no están exentas de desarrollar un cáncer de piel.
Exposición aguda
La quemadura, la forma más común de afección cutánea, generalmente se expresa como un editema, o enrojecimiento de la piel, después de estar expuestos a una radiación ultravioleta inadecuada. De acuerdo a la cantidad de radiación solar, esta quemadura puede evolucionar en ampollas. Si bien es cierto que después la piel cambia y se regenera, el daño solar permanece, y la persona experimentará la aparición de pecas y manchas en las áreas del cuerpo de mayor exposición solar.
Exposición crónica
Esta exposición es la que nos va a producir gran cantidad de daños en la piel, como el fotoenvejecimiento, es decir, el envejecimiento que sufren las áreas cutáneas que exponemos al sol. Podemos darnos cuenta de ello si comparamos una parte de la piel que por lo general está descubierta al sol, con otra que esté cubierta, pues veremos gran diferencia en cuanto al envejecimiento. La parte cubierta ha envejecido, pero tiene menos manchas, y la piel es más delgada, menos rugosa, que las áreas que exponemos al sol.
El fotoenvejecimiento se relaciona con cambios pre-malignos o malignos asociados a la luz ultravioleta recibida durante toda nuestra vida. Primero se pueden constatar lesiones que pueden ser pigmentarias benignas, pero, con el tiempo, pueden evolucionar en un cáncer de piel, que es lo que más tememos y queremos evitar.
Tipos de cáncer de piel
Los tipos de cáncer de piel asociados con el sol son principalmente el carcinoma escamocelular, el vasocelular y el melanoma que es uno de los tumores más malignos de piel. Los dos primeros están estrictamente relacionados con la exposición cutánea al sol, ya sea durante largo período o por temporadas. Tal es el caso cuando vamos a la playa e intentamos bronceamos en pocos días para recuperar todo lo que no nos hemos bronceado todo el año.
Prevención
Desde temprana edad se debe tomar conciencia de que la luz del sol es benéfica, pero, en exceso, puede ser dañina. Por lo tanto, adultos y niños deben conocer del uso de protectores solares, los cuales deben aplicarse diariamente desde el primer año de vida.
El protector solar protege contra estos daños de la luz durante más tiempo. Además, contribuirá a retardar el envejecimiento, a que no se agrave con la luz, y a que se eviten hasta cierto grado los carcinomas de piel, al menos los relacionados con la luz solar.
Se debe tener en cuenta el grado de protección de los protectores solares, los cuales deben tener un mínimo de 15. El número de aplicaciones diarias depende del factor de protección. Por ejemplo, un protector de factor 15 se debe aplicar dos o tres veces al día, mientras que uno de 45 sólo se aplica una vez, siempre y cuando la persona no sude mucho. Igualmente fundamental es el uso de prendas de vestir adecuadas.





























Enviar nuevo comentario