En un breve mensaje por correo electrónico, el banco holandés ING informó a Rianne Tamis que dejaría de ofrecerle servicios. Tamis vive en Sudán, uno de los seis Estados considerados “parias”, donde ya no podrán tener cuentas en el banco ING.
“No comprendo qué quieren alcanzar al privar a holandeses del acceso al banco”, declara Rianne Tamis airada. Su mayor problema es la segunda cuenta que tiene además de la privada, destinada a la Escuela Nueva Salama, una institución de enseñanza primaria localizada en un campo de refugiados en las afueras de la capital, Jartum. Allí los niños pueden recibir enseñanza gratuita.
“Amigos y conocidos holandeses depositan mensualmente dinero en esta cuenta. Esta medida lo complicará todo”, ya que el banco también anulará la cuenta para “los niños desplazados de los Estados Parias”, como dice Tamis con sarcasmo.
Estrictas reglas
El rechazo en fases de clientes holandeses en Sudán, Cuba, Irán, Myanmar, Corea del Norte y Siria, fue anunciado en el informe anual de 2007 del banco ING. Estos países son objeto de sanciones internacionales, y hace cinco años otro banco holandés, el ABN Amro, tuvo que pagar una multa de 80 millones de dólares por vulnerar tales sanciones.
“Como todo el mundo sabe, el sector financiero está sometido a numerosas regulaciones”, afirma Raymond Vermeulen, jefe del departamento de información del ING. “En los pasados años, estas reglas se han vuelto más estrictas para evitar un manejo erróneo del dinero. Por tal razón, ING quiere mantener la transparencia de sus actividades.”
ING debe controlar
En ninguna parte está estipulado que el banco no pueda tener clientes en los Estados parias. Sin embargo, como explica Vermeulen, se espera que el banco pueda corroborar que no se viola ninguna regla. Por tal razón, ING debe saber con exactitud qué sucede con el dinero en la cuenta de estos clientes.
Tales cosas sí pueden controlarse, afirma Vermeulen, pero “son muy costosas”. Tampoco se sabe con certeza cuántas son las cuentas afectadas. En todo caso, el número sería demasiado bajo como para compensar los costos de los onerosos controles.
Buscar alternativas
Rianne Tamis tiene un plazo de tres meses para encontrar una alternativa. Otros bancos holandeses todavía aceptan las cuentas de holandeses residentes en los seis países en cuestión. Sin embargo, poca es la ayuda que estas opciones le brindan, afirma Tamis:
“No, no, tienes que poner tu firma, es lo que supongo. Y para ello debo viajar a Holanda”. Tres meses le parece demasiado poco. Sin embargo, ING sostiene que no hay otra opción que estipular un “plazo”.
Caso por caso
Vermeulen se muestra sorprendido al enterarse que no fue hasta la semana pasada que Tamis recibió el mensaje por correo electrónico. Al mismo tiempo, señala que la anulación de las cuentas se realizan paulatinamente y en cada país por separado. En Cuba se envió incluso un aviso a través de las agencias de viaje.
En última instancia, Vermeulen afirma que todos los clientes afectados tendrán “amplias” posibilidades para contactarse. La eventual asistencia en busca de alternativas se realizará “por caso”. Sin embargo, estas palabras no atemperan la desilusión de Rianne Tamis y su Escuela Nueva Salama.





























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