“La muerte digna no es la eutanasia, ni la muerte natural, ni el retiro del sostén vital, ni la terapia intensiva.
Es todo eso y mucho más: la muerte digna es la manera en que cada persona cree que debería ser su forma de morir, consecuente con su historia, sus convicciones, sus tradiciones y con lo que puede soportar. Muerte digan es poder morir tomando decisiones”.
En el marco de las actividades paralelas del Festival de Cine Holandés de Buenos Aires, que se desarrolla desde el 31 de octubre hasta el 7 de noviembre en el Teatro San Martín de la capital argentina, las palabras de la doctora en Bioética y psicóloga Gisela Frías sentaron las bases del debate: de qué estamos hablando cuando hablamos de muerte digna. La pregunta no es menor, ya que los legisladores argentinos tienen en sus manos varios proyectos de ley referidos a la muerte digna o la eutanasia que podrían debatirse en el Congreso durante 2012.
El encuentro se realizó en ocasión de la proyección del film holandés “Simon”, que aborda esta temática. Además de Frías, participaron el médico gerontólogo Juan Hitzig; el cineasta holandés Eddy Terstall -director del film “Simon”-, y el diputado argentino Jorge Rivas, autor del proyecto de ley sobre muerte digna y cuidados paliativos que propone modificar la Ley de Derechos del Paciente (sancionada en 2009, pero que todavía no fue reglamentada) y que ya tiene dictamen favorable de la comisión de Salud de la Cámara de Diputados de Argentina.
El último acto de la vida
“El derecho a la vida es el derecho por excelencia. De él se derivan todos los demás. La muerte no es otra cosa que el acto último y definitivo de la vida, el último acto en el que se ejerce el derecho a la vida y al que, por lo tanto, deben alcanzar también la libertad y la dignidad que deseamos para nuestra vida entera”, sostuvo al inicio de su exposición el diputado Jorge Rivas, quien se encuentra cuadripléjico desde 2007 -cuando fue golpeado durante un asalto- y hoy utiliza una computadora que reproduce en voz sus mensajes para poder comunicarse.
Rivas sostuvo que garantizar la muerte digna es humanizar el proceso de morir: “No significa adelantar el fin de la vida, sino permitir que ese fin suceda cuando la vida ya no es posible, y que suceda además con el mínimo sufrimiento y el máximo bienestar que sea posible. Morir con dignidad debería ser, en definitiva, un derecho idéntico al de vivir con dignidad”. Además, recordó que buena parte de la población de Argentina y de la región padece la falta de acceso a tratamientos paliativos del dolor y carece de información médica comprensible para adoptar resoluciones que involucren su propio cuerpo y su propia vida.
Luego, el legislador socialista explicó que el artículo 19 de la Constitución argentina garantiza la autonomía del individuo, ya que consagra el respeto a la intimidad o la privacidad al eximir de la autoridad de los magistrados los actos privados de los hombres que no ofendan a terceros. “La recuperación del control sobre el propio cuerpo por parte del individuo está en la base del desarrollo ético-jurídico que enlaza el derecho con la medicina a través de los derechos de los pacientes”, agregó.
Alternativas paliativas
“Los sufrimientos se mitigan en aquellas personas que incorporan la enfermedad como parte de sí y no como un evento extraño a su cuerpo, y el dolor aumenta en aquellas personas que no ven a la enfermedad como parte de su propia vida”, dijo a su turno el médico gerontólogo Juan Hitzig, quien además compartió con los asistentes el texto de un testamento vital, redactado en conjunto con uno de sus pacientes. “Antes, la enfermedad terminaba con la vida; hoy, termina con la salud, pero no con la vida necesariamente”, agregó.
Hitzig sostuvo que, actualmente, el 80% de los gastos de salud pública destinados a personas que transitan la segunda mitad de su vida están dirigidos a pacientes que “igual van a morir” en el lapso de un año. “Eso lo sabe el director del hospital, el ministro de Salud, el portero del hospital y también lo sabe el mismo enfermo. Entonces, en un mundo que está en crisis económica, donde posiblemente se van a quitar gastos en investigación y educación para sostener un sistema que se está desplomando por otro lado, tenemos que ser racionales en cuanto a la prevención de la salud para expandirla, para hacer educación pública, incluso entre los médicos”, explicó luego del debate, en declaraciones a Radio Nederland.
