Reporteros sin Fronteras denuncia la mala situación de la libertad de prensa en el Estado mexicano de Oaxaca. Según el director de Nuevo Milenio, las autoridades no actúan ante las amenazas contra periodistas.
Reporteros sin Fronteras manifiesta su preocupación por la libertad de prensa en el Estado de Oaxaca, en México. Las amenazas y el atentado contra el periodista Guillermo Soto, del semanario regional Nuevo Milenio, pondría en evidencia la censura proveniente de las mafias y la inacción por parte de las autoridades.
Escuche la entrevista:
Según la denuncia presentada por Soto ante la procuraduría General de la República, en la mañana del 30 de agosto la fachada de su domicilio fue objeto de disparos hechos por personas desconocidas. Si bien el periodista y su familia salieron ilesos, desde ese momento ha tenido que buscar refugio y protección.
En entrevista con Radio Nederland, el director y editorialista de Nuevo Milenio comenta las circunstancias de los hechos y lamenta que hasta el momento las autoridades no hacen mucho por solucionar este tipo de casos.
Anna Karina Rosales.- Entendemos que por su seguridad no quiere referirse con nombres a quiénes serían los autores de este atentado en su contra, pero tiene sospechas.
Guillermo Soto Bejarano.- Sí, se trata de una pareja de abogados cuyas actividades profesionales han sido cuestionadas por semanario, en el que estoy como director.
A.K.R.- Ésta no es la primera vez que atentan en su contra.
G.S.B.- .No, ya he sufrido otros atentados pero no de parte de ellos, en ese entonces ni siquiera los conocía. Siento que esto fue un aviso o no sé; que esta gente mandó a alguien. He estado investigando por mi cuenta y tengo datos muy seguros de que fueron estos abogados. Les apodan aquí en Salina Cruz los ‘Botalones’, una pareja de abogados, hombre y mujer, cuyo caso se publicó en el editorial.. Ahí se reveló que la cédula profesional con la que ejercían era apócrifa, que el título que ostentaban en su despacho era apócrifo, o sea falsos. Y esto les afecta, porque ahora la gente ya conoce que no son abogados y que manejan dinero y actividades económicas principalmente de gente relacionada con el narcotráfico.
A.K.R.- A usted, como director del semanario, le han hecho la amenaza pero eventualmente gente de su redacción estaría amenazada.
G.B.S.- Sí, inclusive el director general y propietario del semanario, a quien en el mes de enero le hicieron casi lo mismo. Nada más que no dispararon contra la fachada de la oficina, sino que dispararon al aire desde un vehículo. La situación fue como para amedrentar y para intimidar. Y esta intimidación venía también de parte de estos abogados.
A.K.R.- ¿No hay manera de demostrar que ellos han sido? ¿Porqué la justicia no los investiga?.
G.S.B.- Nadie los había señalado, nadie ha tenido el valor de hacerlo. Yo no he publicado con mi nombre, pero fueron mis compañeros y fue el director, los que empezaron a investigarlos. Naturalmente pienso que se vinieron en mi contra para hacerle una advertencia al director. Ahora, a la persona o compañero que publicó hasta el momento no le han hecho nada; él no ha sufrido amenazas.
A.K.R.- Teniendo en cuenta que no es la primera vez, ni en su caso, ni en el de muchos otros periodistas en su país, ¿qué podemos decir de la situación de la libertad de prensa en México?.
G.B.S.- Todos sabemos que en la libertad de prensa casi siempre tenemos ciertas restricciones. No hay la seguridad, el Gobierno no brinda totalmente esa seguridad para que uno pueda ejercer libremente el periodismo.
A.K.R.- En su caso usted ha sentado la denuncia y sigue consejos para su seguridad. ¿Lo hace de forma privada o recibe apoyo de las autoridades para su protección personal?.
G.B.S.- Mire, realmente del Gobierno he recibido comunicación nada más para pedir informes, para decirme que el gobernador de Oaxaca está preocupado. Pero quiero hacerle mención que resulta que ahora dicen que yo fui el que armó este circo. Sinceramente, me sentí muy mal. Porque, digo, ¿cómo es posible que gente que ni siquiera es experta, venga y diga que lo que yo he dicho no es cierto, cuando estoy escondido en un domicilio con mi familia por mi seguridad?
A.K.R.- Por el momento se encuentra usted en esta situación, escondido, protegiendo a su familia, pero ¿va a seguir ejerciendo el periodismo desde la distancia?
G.B.S.- Sí, claro. Definitivamente eso no lo puedo dejar, pues lo traigo en las venas, y, la verdad, no lo puedo dejar de hacer. Si pudiera yo hacer otra actividad. Pero, sinceramente, le digo, no lo voy a dejar. Voy a seguir escribiendo porque es parte de mí.
A.K.R.- ¿Qué petición haría a las autoridades para que esto no vuelva a sucederle?.
G.B.S.- Yo lo único que pido es protección, no tanto para mí. Pero por lo menos que me den protección en las noches, en mi domicilio. Porque en el día, bueno, uno se desplaza. Yo, por ejemplo, me desplazo en mi vehículo, y no creo que lleguen a atentar tanto hacia mi persona o que me puedan acribillar. Porque, si quisieran, me atraviesan una camioneta o un vehículo, se bajan y me disparan con arma de fuego.
A.K.R.- Lo cierto es que muchos periodistas de su país tienen que vivir así.
G.B.S.- Sí. Y lamentablemente la autoridad busca la salida más fácil para no investigar. En este país no investigan absolutamente nada en cuanto a crímenes. En la región de Tehuantepec y en el estado de Oaxaca ha habido infinidad de asesinatos de taxistas, empleados de Petróleos Mexicanos, y de la ciudadanía en general. Asesinatos que no resuelve la autoridad porque no hay un verdadero agente de investigación, o como ellos flamantemente le dicen, ‘agentes federales’ o ‘agentes estatales’ de investigación. Esos mismos agentes están en colusión con el crimen organizado, porque reciben más dinero de ellos que del mismo Estado. Esto es de conocimiento público. Aquí en Salina Cruz, Oaxaca, han acribillado a ciudadanos, y nosotros, como periodistas, nunca podemos escribir una nota que diga ‘Resolvieron el caso’. Nunca. Es muy difícil. En nuestro país, sólo cuando matan a un extranjero las autoridades buscan inmediatamente resolver el caso. Pero compañeros periodistas que han caído en la batalla, han caído bajo las balas de los cobardes, y nunca se resuelve nada. Nada, absolutamente.























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