En estos días, los productores de soja de la provincia de Heilongjiang, en el noreste de China, celebran la noticia del bloqueo de aceite de soja argentino por parte de Pekín.
China: Ana Fuentes
Esta provincia, situada en la frontera con Rusia, es la mayor productora de soja de China. Sin embargo, tiene un problema recurrente, ya que le cuesta vender su cosecha, debido a que la soja local es más cara que la importada. La tonelada de soja transgénica importada cuesta en China 483 dólares, mientras que la doméstica, no modificada genéticamente, vale 541 dólares.
China importa anualmente más de 40.000 toneladas de soja. Esta semana, en un comunicado, la Asociación de la Soja de Heilongjiang aseguró que si Pekín no pone freno a las importaciones, la industria local estaba condenada a desaparecer si Pekín. En el 2009 se sembró un 20% menos que el año anterior, por lo que muchos campesinos habían empezado a dedicarse a otros cultivos como el maíz.
Preocupación
Mientras los campesinos del noreste chino las festejan, a 20.000 kilómetros, en la capital argentina se multiplican las reuniones para conseguir que se suspendan las restricciones. Argentina exporta a China más del 50% de su producción de soja. Los empresarios temen que su negocio se vea truncado, ya que este año se esperaban ventas por valor de unos 2.000 millones de dólares. Además, para el Estado argentino esto supondría una caída de 1.600 millones de dólares en la balanza comercial y la pérdida de otros 620 millones de dólares de ingresos fiscales por retenciones.
Las restricciones que China se propone aplicar no son nuevas, pues datan del año 2005, y consisten en fijar un tope de 100 partes por millón de residuos de hexano, un disolvente que se usa en la extracción de los aceites de semillas oleaginosas, en el aceite de soja crudo. Hasta ahora, Pekín importaba la soja del país sudamericano sin tener en cuenta este requisito sanitario.
Para entender lo que ha cambiado para que China decida empezar a aplicar la norma de forma estricta hay que tener en cuenta varios factores. En primer lugar, expertos del sector aseguran que las restricciones regirán por sólo unas semanas. Podría tratarse de una estrategia comercial de China para vender sus reservas a precios altos en el mercado doméstico.
Tampoco se descarta que el país asiático esté tratando de evitar que Argentina controle el mercado de un producto tan vital para China, país donde la soja alimenta no sólo a la población, sino también al ganado porcino: más de 600 millones de cabezas que son la principal fuente de proteínas.
Sin embargo, los expertos apuntan a una revancha comercial de Pekín por las medidas ‘antidumping’ (de venta por precio inferior al comercial) que impuso Argentina para los textiles, calzado y electrodomésticos del gigante asiático. De hecho, la soja de Estados Unidos y Brasil, que son los otros dos grandes productores mundiales que a su vez le venden a China, tampoco cumple los requisitos sanitarios que ahora se le exigirán a Argentina, pero a estos países no se les ha impuesto restricciones.
Arbitrariedad
"No creo que este conflicto vaya a acarrear más consecuencias porque las relaciones bilaterales China y Argentina son fluidas," explicaba a Radio Nederland un consejero agrícola europeo en Pekín, quien se abstuvo a dar su nombre. "Eso sí, matizaba, no hay que olvidar que, tarde o temprano, China siempre responde cuando un país le impone medidas ‘antidumping’. “Se trata de un temor extendido entre los extranjeros, pues, muchas veces no es que apliquen una cláusula de salvaguarda o un arancel superior, sino que pueden exigir más licencias o paralizar los contenedores en la aduana. Muchas leyes en China son ambiguas y su aplicación lo es aún más".





























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