El presidente Lula da Silva podría lograr que Brasil medie en el conflicto entre palestinos e israelíes. Así lo han pedido Shimon Peres y Mahmud Abbas.
Agencias
"La construcción de la paz en Medio Oriente exige que se mantenga un diálogo incluso con los que se oponen a ella," explica el mandatario brasileño, Luiz Inacio Lula da Silva, para justificar la próxima visita a Brasilia del mandatario de Irán, Mahmud Ahmadineja.
"No tenemos veto para conversar con quien sea, desde que en esa charla se consiga una palabra que pueda contribuir a construir la paz duradera en el Medio Oriente," declara Lula a la prensa luego de una reunión con el presidente de Israel, Shimon Peres.
Si bien el objetivo expreso de la gira de Shimon Peres a Brasil ha sido el de lograr una relación más estrecha entre Tel Aviv y Brasilia, el tema de fondo es la mediación que Brasil puede desempeñar en el conflicto de Medio Oriente.
La posibilidad empezó a barajarse a finales del 2008, en momentos en que el ministro de Exteriores de Brasil, Celso Amorim, realizaba una gira por todo Oriente Medio, durante la cual ventilaba la posibilidad y manifestaba el interés de Brasil de desempeñar un rol para destrabar el impase histórico entre israelíes y palestinos.
De hecho, la gira realizada por el responsable de la diplomacia brasileña se enmarca en la cada vez más estrecha relación entre el mundo árabe y América del Sur, un acercamiento que fue lanzado por Lula da Silva poco después de haber sido elegido presidente de Brasil.
El resultado de este acercamiento es que el mundo árabe reconoce en Brasil un socio fiable, y ve en el gigante sudamericano "una tercera vía" que no obedece a los intereses de Estados Unidos ni de la Unión Europea, para lograr hechos concretos en el conflicto palestino-israelí.
"Brasil es un país que tradicionalmente es muy fuerte, con lazos muy próximos con el mundo árabe y también con muy buenas relaciones con Israel. Si fuera interviniera como negociador, podría contribuir con el entendimiento entre los dos lados," dijo el canciller israelí, Avigdor Lieberman, tras reunirse con el presidente Lula da Silva.
Tanto Amorim como Lula da Silva reafirmaron la posición brasileña, que aboga por una solución del conflicto que incluya "el reconocimiento pleno de un Estado palestino que funcione sin restricciones y que sea económicamente viable, pero también un Estado de Israel que se sienta seguro, que no se sienta amenazado".
Mahmud Abbas, quien no quiere quedarse atrás, desembarca también en Brasilia para obtener de Lula el reconocimiento del Estado palestino. Pero la Cancillería brasileña no quiere adelantarse a los hechos.
Respecto a cómo conciliar una amistad con Israel con la próxima visita del mandatario iraní, Ahmadinejad, al Brasil, el presidente Lula da Silva considera "necesario dialogar más y buscar más interlocutores que quieran contribuir a un acuerdo de paz".
"No se construye la paz necesaria en Medio Oriente si no se conversa con todas las fuerzas, políticas y religiosas, las que quieren paz y las que se oponen a ella," advierte el jefe de Estado brasileño.
En un discurso ante el Parlamento brasileño, Shimon Peres afirmó que era necesaria "una voz clara contra el terrorismo y las amenazas al Estado de Israel, y que Brasil posee una voz clara con eco en todo el mundo".
Durante los últimos cinco años, Brasil ha logrado importantes conquistas a escala internacional. Su voz se escucha con fuerza desde el estallido de la crisis financiera; su amplia política exterior y la búsqueda de nuevas alianzas con economías emergentes (China e India) lo ha convertido en un interlocutor de peso, y ha logrado ser sede de los Juegos Olímpicos y del Mundial de Fúbol.
Pero, claramente extraña una conquista: lograr un puesto permanente en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Quizá una posible mediación en el conflicto entre israelíes y palestinos se lo permita.





























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