De todas maneras, si bien cree que “hay que pensar cómo administrar la salud, cuándo frenar y cuándo seguir”, Hitzig asegura que retirar el tratamiento farmacológico no significa interrumpir el tratamiento médico. “Hay otras alternativas paliativas: desde el acercamiento, el silencio, el confort corporal, bajar la tensión del entorno en los momentos finales de la persona. Todo eso puede provocar mucha mejor respuesta que un tratamiento farmacológico. Hay que tener el coraje de hacerlo, y una legislación que le quite el susto al médico para poder hacerlo”, concluyó.
El Estado y la muerte voluntaria
“Tenemos que dejar de hablar de eutanasia para empezar a hablar de muerte voluntaria, porque es empezar a pensar que algunos individuos pueden querer decidir no asistir a su degradación”, sentenció la doctora en Bioética y psicóloga Gisela Frías. Además, advirtió que, para promover un debate genuino, se debe encarar el tema sin aristas religiosas, para así poder aceptar la diversidad de posiciones existenciales con respecto a la vida.
“Nadie elige la eutanasia porque esté contento de hacerlo. Se elige porque se llegó a un punto en el que el sufrimiento hace que para esa persona esa vida no valga la pena”, explicó Frías, cuya tesis doctoral –defendida en 2004- presenta una justificación interdisciplinaria para la legalización de la eutanasia. Luego de aclarar que las nociones de daño y de sufrimiento tienen rasgos subjetivos, explicó que lo más duro del debate acerca de la muerte voluntaria es entender que hay un momento en el que una persona está dispuesta a priorizar su libertad y terminar con su vida, por encima de sus lazos familiares o de amistad. “Esto es lo que nos resulta insoportable”, sostuvo.
Consultada acerca del aspecto normativo, Frías cree que el Estado debería acompañar al ciudadano que toma la decisión de morir voluntariamente ante situaciones críticas. “Del mismo modo en que el Estado participa de todos los actos de la vida del ciudadano desde su nacimiento, ¿por qué en la etapa del morir abandona al ciudadano o está presente sólo de una manera paternalista, para obligarlo a morir como quiere?”, se preguntó.
Ante el inminente debate legislativo que se dará en Argentina, debido a la presentación de varios proyectos de ley que serán debatidos en el Congreso, Frías destaca el hecho de que se pueda discutir y pensar que existen diferencias en el modo de vivir, y recuerda debates similares referidos a la ampliación de derechos, como la sanción de la ley de matrimonio igualitario en 2010. “Significa aprender que una comunidad democrática involucra diferentes elecciones”, agregó.
El cine como excusa
“Para mí, siempre es muy interesante ver cómo se debate este asunto en otros países, porque en Holanda la práctica de la eutanasia ya es un hecho”, celebró el cineasta holandés Eddy Terstall, cuya película “Simon” (2004) disparó el debate, en ocasión de su proyección en el Festival de Cine Holandés de Buenos Aires.
Durante la charla, el director explicó que decidió filmar la película luego de haber sufrido la pérdida de dos personas cercanas cuyas muertes habían sido completamente diferentes: a pesar de haber padecido la misma enfermedad, sólo una había podido acceder a la eutanasia para, de esa manera, morir con dignidad. “Hay países en los que es imposible debatirlo. Toma tiempo llegar a un cierto nivel de acuerdo. Seguramente habrá mucha discusión en el Parlamento antes de que la sociedad llegue a un consenso”, sostuvo Terstall, en referencia al debate que se dará en Argentina.
Además del debate sobre muerte digna, los organizadores del Festival programaron una serie de charlas sobre temas como el cambio de género y el deseo de la belleza eterna, que contaron con la presencia de destacados especialistas locales. El objetivo fue promover el debate y reflexionar acerca de la libertad de los individuos en términos generales, comparándolo con lo que ocurre en la sociedad holandesa.
“La intención de todas las charlas es tomar como ejemplo una sociedad que es muy tolerante y que lo demuestra a través de sus prácticas y sus leyes”, explicó a Radio Nederland María Leguizamón, codirectora del Festival junto con Silvia Rottenberg. En todos los casos, las películas programadas sirvieron como disparadores para plantear los temas y someterlos a discusión. “Es necesario empezar a aceptar al otro sea como sea. Si decide cambiar de género, si decide optar por una muerte en algún momento de su vida, hay que poder aceptarlo y tolerarlo, porque eso implica un respeto que vuelve hacia nosotros”, concluyó.


























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