La violencia en las favelas de Río de Janeiro ha dado la vuelta al mundo. En los medios se han visto operativos en los que fuerzas policiales fuertemente armadas irrumpen en algunas de ellas para combatir las mafias del narcotráfico.
Patricia Ameijeiras
El mensaje que se transmitía era el de la favela como sinónimo de violencia, tráfico de drogas, gente armada, pobreza y marginación social, imagen que ayudó a consolidar la película de Fernando Meirelles ‘Cidade de Deus’.
Hasta hace bien poco, las únicas que se ocupaban de esa población eran las Organizaciones No Gubernamentales (ONG's), entre ellas varias holandesas. Ahora, las cosas están cambiando en las favelas del centro de Río de Janeiro´, donde la recientemente creada Unidad de Policía de Pacificación, UPP, ha expulsado a los narcotraficantes. Aunque tímidamente, el Estado está comenzando a prestar servicios públicos, y esa “paz” ha traído un nuevo dinamismo económico y cultural.
Las iniciativas de economía solidaria y de desarrollo sustentable son uno de los motores del crecimiento. Pero también ha llegado la especulación inmobiliaria, y, un mes después de su pacificación, en la favela de la Rocinha, la más grande de Río, el precio del suelo subió en un 40%. En la favela del Alemao, en 12 meses se legalizaron más de 1.400 empresas. Así mismo, los inversores están descubriendo un nuevo público consumidor.
Promesas
Sin embargo, esa paz y ese crecimiento económico durarán poco si el Estado no cumple su promesa de invertir casi cuatro mil millones de euros en saneamientos básicos, como red de alcantarillado, iluminación pública, mejora del sistema eléctrico y de las viviendas.
Las ONG’s todavía no tienen claro si esta situación de “paz” será definitiva o sólo un tratamiento cosmético de cara a los dos grandes acontecimientos que acogerá la capital carioca en los próximos años: el Campeonato Mundial de Fútbol, en el 2014, y los Juegos Olímpicos, en el 2016.
“La comunidad local no está muy convencida de que esa paz se mantenga a lo largo de la historia,” explica Vanessa Fonseca, responsable de programación de la ONG Promundo, “si bien la violencia disminuyó, lo que se hace es empujarla hacia otros lugares, expulsarla del centro hacia otras regiones, pero sin una política orientada a su solución y vinculada a una serie de transformaciones estructurales; de ahí que la población tiene poca confianza en que esa política se mantenga”.
En su opinión, además de inversión económica, es necesario tratar a los residentes de las favelas como iguales, tener presente que tienen los mismos derechos que el resto de los ciudadanos y no tratarlos como potenciales traficantes o delincuentes, sino como gente de bien.
“La policía comete abusos, lo que no quiere decir que no los respete, y aún se debe avanzar mucho en lo tocante a los derechos de esa población. Lo principal es reconocer que aquellas personas también tienen derecho a ser respetadas, porque son gente de bien, no son potenciales bandidos ni traficantes, tienen derecho a educación y a sanidad digna. Considerarlas como iguales, es un avance muy importante”, argumenta la responsable.
La labor de las ONG’s en las favelas viene de lejos, cuando el Estado no estaba presente. Pese a que ahora lo está, es necesario vigilar su trabajo y reclamarle los servicios a la población y los derechos de la misma, ya que su presencia no es suficiente, no llega a todos. Por tal razón, al igual que antes, el trabajo de las ONG’s es ahora fundamental. Tal es el caso de las actividades de la organización holandesa IBISS, que lleva más de 15 años luchando contra la exclusión social en las favelas y las calles de Río de Janeiro; y las de Promundo, que trabaja para acabar con la violencia contra las mujeres y los niños.
“Las ONG’s deben acompañar la entrada del Estado en la comunidad y abrir espacios de discusión de esa violencia, que es estructural, que habla de desigualdades; espacios para discutir las desigualdades y el reconocimiento de esas personas como seres con derechos, por ejemplo a tener una escuela y recibir servicios de salud de calidad. Existen desigualdades o normas que van creando diferencias en la forma en que las personas se ven como sujetos, y las ONG’s pueden ayudar a reflexionar sobre eso”, puntualiza Vanessa Fonseca.
Efervescencia cultural
Pero, con o sin la presencia del Estado, lo que no cambia en las favelas es la efervescencia de la actividad cultural, un camino para promover el interés por la formación.
Uno de los puntos de inflexión en la creación artística dentro de la favela fue la película ‘Cidade de Deus’, de Fernando Meirelles. El 100 por ciento de los actores vivía en favelas, y el cineasta les dio una oportunidad. Luciano Vidigal, quien vive en una favela, se desempeñó como ayudante de reparto en la película y ahora es director de cine. En la actualidad rueda el documental ‘Cidade de Deus, 10 años después’, en el que, a través de la vida de los actores del largometraje, cuenta lo que cambió en Brasil en una década.
“La gente está hablando de Brasil 10 años después, como evolucionó y que ocurrió culturalmente. Acontecieron muchas cosas, como concienciación política, esperanza, preocupación por la economía, concienciación de nuestra riqueza nacional y de su mala distribución; en el documental se trata esos temas”, comenta Luciano Vidigal, quien dirige la película en colaboración con Cavi Borgues.
A este director no le sorprende la efervescencia cultural que hoy se vive en estas comunidades, porque, en su opinión, la favela siempre fue rica culturalmente, lo que ocurre ahora es que se está humanizando y está llegando al resto de la sociedad.
“Las favela siempre fue rica culturalmente, la samba proviene de la favela, y ahora, 10 años después, la favela está descendiendo a la ciudad de forma más bella, más cultural, se está humanizando como siempre quiso ser humanizada en los medios”, argumenta el cineasta.
Otra muestra de la cultura en las favelas es el proyecto ‘Favela Painting’, liderado por los holandeses Jeroen Koolhaas y Dre Urhahn, que en la favela de Vila Cruceiro están revalorizando la belleza de sus estructuras urbanas, con el objetivo de motivar e integrar a las comunidades locales en el proceso artístico.
El Espacio Ibbis, creado por la ONG holandesa IBISS, y también situado en Vila Cruceiro, acoge todo tipo de actividades culturales, como teatro, ballet, y ofrece, entre muchas otras actividades, servicios de biblioteca o apoyo escolar. En cinco años han pasado por allí más de 11 mil personas.
En definitiva, la transformación de la vida de las favelas es un hecho; ahora está por ver si se consolidará, porque cuando disminuye la violencia, las cosas progresan. Es un movimiento de esperanza, un momento de transición, aunque aún es prematuro decir si en buen o mal sentido. Esperemos que no sea sólo un tema de seguridad pública, sino que también conlleve inversión en salud, educación, saneamiento básico, porque eso es lo que la gente necesita.





























Olvidaron mencionar que Rio será también la sede de la Jornada Mundial de la Juventud en el 2013.
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