El Gobierno boliviano ha empeñado sus mejores esfuerzos este domingo para tratar de frenar las nuevas protestas de médicos y universitarios, con el respaldo de la Central Obrera Boliviana (COB), que están anunciadas para esta semana y que van a concentrarse en la capital de La Paz.
El ministro de la presidencia, Juan Ramón Quintana, negocia con el comité ejecutivo de la COB el pliego de peticiones de los trabajadores bolivianos sobre el incremento salarial y, entre los conflictos sociales, la solución a la huelga de 47 días de los médicos y trabajadores de los servicios de salud pública en todo el país.
En Santa Cruz, el ministro del Interior, Carlos Romero, ha dialogado durante horas con una comisión de médicos y trabajadores de salud pública sobre una salida a la huelga, las protestas callejeras y los bloqueos, que durante la pasada semana dejaron un saldo de heridos, contusos y detenidos, y una marcada tensión en las ciudades de La Paz, Cochabamba, El Alto y Santa Cruz, principalmente. Es posible un principio de acuerdo que podría concretarse a lo largo de este lunes: un decreto para anular otro decreto, origen de la rebelión de las batas blancas.
Conspiración de partidos políticos
La situación, que por momentos parecía salirse de control en días pasados, ha sido atribuida a una conspiración de los partidos políticos. La ministra de Transparencia, Nardy Suxo, ha ratificado los temores expresados en ese sentido por diputados del gubernamental Movimiento al Socialismo, y ha acusado al suspendido Gobernador de Beni, Ernesto Suárez, a los jefes de Unidad Nacional, Samuel Doria Medina, y del Movimiento Sin Miedo, Juan del Granado, de querer planificar el derrocamiento de Evo Morales en una reunión mañana martes en Trinidad.
El ex vicepresidente de Bolivia, Víctor Hugo Cárdenas, no cree que la oposición esté detrás de todo el conflicto social en el país, como denuncian las autoridades.
“Primero hay que descartar cualquier acción de la oposición, porque está tan débil que no existe una oposición significativa. Es más, lo que hoy se llama como oposición son los ex aliados del Gobierno. O sea, no hay, técnicamente hablando, una oposición política; son los ex aliados que han colaborado en los anteriores seis años anteriores al Gobierno que aparecen ahora con voz disidente, con voz discrepante.”
Frustración
Si no hay quien azuce el descontento, ¿qué lo promueve, además, en sectores más bien pasivos como médicos, paramédicos y profesionales considerados de la clase media, y entre aliados del Gobierno como ha sido la Central Obrera Boliviana o los pueblos indígenas de tierras bajas?
“La principal razón: creo que en Bolivia está expandiéndose un ánimo de frustración”, opina Cárdenas. “El Gobierno prometió mucho y no puede cumplir. El aumento salarial es tan bajo que no cubre siquiera la pérdida del poder adquisitivo de los salarios. En segundo lugar, el Gobierno desarrolla un discurso de abundancia económica producto de los altos precios de las materias primas, sobre todo gas y minerales, y el país tiene evidentemente altos ingresos. El Gobierno difunde por los medios de comunicación que atravesamos una bonanza económica, y la sociedad quiere tener parte de esos beneficios, y el Gobierno es incapaz de atender. Otro factor que agrava estos conflictos es que el Gobierno no conversa, no dialoga ni negocia, sino que acude a la acción de la policía para reprimir a estos movimientos. No busca soluciones, sino permanentes postergaciones y una campaña de denigración a los distintos sectores del país.”
Existe la esperanza de que sí se llegue a acuerdos previos, al menos, para suspender las huelgas. Sin embargo, la ciudad de La Paz se tendrá que resignar a otro día de parálisis, pues está anunciada este lunes una nueva manifestación, esta vez de apoyo a Evo Morales de parte de los productores de hoja de coca y campesinos afines al MÁS.
























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