La cantidad de jóvenes holandeses menores de 18 años adictos al cáñamo es cada vez mayor. Muchos de ellos comienzan a fumar hierba a los trece años de edad.
La problemática llega a ser tal que los menores han de ser ingresados en una clínica de rehabilitación. Los fumadores jóvenes tienen conflictos con sus padres, abandonan los estudios, y muchos entran son conocidos por la policía, pues suelen cometer robos para sustentar su adicción.
Una encuesta de la cadena de televisión pública holandesa NOS reveló que, el año pasado, tres clínicas especializadas en desintoxicación acogieron a 370 adolescentes adictos al cáñamo. Desde el 2002, la cantidad de jóvenes adictos se ha cuadriplicado, y ya se están construyendo otros tres centros de tratamiento en Holanda para responder a este crecimiento.
No son blandas
Una de las razones del aumento de la adicción es el contenido de THC en la droga, el ingrediente activo del cáñamo. Los cultivadores cruzan variantes resistentes de la planta, por lo que aumenta el contenido de THC en la marihuana. El instituto Jellinek Clinic para la drogodependencia muestra que, en el 2000, la variante ‘netherweed’ (canabis holandés) contenía un 8,6 % de THC, mientras que en el 2002, el índice era del 15,2 %. En otras palabras, la sustancia tóxica se había prácticamente duplicado, y su efecto alucinógeno era mucho más fuerte que la "droga blanda" que los padres de los jóvenes adictos actuales recordaban de su juventud.
El consumo de cáñamo en Holanda se extiende por todo el país. El pasado agosto, la agencia de estadísticas del Gobierno holandés, Statistics Netherlands, publicó una encuesta según la cual la mitad de los hombres adultos entre 20 y 25 años y un tercio de las mujeres de la misma edad había fumado, al menos, un porro en su vida. De esta población, una de cada diez mujeres fumaba regularmente desde su adolescencia. De cada diez hombres, dos era fumador de canabis.
Desde los nueve años
"Ocasionalmente, alguno de los jóvenes adictos había fumado su primer porro a los nueve años, en el patio del colegio," explica el joven asistente social Eric de Vos a la cadena NOS. "La mayoría de los fumadores de cáñamo se droga por una razón, como automedicación para conciliar fácilmente el sueño o para evadir problemas o conflictos en la familia o en la escuela".
Rehabilitación
En la clínica Bauhuus, en la región norteña de Groninga, los adolescentes ingresados, de entre 13 y 18 años de edad, reciben un tratamiento que dura de seis a nueve meses. La terapia incluye la deshabituación de la droga.
"Yo fumaba siete u ocho porros al día; un montón para mi edad," confiesa Lisa, de dieciséis años e interna en el centro. "También bebía mucho, pero mi adicción principal era el canabis. Mis padres se divorciaron cuando yo tenía trece años, y no lo superé. Reprimía la tristeza fumando porros. No fui capaz de dejarlo porque la droga es más adictiva de lo que mucha gente cree. Te vuelves indolente, dejas de ir a la escuela y de hacer deporte, provocas conflictos en casa y pierdes la educación y el respeto. Te cambia la personalidad". Lisa asegura que su estancia en la clínica Bauhuus realmente le ayuda a asumir de nuevo el control de su vida.
Aprender, o volver a aprender, actitudes sociales es esencial para permanecer en la clínica. Los adolescentes aprenden a comportarse en grupo y a evitar recaer en la adicción. Además, se les enseña a manejar las emociones que reprimieron durante su drogodependencia, se ofrece terapia familiar para los padres y hermanos de los jóvenes adictos, y el deporte y el estudio regular son parte del programa.
Ni sexo ni drogas
Las normas de la clínica son estrictas y se supervisan las 24 horas del día. Los supervisores no sólo ayudan, sino que controlan que se cumplan las normas. No se permite la posesión de ningún estupefaciente, mantener relaciones sexuales ni emplear la violencia. Cualquier interno que rompa una de estas reglas, es expulsado de la clínica. Su posterior retorno exige el cumplimiento de ciertas tareas.
El tratamiento en la clínica se considera satisfactorio cuando se haya logrado superar la dependencia y hallado una solución a los problemas que la inducen, como un círculo de amistades adictas a las drogas o una relación disfuncional con uno o ambos progenitores. Tras la estancia en el centro, los adolescentes reciben guía y apoyo durante cierto período de tiempo.





























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