Con sobrios actos y ceremonias, Alemania conmemoró el 60 aniversario del fin de la Segunda Guerra Mundial. El acto central, en el Parlamento alemán, tuvo por único orador al presidente Horst Köhler, quien instó a mantener vivo el recuerdo del dolor y la violencia provocados por la Alemania nazi.
Francisco Olaso
Köhler señaló que el cambio observado en Alemania en estos sesenta años era motivo de alegría y agradecimiento a los pueblos que la derrotaron, liberándola así del nacionalsocialismo. Se trata de una fórmula de consenso, dentro del debate siempre actual en la sociedad alemana, sobre el 8 de mayo como día de la derrota o de la liberación.
Sobre otro de los temas álgidos, la transformación de la culpa en responsabilidad histórica, el Dr. Burkhard Assmuss, director de la colección del Museo Alemán de Historia, cree que ningún alemán nacido después de 1945 puede ser considerado culpable desde el punto de vista jurídico. "Pero por otro lado, todos, incluyendo a los nacidos después de 1945, tienen la responsabilidad de confrontarse y convivir con esta historia", sostiene. "Esa es la diferencia entre la culpa y la responsabilidad. Nadie puede quedar exento de esta responsabilidad individual, y el Estado, desde los ámbitos político y social, debe mantener vivo el recuerdo de lo sucedido."
En los últimos meses, un sinnúmero de manifestaciones del pensamiento, el arte y la cultura han puesto el acento en la forma en que Alemania debe recordar lo sucedido. Hay opiniones divergentes, en cuanto a si considerar el sufrimiento de muchos civiles alemanes, durante y después de la guerra, significa relativizar los crímenes del nazismo. En su discurso, Köhler opinó que Alemania conmemoraba a los millones de judíos, gitanos, homosexuales, discapacitados y demás víctimas del odio alemán, sobre todo en la Unión Soviética y Polonia. Al mismo tiempo, recordó a las víctimas civiles de los bombardeos aliados, a los desplazados alemanes, y a las mujeres violadas tras la ocupación soviética.
El Dr. en Historia, Burkahrd Assmuss, sostiene que el sufrimiento de la gente es siempre comparable, pero que la gran diferencia es que no se puede hablar del fin de la Segunda Guerra, en 1945, sin mencionar la asunción de Hitler al poder en 1933, que fue la base para todo lo que ocurrió más tarde. "Si se es consciente de que se dirigió una guerra de exterminio contra la población eslava, entonces la expulsión de los alemanes de las zonas orientales es el resultado, la consiguiente reacción", sostiene el historiador.
En la polémica sobre el dolor sufrido por los alemanes, algunos críticos suponen que no sólo se trata de buscar la verdad histórica, pero también un intento de victimización de Alemania, para relativizar la culpa y, por ende, la responsabilidad histórica.
Neonazis
Siguiendo con su estrategia política, basada en los golpes de efecto mediático, los neonazis realizaron un acto en Berlín, pero finalmente debieron suspender su anunciada marcha por el centro. La policía realizó un gran despliegue alrededor del acto para evitar enfrentamientos con los sectores antifascistas y de izquierda, que manifestaban en su contra.
También Kurt Gutmann, un hombre de 78 años, ha salido a manifestarse contra el extremismo de derecha. Ante los micrófonos de Radio Nederland reconoce que no puede entender que se permita a los neonazis demostrar en pleno centro, pues los considera enemigos de la humanidad y responsables de los 55 millones de muertos de la guerra. "Entre ellos, mi familia, que murió en la cámaras de gas", precisa Gutmann. "Cuando pienso que hoy en día pueden marchar los nazis en el sesenta aniversario de la liberación de Alemania y de la victoria contra el fascismo en Europa, los ojos se me llenan de lágrimas y me tiemblan las piernas."
A pesar del carácter simbólico del día, el Gobierno optó por permitir el acto neonazi y la frustrada marcha, a fin de no restringir un derecho tan caro a la democracia, como la libertad de reunión. "Quienes quieren volver al racismo y al extremismo de derecha no tienen ninguna posibilidad", advirtió el presidente Köhler, quien señaló además que los alemanes miran el pasado con horror y vergüenza.
Este enfoque frontal de la responsabilidad y la culpa, así como el reconocimiento de la página más negra de la historia, han hecho posible que el país de los victimarios cambie de sitio, y que la Alemania reunificada se encuentre hoy entre los vencedores morales de la lucha contra el fascismo. Por tal razón, el canciller alemán Gerhard Schröder participó hoy, en la Plaza Roja de Moscú, en el acto central de celebración de los 60 años del fin de la Segunda Guerra Mundial, junto a cincuenta jefes de Estado, entre quienes se contaba el norteamericano George Bush. El principal orador del acto, el presidente ruso, Vladimir Putin, destacó el triunfo sobre la Alemania nazi como un triunfo de la justicia.





























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