La historia de prisioneros políticos en el Trópico de Esmeralda, el nombre que daban los holandeses a Indonesia, se remonta a varios siglos. Ya desde los días de la Compañía Holandesa de las Indias Orientales, las opiniones indeseadas eran reprimidas con violencia.
Individuos demasiado críticos eran arrestados antes de ser deportados a regiones distantes. Esto es lo que ocurrió a fines del siglo XVII con Syekh Yusuf, un profesor islámico de Macasar quien, junto con su familia, fue deportado por la compañía holandesa a la colonia del Cabo en Sudáfrica por expresar sus opiniones.
Diponegro, un príncipe de Java, mantuvo una Guerra de cinco años en la década de 1830 contra los regentes holandeses. Fue tomado prisionero después de ser invitado a participar en negociaciones y pasó el resto de su vida en el exilio en Macasar.
Nacionalismo indonesio
En el Siglo XX, el ascenso del nacionalismo indonesio fue una fuente de molestia para el gobierno colonial holandés. Los líderes del movimiento nacionalista –Sukarno, Hatta y otros- eran frecuentemente arrestados, encarcelados y deportados a lugares remotos del archipiélago. Sin embargo, se demostró como imposible el deportar sus ideales y opiniones de los corazones de la población indonesia.
En 1945, Sukarno y Hatta proclamaron la independencia de la República de Indonesia. Después de un fuerte enfrentamiento con Holanda, determinada a hacerse cargo de la colonia después de la Segunda Guerra Mundial, la joven república entró en aguas más calmas. Sukarno y Hatta se transformaron respectivamente en el primer presidente y el primer vicepresidente del país.
La joven república democrática Indonesia todavía tenía que luchar con las secuelas de la descolonización. Movimientos regionales que no tenían la intención de sumarse a la república, como era el caso de la República de las Molucas del Sur, fueron prácticamente aniquilados por el nuevo gobierno. Los participantes de esos movimientos fueron encarcelados por años.
A fines de los años 50, el gobierno del presidente Sukarno se fue volviendo cada vez más autoritario. Anunció el principio de la “democracia controlada” y limitó radicalmente el número de partidos políticos. Varios importantes políticos, como por ejemplo el primer Primer Ministro de Indonesia y líder del Partido Socialista, Sutan Sjahrir, fueron internados con sus familias. Tampoco los periodistas críticos estaban inmunes a las represalias. Mochtar Lubis, editor en jefe del diario indonesio Raya, pagó con arresto domiciliario y muchos años de prisión por sus críticas al gobierno.
Suharto
En 1965, el hasta ese momento relativamente desconocido general Suharto llegó al poder mediante un todavía insuficientemente aclarado golpe militar que involucró también al Partido Comunista. En la orgía de violencia que siguió, cientos de miles de comunistas y simpatizantes fueron asesinados.
Pramoedya Ananta Toer, el celebrado escritor y destacado miembro de la organización de artistas LEKRA, la que estaba también cercana al Partido Comunista, sobrevivió la masacre. Pero, junto a decenas de miles de compañeros de adversidad, hubo de pagar por sus ideas políticas con años de reclusión. Hasta 1979, él y miles de otras personas estuvieron detenidas bajo severas condiciones en la isla de Buru, en las Molucas. Después de su salida de prisión, debió pasar todavía años en arresto domiciliario. Otros sufrieron destinos similares. Por décadas, ellos y los miembros de sus familias, fueron tachados de “ex comunistas”, una calificación que les aseguraba la exclusión de cualquier trabajo digno.
Nuevo Orden.
El régimen militar de Suharto, conocido bajo el nombre de Nuevo Orden, continuó gobernando con mano dura. En 1974, después de una serie de violentas manifestaciones en Yakarta durante la visita del primer ministro de Japón, se llevó a cabo una nueva ola de arrestos. Mochtar Lubis, El periodista que también había sido arrestado por sus críticas opiniones durante el régimen de Sukarno, fue detenido una vez más y su diario fue clausurado.
La dimisión de Suharto en 1998 marcó el fin del autoritario Nuevo Orden. Entonces Indonesia entró en un período sin precedentes de democracia, libertad de prensa y libertad de expresión. Las estrictas leyes de la prensa fueron reemplazadas y el número de partidos políticos, al igual que de publicaciones periodísticas, se multiplicó explosivamente.
Estado unitario
A pesar de todo, expresar una opinión disidente todavía no está exento de riesgo en Indonesia. Bajo el Nuevo Orden la crítica al gobierno y las convicciones políticas “incorrectas” eran razón suficiente para ir a la cárcel por años. Después de la caída del Nuevo Orden quedó claro que acciones y opiniones que amenacen el Estado unitario de Indonesia también pueden desembocar en severos castigos.
Partidarios de la República de las Molucas del Sur, el movimiento que emergió en los años cincuenta después de la descolonización, pagaron con años de prisión el haber participado en una manifestación en la presencia del presidente de Indonesia. Y en Papua, la parte indonesia de la isla de Nueva Guinea, seguidores de la lucha por la independencia también fueron a dar a la cárcel.



























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