Mientras el presidente colombiano, Álvaro Uribe, explica en Latinoamérica su acuerdo militar con Washington, el resto del subcontinente se pregunta qué presencia militar real tiene Estados Unidos en la región.
Anna Karina Rosales
Como ya es conocido, el Gobierno colombiano anunció recientemente el fortalecimiento de su lucha contra el narcotráfico y el terrorismo con el apoyo de Washington. Como consecuencia directa, el país permitirá que militares estadounidenses hagan uso de bases colombianas.
La noticia causó conmoción en la región, y mientras algunos países opinan que es decisión soberana de Colombia, otros acusan al país de permitir la “injerencia” estadounidense en asuntos de la región. En específico, los países del llamado “eje bolivariano” son los más críticos con la decisión y no pierden oportunidad para atacar Uribe, acusándolo de favorecer al “imperialismo” y de dejar de lado los intereses regionales.
Francisco Rojas Aravena, secretario general de FLACSO, la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, sostiene que, en efecto, hoy en día Latinoamérica parece estar más polarizada que nunca. Sin embargo, en entrevista con Radio Nederland, Rojas Aravena se opina que, bajo el Gobierno de Obama, la presencia militar estadounidense en la región tendrá otro y más positivo tono.
Anna Karina Rosales.- La presencia militar estadounidense en Colombia se circunscribe en el contexto de la cooperación entre ambos países en la lucha contra el narcotráfico y el terrorismo. ¿Por qué causa esto suspicacias?
Francisco Rojas.- Porque tenemos una historia compleja de relación con Estados Unidos, que ha tenido un impacto a lo largo de la historia de las relaciones entre ambas regiones, entre América Latina y Estados Unidos. La memoria latinoamericana tiene muy fresco graves errores del pasado y graves intervenciones norteamericanas, en particular, a inicios del siglo pasado. Éstas fueron reiteradas posteriormente por otros medios a lo largo del siglo, siendo la última la que ocurrió en Panamá en el año 89. Por tanto, esta presencia y el peso de Estados Unidos en la región con intervenciones algo importantes, generan preocupación, en algunos casos, y suspicacias, en otros. De allí que sea necesario aclarar cuáles son las medidas de cooperación que puedan tener con los distintos países de la región. En todo caso, vale la pena destacar que la base militar y el acuerdo militar entre Colombia y los Estados Unidos parten de un acuerdo que ya se tiene, que está operando y que lo que se está haciendo, esencialmente, es trasladar la base de Manta, que operó en Ecuador durante algún tiempo, a territorio colombiano.
A.K.R.- Un poco más al norte, en Honduras, a 100 kilómetros de la capital, Estados Unidos también tiene presencia, en la base Soto Cano. ¿En qué condiciones funciona ahora teniendo en cuenta el inusual contexto político actual?.
F.R.- Yo entendería que, por las decisiones que han tomado la Casa Blanca y el Ministerio de Relaciones Exteriores, las relaciones de cooperación en el ámbito militar se encuentran congeladas. Eso no significa que el personal militar que pueda haber en esa base deba necesariamente retirarse de Honduras. El vínculo y la acción cotidiana con relación a ambas fuerzas se encuentran congelados. Es decir, no hay una acción más allá de la rutinaria que probablemente desarrolle Estados Unidos para verificar el espacio aéreo, esencialmente, y el control marítimo sobre el tráfico de drogas.
A.K.R.- Con la llegada de Obama al Gobierno de Washington se esperaba un cambio en las relaciones políticas y militares con los países latinoamericanos. ¿Cómo siguen estas expectativas?
F.R.- Yo creo que ese cambio sí llegó. Eso es evidente. En otras circunstancias, sería muy difícil que los Presidentes latinoamericanos, y en el caso de Honduras el mediador Óscar Arias, tuviesen un diálogo directo con las autoridades norteamericanas para buscar las mejores formas en las cuales poder presionar al Gobierno de facto. Posiblemente, si hubiésemos estado en una administración con políticas unilaterales, como la anterior en los Estados Unidos, no habría diálogo y habría un enfrentamiento grande entre América Latina y Estados Unidos. Creo que el diálogo con Washington es franco, abierto, y que se ha generado una gran oportunidad de cooperación entre Estados Unidos y América Latina, que aborda distintas áreas. En particular, frente al tema de Honduras, el presidente Obama ha sido muy claro en sus primeras declaraciones, que realizó en la casa Blanca junto al presidente Uribe, y reiteró en Moscú y, pocos días atrás, en una cadena de televisión hispana, y en todas siempre ha sido muy claro. Creo que, hoy día, hay un diálogo fluido con Estados Unidos, en el que se pueden tratar todos los temas, un poco sobre la base de lo que ocurrió en la Quinta Cumbre de las Américas: que ‘sea duro con el problema, y suave con las personas’. Esto es lo que posibilita un diálogo efectivo entre la región y Estados Unidos con perspectivas muy positivas.
A.K.R.- Pasando a otro plano, pero siempre hablando sobre el tema de las tendencias de cooperación en defensa en la región latinoamericana, usted sostenía en una exposición que en realidad las agendas de seguridad se entrecruzan.
