Por primera vez en casi diez años, la líder de la oposición birmana y premio Nobel de la Paz, Aung San Suu Kyi, pudo abrazar en el aeropuerto a su hijo menor, Kim, quien vive en Gran Bretaña.
La concesión de una visa para Kim, de 33 años, parece un nuevo – y modesto – gesto de acercamiento por parte de la junta militar. Suu Kyi, de 65 años, pasó más de quince años en la cárcel o arresto domiciliario en Myanmar (antigua Birmania). Hace algo más de una semana, la junta levantó inesperadamente su arresto domiciliario. La dirigente birmana goza nuevamente de libertad de movimiento dentro de su país.
Su liberación se puede considerar histórica, según una periodista que visita regularmente Myanmar y que prefiere permanecer en el anonimato dada la animosidad de la junta hacia los periodistas. La reportera estuvo presente cuando la líder de la oposición se dirigió por primera vez al pueblo.
“La primera palabra que me vino a la mente al verla fue ‘incólume’,” comenta, “contemplé pasmada con qué facilidad se movía entre la gente, hablaba a la multitud, se mostraba enérgica. Irradiaba salud física y alegría, lo que me llamó la atención porque también tiene un lado muy severo en defensa de sus principios’.
Circunspección
Ese día, la actitud circunspecta que suele acompañarla había desaparecido. De pronto ya no era la mujer que da la impresión de tener las riendas en las manos en cualquier circunstancia. Cabe preguntarse si la orden de levantar el arresto domiciliario ha cambiado algo fundamental en Myanmar, ya que Suu Kyi ha sido liberada temporalmente más de una vez.
“Dijo que no había tenido contacto con los militares desde su liberación,” señala la informadora, ”la junta no parece muy interesada en conversar con ella. Es demasiado prematuro, por lo tanto, para saber si su liberación podría ser un paso hacia una mayor democratización y libertad.”
Uniforme
Según la reportera, las elecciones recientes parecen apuntar principalmente a un intento de perpetuar el poder del Ejército en la política. “Muchos militares simplemente se cambiaron el uniforme por un traje de civil para entrar en la política.”
En su opinión, las intenciones de los militares eran evidentes incluso durante la campaña electoral. El partido pro-junta fue privilegiado y, en efecto, resultó ganador. Sin embargo, Suu Kyi sigue gozando de un amplio apoyo de la población.
“Yo estaba junto a la verja cuando ella apareció,” narra la periodista, “y más tarde también estuve en la sede de su partido. Al ver a miles de personas que llegaban pensé que, de hecho, éstas eran las verdaderas elecciones. El 7 de noviembre la gente acudió a las urnas con un ánimo de resignación y, en algunos casos, incluso un ambiente de temor.”
De ninguna manera la gente irradiaba una actitud de optimismo por la oportunidad de los comicios, en enorme contraste con el ambiente que rodeó el día de su liberación. Los partidarios demostraron gran coraje al manifestar a viva voz su apoyo a la líder, sabiendo que las cámaras de la junta los estaban señalando y registrando. En repetidas ocasiones, los partidarios de la líder opositora son inmediatamente arrestados apenas la prensa internacional abandona el país.
Sin embargo, por el momento Suu Kyi todavía se mueve con prudencia. Y es necesario, porque es vigilada con desconfianza por los militares y podría perder la libertad en cualquier momento. Por una parte, Suu Kyi quiere dejar en claro que proseguirá con su lucha política. Por la otra, evita toda provocación.
Un ejemplo de ello es la respuesta a una pregunta sobre una serie de sanciones económicas impuestas por varios países. Si la gente deseaba que las sanciones fueran eliminadas, ella esperaba que así se lo manifestara. En primera instancia quería orientarse sobre el tema y luego considerar eventualmente una petición por la suspensión de las medidas. Suu Kyi es una mujer con gran instinto político que no se deja presionar fácilmente.
Adalid de la democracia en Myanmar
Aung San Suu Kyi es la líder del movimiento por los derechos humanos y la democracia en Myanmar (antigua Birmania). En 1989, el régimen militar, que no había aprobado la creación de su Liga Nacional por la Democracia, ordenó su arresto domiciliario. Cuando un grupo de estudiantes fue expulsado de su casa e interrogado por la junta, la líder inició una huelga de hambre. Amnistía Internacional la reconoció como presa política.
Su partido ganó con facilidad las elecciones de 1990, pero la junta declaró inválidos los resultados. En 1991 recibió el Premio Nobel de la Paz. El 13 de noviembre de 2010 la junta levantó el arresto domiciliario que pesaba sobre Suu Kyi.






















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