La bonanza económica de la economía brasileña contrasta con la crisis que vive Europa, eso hace que muchos trabajadores del viejo continente busquen alternativas laborales en este país sudamericano. Prueba de ello es que en los primeros nueve meses del 2011 Brasil concedió 52.522 visados, un 32% más que en el mismo período del 2010.
Por Mónica Ameijeiras
Los holandeses no fueron una excepción, son el octavo país europeo que obtuvo más visados, con un total de 970, por detrás de Reino Unido, Alemania y Francia. Todos lograron el permiso, después de un complejo proceso, que tenía como principal condición tener un contrato de trabajo.
Ahora, el gobierno brasileño quiere facilitar los visados a esos trabajadores extranjeros que estén altamente cualificados, argumentando que en el país hay escasez de ese tipo de mano de obra. Sin embargo, la demanda de empleo es, sobre todo, para puestos poco cualificados, por lo que esta apertura podría suponer una puerta de entrada hacia la precariedad laboral, especialmente si se tiene en cuenta que en este país los extranjeros ganan menos que los brasileños.
Hasta ahora, la ley no sólo contempla la concesión de visados de trabajo a extranjeros que ya tuvieran un contrato si no que, únicamente, permite la contratación de ciudadanos de otros países cuando no haya un brasileño preparado para ocupar el cargo, la única excepción son los altos cargos de dirección de las empresas. Es lo que se llama interés nacional, tal como explica el Fiscal de Trabajo del Ministerio Público Brasileño y profesor de la Universidad Federal de Río de Janeiro, Rodrigo Carelli.
“Las empresas tienen que traer extranjeros cuando no haya mano de obra brasileña, en pro del interés nacional, que no es otra cosa que resguardar el mercado de trabajo brasileño para los brasileños y, en su falta, recurrir a los extranjeros”. Así lo señala este especialista que insiste en que no es necesaria una nueva ley, ya que “Hay previsiones, tanto en las leyes como en las resoluciones del Consejo Nacional de Inmigración, para cuando no haya mano de obra especializada en Brasil se pueda buscarla fuera”.
La posibilidad de la precariedad laboral
La nueva ley que quiere aprobar el gobierno va a permitir la concesión de visados de trabajo a los extranjeros aunque no tengan un contrato laboral de antemano. Las autoridades justifican esta decisión argumentando que será una inmigración selectiva para incentivar la “fuga de cerebros” de los países europeos, donde la crisis ha elevado las tasas de desempleo entre los profesionales más cualificados, que es precisamente una de las mayores deficiencias de la economía brasileña, según un estudio de la Confederación Nacional de Industria.
Sin embargo, esa postura no es compartida por muchos especialistas del mercado laboral, ya que consideran que la ley actual ya prevé la contratación de extranjeros. Por eso, en opinión de Carelli, las preocupaciones ante la aprobación de esta nueva ley son dos.
La primera es que “habiendo leyes que prevén cuando hay necesidad de contratar mano de obra extranjera cualificada vengan extranjeros para ocupar el lugar de los brasileños con salarios más bajos. La demanda puede ser realmente de profesionales que ganen menos de los que están aquí”, indica.
La segunda se debe a la falta de cualificación. “El gran crecimiento de la oferta de trabajo en Brasil fue de puestos no cualificados, o poco cualificados. La preocupación es que vengan extranjeros pensando que van a encontrar puestos de trabajo cualificados y lo que van a encontrar son puestos no cualificados”, argumenta el Fiscal de Trabajo del Ministerio Público brasileño.
En los dos últimos años llegaron a Brasil más de 108 mil extranjeros con visa de trabajo, de estos, unos 2.000 eran holandeses, que invirtieron más de 4 millones y medio de euros, convirtiéndose en los décimos inversores extranjeros en el país, y los octavos de Europa.
En cuanto entre en vigor la nueva ley las cifras se pueden disparar, aunque los puestos de trabajo no, ya que a pesar de la fortaleza de la economía brasileña, la tasa de desempleo ronda el 6%, un salario mínimo que no llega a los 300 euros y la inflación es del 6,5%, cifras bien diferentes a las holandesas, con un 4,5% de paro y un salario mínimo de 1.400 euros.

























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