Entre 1975 y el 2006, los glaciares en la Cordillera Real de Bolivia perdieron más del 40% de su volumen. Así consta en el informe ‘Bolivia: Cambio climático, pobreza y adaptación', de la organización Oxfam.
El documento ha sido difundido como preámbulo a la Cumbre de las Naciones Unidas para el Cambio Climático, a celebrarse en Copenhague en diciembre próximo. Según el informe, el país andino sufre en mayor medida las consecuencias del cambio climático y lucha para adaptarse a sus efectos, con poca o ninguna financiación del mundo industrializado. "Bolivia es el país más pobre de América del Sur y con una grandísima variedad de ecosistemas, el décimo más diverso del mundo, eso hace que sea especialmente vulnerable al impacto del cambio climático," sostiene José Antonio Hernández, Portavoz de Cambio Climático de Oxfam.
Escuche la entrevista con José Antonio Hernández, portavoz de Oxfam:
Si no se toman medidas, el país andino se verá afectado en varios frentes: deshielo de los glaciares de forma acelerada, la inseguridad alimentaria por la falta de agua y el aumento de plagas, la intensidad de desastres naturales como inundaciones y derrumbes, la propagación de enfermedades como la malaria y el dengue, y los incendios forestales producto de la sequía y el calor. "Problemas todos que se retro alimentan entre sí y que golpean principalmente a las comunidades más pobres," advierte el vocero.
Población local intenta adaptarse
Hernández y su equipo han podido constatar que las poblaciones locales están tomando medidas para denunciar lo que está sucediendo, pero también para enfrentarse a ello a través de conocimientos ancestrales y prácticas milenarias.
Ejemplo de ello son los 'camellones', un sistema de tierras elevadas en la zona de la selva donde los indígenas cultivan en alto y donde los canales que rodean las tierras, que levantan sobre el nivel habitual, permiten que en época de inundaciones no se inunden los cultivos y les posibilitan conservar el agua para la época seca y así poder regar. "Esto está consiguiendo aumentar la producción agraria y, por lo tanto, la renta de las familias campesinas que intentan adaptarse al impacto del cambio climático," sostiene Hernández.
Justicia ante todo
Tanto la sociedad civil como el Gobierno bolivianos están actuando de una forma concertada, muy comprometida y exigente en denunciar las consecuencias del cambio climático, incluso desde el punto de vista jurídico, con la creación de un Tribunal de Justicia Climática, que acaba de constituirse en Cochabamba.
"Se busca ahí que la comunidad internacional no trate a los países del sur como países víctimas de una desgracia a los que deben brindar ayuda, sino que los traten como los receptores de una responsabilidad que tienen que pagar los países ricos", comenta.
Según Oxfam Internacional, en el año 2000 Bolivia fue responsable del 0,35% de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero a escala mundial, mientras que Estados Unidos y la Unión Europea registran porcentajes mucho más elevados, del 16 y el 12 por ciento, respectivamente.
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"En virtud de principios tan comprendidos y tan visibles, como 'el que contamina paga', aquellos países que son responsables de la contaminación que ha provocado este cambio climático, deberían compensar el daño ocasionado, y esa compensación tendría que ser completamente adicional a los compromisos que tienen de ayuda al desarrollo," sostiene Hernández.
Rumbo a Copenhague
Dependerá de la voluntad política de los países ricos que se disponen a discutir el tema en la próxima Cumbre de las Naciones Unidas para el Cambio Climático, en Copenhague. El acuerdo que sea tendrá que ser vinculante, dice Hernández, porque no puede quedar pendiente de la voluntad de las partes cumplirlas o no. "tiene que ser legalmente obligatoria y tiene que contener obligaciones de reducción de emisión de gases contaminantes, par a garantizar que se frene el cambio climático".
Tiene que haber además un compromiso de financiación de adaptación a los efectos del cambio climático y también de la mitigación. "Que los países empobrecidos reciban apoyo tecnológico y económico para poder continuar con su desarrollo, sin tener que repetir el modelo de los países ricos, que se ha basado en el derroche y en la quema masiva y combustión de fósiles. Si esto no se lleva a la mesa, Hernández considera que difícilmente se conseguirá un acuerdo.





























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