Hace 30 años, los sandinistas iniciaban la revolución en Nicaragua. Desde Holanda, gran cantidad de voluntarios viajó al país centroamericano para ofrecer su ayuda. ¿Qué piensan estas “brigadas” holandesas de aquel periodo? ¿Se acabó la magia o algo queda?
Por Martijn van Tol
Fines de los años setenta: El súper poder capitalista, Estados Unidos, había sido derrotado en Vietnam, el Apartheid sudafricano era boicoteado en el mundo entero y el Frente Sandinista de Liberación Nacional derrocaba al dictador nicaragüense Anastasio Somoza.
El ideal comunista de los seguidores de Sandino hizo fruncir el ceño a Estados Unidos, pero en los círculos de izquierda holandeses, Nicaragua se convirtió en un verdadero imán. Médicos, ingenieros agrícolas, periodistas y sociólogos viajaron a Centroamérica dispuestos a ensuciarse las manos por un futuro mejor.
Muchachas en armas
En 1979 el cineasta Jan Kees de Rooy fue invitado a crear un canal de televisión para los sandinistas.
“En el aeropuerto de Managua había mucha gente joven, de 16 o 17 años”, recuerda De Rooy. “Estaban ahí para cumplir tareas de aduana y control de pasaportes, pero en realidad no tenían idea de esas cosas. Todos armados con fusiles y ametralladoras y con una gran sonrisa en la cara. La revolución era una fiesta”.
El recién graduado sociólogo Hans van Heijningen partió también a Nicaragua, tras los pasos de su novia, licenciada en medicina, que ya se encontraba trabajando allí. Van Heijningen, que hoy trabaja en la oficina del Partido Socialista en Holanda, se convirtió en asesor político del nuevo gobierno Sandinista. Un empleo de sueños para un joven sociólogo, pero en Nicaragua la lucha armada no había terminado.
Turistas políticos
En determinado momento Van Heijningen recibió clases de tiro y se encontró con una Kalashnikov en las manos. “Por si hiciera falta”. En el interior del país, una brigada holandesa fue atacada por milicianos de la Contra, enemigos de la revolución financiados por Estados Unidos.
“Los holandeses pasaron la noche pegados al suelo y cuando terminó la balacera, ante las puertas principal y trasera encontraron los cuerpos de los sandinistas que los habían defendido”. A ojos de los holandeses, los nicaragüenses eran muy indisciplinados, pero como dice Van Heijningen, “estaban dispuestos a morir por sus ideales”.
No pasaba lo mismo con los “bienhechores” holandeses. Así lo sostiene la escritora de libros de viaje Carolijn Visser, que en aquellos años se encontraba en Nicaragua. En Managua solía “tropezar” con los turistas políticos holandeses. “Se golpeaban el pecho como si estuvieran haciendo algo heroico: enviar videos desde los barrios más tranquilos de Managua, dar vueltas en autos de alquiler mientras un nicaragüense no podía pagar un litro de gasolina. Morir en el frente era algo que debían hacer los nicaragüenses, no ellos”.
Amor que se enfría
Desde 2006, el líder sandinista Daniel Ortega es nuevamente el presidente de Nicaragua. Se le ve un poco más gordo y con menos cabello, pero después de 30 años sigue llamándose a sí mismo “un revolucionario”.
En Holanda el amor por la revolución sandinista se ha enfriado. El ministro de Cooperación al Desarrollo, Bert Koenders, decidió en diciembre pasado congelar la ayuda económica a Nicaragua. Al ministro le parece “irresponsable” seguir otorgando ayuda después que el gobierno de Ortega entorpeciera el libre proceso electoral. También se han suspendido muchas relaciones de amistad entre ciudades holandesas y nicaragüenses.
El cineasta De Rooy sigue viviendo en Nicaragua. ¿Con qué ojos ve hoy su ayuda a los sandinistas al comienzo de la revolución?
“Por supuesto que se pueden hacer anotaciones al margen. Los procesos de cambios nunca son perfectos. En mi caso personal, no me arrepiento de nada. Por el contrario, considero un privilegio haber tomado parte en la revolución. Quizás se podría comparar con los primeros meses después de la Segunda Guerra Mundial. En esos días la gente hablaba de ‘una nueva Holanda’. Ese espíritu, esa disposición de todos a sacrificar algo por la construcción de una nueva sociedad, eso estaba muy presente en Nicaragua”.





























Enviar nuevo comentario