La justicia argentina condenó a cadena perpetua a Alfredo Astiz y a otros 11 represores por los crímenes cometidos en la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), durante la dictadura.
Además de Astiz, fueron condenados a prisión perpetua Jorge “El Tigre” Acosta, Ricardo Cavallo, Jorge Radice, Antonio Pernías, Raúl Scheller, Oscar Montes, Alberto González, Néstor Savio, Adolfo Donda, Julio César Coronel y Ernesto Weber, todos integrantes del grupo de tareas de la ESMA.
Además, el Tribunal Oral Federal Nº 5 de la ciudad de Buenos Aires condenó a 25 años de prisión a Manuel García Tallada y Juan Carlos Fotea, mientras que Carlos Capdevilla fue sentenciado a 20 años de prisión y Juan Antonio Azic, a 18 años de prisión. A su vez, Juan Carlos Rolón y Pablo García Velazco fueron absueltos, aunque continuarán detenidos ya que están imputados en otras causas por delitos de lesa humanidad.
Secuestros, torturas y homicidios
La primera sentencia por los crímenes cometidos en la ESMA —en donde funcionó uno de los mayores centros clandestinos de detención durante la dictadura argentina— fue dada a conocer luego de 22 meses de debate, durante los cuales los jueces escucharon la declaración de más de 250 testigos, incluidos muchos sobrevivientes. Durante este juicio, se investigó el secuestro, tortura y homicidio de 85 personas, entre las que se encuentran el escritor y periodista Rodolfo Walsh, las monjas francesas Alice Domon y Leonie Duquet, y las fundadoras de Madres de Plaza de Mayo, Azucena Villaflor, María Bianco y Ester de Careaga.
Ésta es la primera vez que la justicia argentina condena a Astiz por delitos de lesa humanidad, ya que había sido beneficiado por las leyes de Punto Final y Obediencia Debida que eximían de responsabilidad a los militares de menor rango. Luego de que el Congreso argentino anulara las denominadas leyes de la impunidad en 2003, las causas contra Astiz y otros represores fueron reabiertas.
Al escuchar su condena, sentado junto con el resto de los acusados, Astiz sonrió y besó una escarapela que llevaba en su saco. Hace dos semanas, cuando los jueces le habían dado la palabra durante el último tramo del juicio, el ex marino había dicho que se sentía un “perseguido político”.
“Este falso juicio no va a quedar como un ejemplo, como se ha dicho en forma grotesca. Por el contrario, va a quedar en el futuro como una vergüenza para la república que afectará el derecho, la defensa y la seguridad de la Nación. La paz, buscada por la mayoría del pueblo argentino, entre los que me incluyo, se debe buscar a través de la justicia. Este acto es un linchamiento. Este acto no es justicia”, había declarado.
Justicia legal
La lectura de la sentencia contra Astiz, Acosta y los demás represores fue seguida con atención por decenas de personas que se congregaron en las puertas del Tribunal, en donde se instaló una pantalla gigante que transmitió la lectura, así como en la ESMA, en donde hoy funciona el Espacio para la Memoria. Luego de conocer la condena, familiares de las víctimas, sobrevivientes e integrantes de organismos de derechos humanos celebraron la culminación de este tramo de la denominada megacausa ESMA.
“Siento satisfacción, una mezcla de alegría, de todo un poco. Porque, ¿por qué juzgamos? Porque nos faltan 30.000 hijos. Pero por lo menos, vemos aquí la justicia. Justicia legal. Jamás justicia por mano propia. Y es lo que vamos a seguir exigiendo. Todavía falta”, aseguró Taty Almeida, integrante de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora.
Además de las condenas, el tribunal incluyó en el fallo otras decisiones importantes: por un lado, dispuso una medida de protección sobre el campo de deportes de la ex ESMA —que aún pertenece la Marina—, ya que se sospecha que allí se incineraban o enterraban los cuerpos de los desaparecidos; por el otro, libró un oficio a la Corte Suprema de Justicia de Argentina para que se promueva ante los organismos internacionales que corresponda la inclusión de la persecución política como causal de genocidio.
El 26 de diciembre, los magistrados darán a conocer los fundamentos completos de la sentencia. Mientras tanto, la justicia deberá avanzar con la investigación en otras ocho causas por crímenes cometidos en la ESMA, que involucran a 70 imputados y cerca de 800 víctimas: el robo de los bienes de los detenidos-desaparecidos, los “vuelos de la muerte”, el asesinato de la joven sueca Dagmar Hagelin y los delitos cometidos en la maternidad clandestina que funcionaba dentro del centro de detención.


























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