En Túnez ha triunfado la Revolución del Jazmín, pero la tranquilidad no ha vuelto al país. Las protestas siguen siendo masivas, y una de las afectadas es la holandesa Lucienne Ruland, dueña de una fábrica textil.
Aun cuando miles de manifestantes siguen saliendo a las calles, se percibe más tranquilidad en Túnez. El levantamiento popular obligó al ex presidente Zine el Abidine Ben Alí a huir del país, y el actual gobierno interino debe convocar a nuevas elecciones. Sin embargo, Túnez todavía no es un lugar seguro. La policía ha iniciado una huelga exigiendo un aumento salarial y la situación está siendo aprovechada por saqueadores.
Túnez está prácticamente paralizado por las huelgas. En el principal aeropuerto el personal ha suspendido el trabajo, el personal de un hotel capitalino exige la renuncia del gerente y, en días recientes, se han producido huelgas de personal docente. Si bien las escuelas están nuevamente abiertas, los alumnos salen regularmente a protestar a las calles.
Una holandesa en Túnez
La holandesa Lucienne Ruland vive con su esposo tunecino y tres hijos en la ciudad de Mateur, donde la pareja tiene una empresa textil.
“En el puerto también ha habido huelgas, y desde el sábado pasado no hemos podido enviar productos. En la bodega tenemos diez mil pantalones listos para el mercado holandés, pero no hay manera de transportarlos. La verdad es que no tenemos idea de cuánto durará esta situación,” dice Lucienne.
Cuentas bancarias del ex dictador
La población tunecina celebró con júbilo la apresurada huida del país de Ben Alí, pero no por ello ha recuperado su confianza en la política. El primer Gabinete interino estaba integrado por varios miembros del antiguo régimen, los cuales sólo fueron removidos después de masivas protestas. Los partidos políticos de oposición, entre ellos el movimiento islamista Ennhada, han sido nuevamente legalizados.
Pañuelo islámico
Ahora Túnez está a la espera de las nuevas elecciones. Según el ex periodista Charles Huijskens, conocedor del país norafricano, aún es prematuro para saber qué viento políticos soplarán después de los comicios. La oposición vivió reprimida durante muchos años y no ha tenido oportunidad de hacerse fuerte. Uno de los temores es el ingreso del Islam en la política tunecina, pero Huijskens no se muestra preocupado al respecto.
“Túnez no es un país musulmán fundamentalista,” asegura el ex periodista holandés. “Por ejemplo, está prohibido el uso del pañuelo islámico en edificios públicos; las mujeres pueden trabajar como taxistas o agentes de policía, y el fundamentalismo no juega en realidad ningún rol”.
Libertad recuperada
Lucienne Ruland tampoco cree que el fundamentalismo islámico llegue a cobrar fuerza. En su opinión, los tunecinos aman demasiado su recuperada libertad y no están dispuestos a perderla así como así. La empresaria holandesa espera que las elecciones las gane un movimiento que tome de manera firme las riendas del país.
“Después de 23 años de opresión, la gente no sabe muy bien lo que es vivir en democracia, y requiere guía y dirección desde las esferas de poder, con reglas que todos puedan cumplir, y la población necesita ayuda para entender lo que es una democracia,” opina Lucienne.





























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