Según una reciente encuesta, casi las tres cuartas partes de los holandeses no tiene objeciones contra los alimentos genéticamente manipulados, siempre y cuando sean más sanos. Sorprendente, ya que hace unos años se retiraron del mercado unas albóndigas con salsa de soja manipulada genéticamente por las reservas que levantaba esta clase de alimentos.
La encuesta realizada por TNS/NIPO, indica que un 32% de la población estimula la modificación genética de plantas mientras que el 37% adopta una postura neutra. No son cifras que resalten, pero si la manipulación genética condujese a una alimentación más sana, el 73% estaría dispuesto a adquirir esos productos en el supermercado.
Resultados engañosos
Según Greenpeace, organización que desde hace años libra una batalla contra los alimentos genéticos, esos resultados son engañosos. "Si algo es mejor, por supuesto que lo quieres, es lógico", dice el portavoz de Greenpeace, Eco Master. "El punto es que en esta cuestión no se dice si hay riesgos y si, realmente, se trata de esa clase de producto. Nuestra experiencia nos enseña que muchas de esas reclamaciones sobre manipulación genética no se realizan en la práctica".
Esos productos sí existen y mañana podrían estar en los supermercados, opina el profesor Evert Jacobsen del grupo científico de Botánica de la Universidad de Wageningen. Por ejemplo, la sustancia llamada licopeno en el tomate. Si se tiene una mayor concentración de esa sustancia, puede ocurrir que se retrase la aparición de aquellos factores que intervienen en enfermedades cardiacas. Otro ejemplo es que puedes modificar la composición de ácidos grasos del aceite logrando que las margarinas contengan grasas menos peligrosas. Todo esto es actualmente posible."
Discusión para oídos sordos
Eco Matser de Greenpeace subraya que el mayor peligro está en lo que no sabemos: ¿cómo pueden influir las plantas manipuladas genéticamente en otras plantas a largo plazo? Se pueden cruzar con las especies primitivas y extinguirlas. Una vez que las llevas al medioambiente, ya es imposible sacarlas de él", opina Master.
A Greenpeace le pasa por alto el hecho de que hay pocas cosas que hayan sido sometidas a investigaciones tan exhaustivas como las plantas modificadas genéticamente, opina Jacobsen. Según él, no se ha realizado un debate serio sobre la cuestión. Las posturas ya están previamente fijadas y, por eso, se convierte en un "discurso para sordos". Esto rige también para lo referente a la lucha por el consumidor. En este terreno, los adversarios de los alimentos genéticos, han desaprovechado la oportunidad.
"La discusión con el consumidor suele llevar una fuerte carga emocional debido a que no puede determinar por sí mismo: ¿qué tiene de bueno y qué de malo? El consumidor deja que sean las organizaciones las que lo hagan por él. Creo que es importante que el propio consumidor tome una vez la palabra y eso sólo lo podrá hacer si entiende de qué se trata. Lo comprenderá mejor si él mismo se percata del provecho que puede obtener. Cuando lo tenga claro, podrás poner más fácilmente esta clase de asuntos sobre el tapete.
Menos disposición tanto literal como figuradamente, si tomamos en cuenta la encuesta de los institutos TNS/NIPO, pues ellos precisamente plantean la cuestión sobre el provecho de los alimentos genéticamente manipulados y, entonces, la gente se muestra menos dispuesta a escuchar las objeciones de Greenpeace, aunque la organización se aferra al argumento de que con los alimentos genéticos hay que tener mucha cautela.





























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