En estos tiempos de crisis, Holanda ha elegido una llamativa política de inmigración. Mientras en Estados Unidos y Gran Bretaña rige una política de “los propios cerebros primero”, Holanda ha decidido abrir las puertas de par en par a los talentos extranjeros.
La inmigración de los mejores estudiantes de los países en desarrollo hacia Occidente es un hecho de larga data. Los atrae la mejor educación, la innovación tecnológica y los sueldos más altos. Desde la Segunda Guerra Mundial el polo de mayor atracción para los cerebros de los países pobres ha sido Estados Unidos, y su economía se ha visto claramente beneficiada con ello.
Los propios cerebros primero
No obstante, la crisis global ha causado cambios en las reglas de juego. En enero de este año, el Senado de Estados Unidos decidió que las empresas nacionales que reciben dinero estatal deben dar prioridad a los ciudadanos estadounidenses. En marzo, el Banco de América retiró su oferta de trabajo a los estudiantes de otros países.
Gran Bretaña tomó también la decisión de ofrecer los empleos de mayor exigencia educacional primero a los británicos. Los inmigrantes quedaron en segundo lugar.
Esta situación abre nuevas posibilidades, dice Robbert Dijkgraaf, presidente de la Academia Real para las Ciencias, encargada de promover la práctica científica en Holanda.
“En Estados Unidos se ha producido un importante descenso de las becas para los estudiantes e investigadores extranjeros”, dice Dijkgraaf. “Lo normal era que los inmigrantes más talentosos pasaran por encima de nosotros en dirección a Estados Unidos. Ahora que la situación en ese país ha cambiado, se presenta la oportunidad única de abrirles las puertas en Holanda”.
Holanda gana lo que Estados Unidos pierde
En sintonía con las palabras de Robbert Dijkgraaf, el Estado holandés ha presentado nuevas estrategias para que los mejores cerebros extranjeros se queden en el país y, no menos importante, atraer a otros.
Por ejemplo, Holanda ha invertido 280 millones de euros en los llamados “establos” temporales para trabajadores de las áreas del conocimiento, que eran empleados de empresas privadas y vieron amenazada su fuente de ingreso por los recortes de presupuesto de sus empleadores. Los “establos” son instancias estatales y universitarias y para acceder a ellos no hay diferencia entre holandeses e inmigrantes.
Yue Zhang, joven china de 25 años, trabaja desde hace seis meses en una empresa farmacéutica en La Haya y está feliz con el nuevo sistema:
“Me parece muy inteligente de parte del Estado holandés, porque para un extranjero es más difícil conseguir un nuevo trabajo que para un holandés. Aún así, si pasan más de tres meses, tienes que abandonar el país. Con la nueva política, el conocimiento se queda en Holanda y cuando termine la crisis beneficiará a su economía”, afirma Yue Zhang.
Mayores posibilidades
Entretanto los inmigrantes cuentan con un año de plazo para encontrar un nuevo trabajo. Buenas noticias para los extranjeros y la economía, pero hay quienes se preguntan si el reglamento no afectará a los trabajadores nacionales. Este temor responde a una mirada demasiado estrecha, dice Marco Waas, decano de la Universidad Técnica de Delft:
“Ningún holandés puede pensar que es mejor que otra persona por derecho divino. Cuando se atrae a los mejores talentos extranjeros a los centros científicos y empresariales, lo que se está haciendo es alimentar el motor de la economía y a la larga creando nuevos puestos de trabajo. El orgullo debe dejarse de lado. No hablo de una competencia entre razas y orígenes, sino de una sana tensión que nos estimule a seguir adelante”.
Lo cierto es que Holanda tiene más necesidad que Estados Unidos y Gran Bretaña de inmigrantes altamente calificados. Y extranjeros como la china Yue Zhang no esconden sus intenciones de regresar a su país. Esto tiene que ver con su preocupación por sus padres. Yue Zhan es incapaz de imaginar a sus padres internados en un asilo de ancianos.
Menor fuga de cerebros
La crisis crediticia está resultando ventajosa para países como China e India, que están salvando más rápidamente la brecha económica con Occidente. Así, de manera lenta pero segura, van haciendo disminuir la fuga de cerebros.
Una investigación reciente de la Universidad de Harvard muestra que cada vez son más los estudiantes extranjeros que deciden volver a casa, y no solamente a causa de la crisis. La economía china, por ejemplo, se está desarrollando velozmente y las posibilidades de hacer carrera allí son atractivas para los jóvenes que estudiaron afuera. A la vez está aumentando la calidad de las universidades asiáticas.





























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