F.R.- Tengo la impresión de que la agenda de seguridad, es decir aquella vinculada esencialmente a temas policiales y no de defensa nacional, en muchos países está entrecruzada. El peso que ha adquirido el crimen organizado, la virulencia y el uso de la fuerza que hace, obliga a que Fuerzas armadas, o quienes están a cargo de la defensa, deban mirar de manera subsidiaria, en algunos casos, pero en otros con una presencia cada vez más grande, los temas vinculados a la seguridad. Y esto tiene complejidades muy grandes cuando se reaviva fuera del contexto del liderazgo civil. Tiene complicaciones mayores cuando esto se realiza por decisión, muchas veces, de las propias Fuerzas armadas y no de las autoridades civiles. En general, cuando esto no ocurre en un marco de planificación estratégica de asociación y de objetivos muy claros, lleva a que las fuerzas armadas suplanten a la policía y por lo tanto se desprofesionalizan, lo cual es un tema muy complejo. Creo que en los casos en que hay una participación militar efectiva en el combate al crimen organizado, como es el caso de México, se han tomado algunas directrices y algunos resguardos importantes que será necesario que se afiancen. Pero ésa es la línea y la orientación que el presidente Calderón ha señalado. Probablemente, en algún tiempo, una parte de quienes están luchando contra el crimen organizado se transformará en una policía nacional efectiva y que pueda tener un mayor control territorial de los temas policiales con el apoyo subsidiario de las Fuerzas armadas.
A.K.R.- De las alianzas en cooperación en Defensa, que son varias, la iniciativa Mérida, el Plan Colombia, la Conferencia de Centroamérica, el Consejo Sudamericano, la Alianza Bolivariana, etc., ¿cuál estaría funcionando de forma efectiva?.
F.R.- Hoy día estamos en un proceso de múltiples iniciativas que tiene objetivos distintos. El Plan Colombia, tiene uno particular referido al narcotráfico, pero también un aparte en contra de movimientos insurreccionales. El Plan Mérida es el apoyo con relativamente pocos recursos en términos proporcionales al Gobierno mexicano y a los Gobiernos centroamericanos en la lucha contra las drogas. El Consejo Sudamericano de Defensa es completamente distinto, es una entidad que agrupa los Estados sudamericanos para mirar los temas en común en el ámbito de la defensa, y allí no se analizan los temas vinculados a la seguridad. La iniciativa de la OEA en torno a la seguridad pública es una iniciativa que tuvo una primera reunión de ministros el año pasado, y tendrá otras, para coordinar los temas de seguridad pública. Creo que son instancias todas distintas, con diversos objetivos, aunque en algunos casos pueda haber superposición de temas.
A.K.R.- Finalmente, ¿en qué medida el contexto político y las tendencias ideológicas influyen en el debilitamiento o quizás fortalecimiento de esta cooperación?.
F.R.- Yo creo que éste es un tema un poco distinto y de orden más general que estrictamente vinculado a los temas de defensa o de seguridad. Yo tengo la impresión de que, hoy día, en América Latina y en la región en general tenemos una situación de creciente polarización de visiones cada vez más polarizadas respecto a distintos temas. El tema de Honduras es el que, probablemente, ha hecho reflotar de mejor manera la reaparición de personajes de la época de la guerra fría, que fueron parte de la administración Bush, y que hoy día han vuelto a tomar un lugar relevante con posiciones muy distintas a la de la Administración del presidente Obama. A su vez, en América Latina se ha generado una polarización creciente entre visiones distintas, que pudiesen ser representadas por una parte por quienes promueven la iniciativa de una orientación al estilo del siglo XXI, que se agrupan o tienden a agruparse al proyecto del ALBA, respecto a otras que tienen una orientación mucho más vinculadas al mercado, a la globalización y a otro tipo de posiciones que, siendo progresistas, son distintas. En todo caso, tengo la impresión de que esto incentiva cooperación, por un lado, y desincentiva, la cooperación, por el otro. Hay países que hacen del enfrentamiento con Estados Unidos una piedra angular de su política exterior. En cambio, otros lo que buscan es que no aparezcan factores de tensión, si no más bien cómo se contribuye a generar una distensión en la relación con los Estados Unidos. Y en ese sentido, el tema de las bases aparece como un tema que pudiera generar tensión en este debate en la región. Creo que el presidente Uribe ha tomado una iniciativa de informar a los Presidentes de los países sudamericanos sobre cuál es el sentido y proyección de estas bases, precisamente para evitar que pudiera transformarse en un foco de conflicto con Colombia, pero particularmente en su vínculo con América Latina y con Estados Unidos. Creo que países grandes como Brasil, y Chile, que en los últimos años ha tenido una relación de cooperación, buscarán perspectivas que eviten un escalamiento de esta polarización en la relación con Estados Unidos. Porque precisamente lo que hay que hacer es aprovechar la oportunidad y el espacio de diálogo que abrió la administración Obama.
Escuche la entrevista con Francisco Rojas





























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